¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

PUBLICIDAD

La responsabilidad de la hora

Por El Litoral

Domingo, 30 de agosto de 2020 a las 01:02

Por Emilio Zola
Especial Para El Litoral

El clima de protesta instalado en las calles argentinas a partir del 17A, expresado fundamentalmente en torno de los centros neurálgicos del poder nacional, marcó la ruptura del consenso sanitario fomentado por el objetivo común de vencer al coronavirus, pero no generó nada nuevo en un escenario político históricamente fragmentado en el que pueden individualizarse claramente los dos núcleos duros de siempre, volcados abiertamente a favor de cada facción en pugna, cual extremos de una composición social entre los cuales permanece, silencioso y observador, un prudente mosaico independiente capaz de cambiar el destino de sus votos según las circunstancias del momento.
Así como una masa de simpatizantes macristas ganó las calles con múltiples consignas de rechazo a la administración del Frente de Todos, los votos duros del kirchnerismo siguen allí, tan fieles como siempre a la vicepresidenta y sus ínfulas de jefa espiritual del universo progre argentino, aglutinados en derredor de un discurso reaccionario en el que nunca faltan dosis de sal para echar en las llagas del enemigo, como ocurrió en la última sesión del Senado, cuando la dama en cuestión se valió del blooper protagonizado una semana antes por Esteban Bullrich para sacar provecho del famoso episodio del fondo de pantalla con la propia foto del legislador ausente.
“Dónde está Bullrich, que no lo veo”, asestó la titular del cuerpo, para iniciar un ácido intercambio de saludos que ratificó una certeza consuetudinaria: la expresidenta es incapaz de olvidar o perdonar las derrotas sufridas a manos de sus enemigos políticos y el longilíneo ex ministro de Educación macrista se consagró como tal hace tres años. Cabeza de lista de Cambiemos en las elecciones parlamentarias del 2017, doblegó a Unidad Ciudadana en Provincia de Buenos Aires y, desde entonces, se convirtió en blanco inamovible de la cerbatana cristinista.
Frente a la naturaleza belicosa de CFK, a quien nada le cuesta entrar a matacaballos frente al pasmo generalizado, el encargado de cuidar las formas viene a ser el presidente Alberto Fernández, cuyos ingentes esfuerzos para cumplir con su compromiso de “volver mejores” se diluyeron tempranamente a partir del intento expropiador de Vicentin, la reforma judicial motorizada por un consejo asesor integrado por el abogado defensor de la ex presidenta y la persistencia de una estrategia de distanciamiento social que ahogó a emprendedores pequeños y medianos.
Con la principal virtud albertista superada por la realidad, los simpatizantes macristas, las masas libertarias de Espert y López Murphy, los sectores del comercio más perjudicados por la paralización económica y el conglomerado social históricamente reacio a las políticas subsidiarias del peronismo abrieron la brecha. La avanzada ilusionó al propio expresidente Mauricio Macri, quien alentó la movilización desde su periplo europeo y delegó en la titular del Pro, Patricia Bullrich, la representación de cuerpo presente durante aquella tarde en la que el actor Luis Brandoni, uno de los convocantes más célebres, dio la nota con su corralito de “flota-flota”.
A un año de las elecciones de medio término, el Presidente enfrentó una demostración opositora sustancial. Aunque dispersa en los métodos y con reivindicaciones heterogéneas, los hartos de las filminas cuarentenarias se hicieron sentir motorizados por una cosmovisión ideológica que funciona en los cacerolazos, pero enfrenta limitaciones en el plano de la construcción política. La caravana de vehículos de alta gama, los gerontes con barbijos mal colocados y los declamadores de eslóganes incomprobables no atraen nuevas voluntades ni acrecientan las chances de engordar el caldo de algún conglomerado opositor con chances de ganarle al peronismo.
Son parte del 30 por ciento de votos consolidados que constituyen la esencia fundacional del Pro, pero no alcanzan para seducir a los moderados que suelen decidir su voto con un criterio resultadista. Del otro lado, mal que mal, funciona una alianza gobernante que manejó la crisis del covid-19 con puntos a favor como la disponibilidad de camas para pacientes críticos en un sistema de salud que por lo menos hasta el momento, con casi 400.000 casos, no experimentó desbordes desgraciados como los afrontados por aquellos médicos italianos obligados a decidir quién merecía un respirador y quién moría asfixiado.
La presencia del Estado en los segmentos más desvalidos de la pirámide social fue importante a través del IFE, mientras que miles de empresas se apoyaron en el programa ATP para afrontar el 50 por ciento de sus obligaciones salariales. Y en medio de tanto desmadre, el Gobierno cerró un acuerdo con los acreedores internacionales. Son datos a tener en cuenta para medir las posibilidades reales de una oposición cuyo líder más importante prefirió atender compromisos de la Fundación Fifa en Zurich, con la misma conducta divorciada de la realidad mundana que lo llevó a perder la Presidencia el año pasado.
Así como Cristina Fernández de Kirchner erró en el armado de la oferta propia en 2015 hasta convertir a Daniel Scioli en perdedor, Macri hizo todo para facilitar el regreso del peronismo en 2019, con un endeudamiento astronómico directamente proporcional a una meteórica fuga de divisas, empecinado en votar con todos los distritos en bloque, en la misma fecha, en desahucio del famoso plan “V” de desdoblamiento electoral que le hubiera permitido a la entonces gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, retener un distrito indispensable para el relanzamiento potenciado de Cambiemos que hoy demandan sus partidarios. 
Macri no es un político tradicional, de esos que hacen campaña desde el barro de las villas, pero su perfil de millonario exitoso le sirvió como plataforma de lanzamiento para llegar al poder con la bandera de un “mani pulite” local. Sin embargo, se confió demasiado en sus propios dogmas libremercadistas y dejó en situación de orfandad a miles de argentinos ilusionados con su continuidad, muchos de los cuales decidieron tomar la iniciativa, acicateados por una industria del meme capaz de camuflar supuestos como verdades consagradas que luego se plasman en carteles, en  manifestaciones supercontagiadoras.
Baby Etchecopar, portaestandarte del mensaje anticuarentena que enarbolaron los indignados del feriado sanmartiniano, terminó aislado con coronavirus después de participar de la marcha. Su caso constituye una paradoja que alecciona a los convencidos de que la Argentina necesita un golpe de timón en contra del autoritarismo K. Y con la palabra golpe, por favor, no se infiera que esta columna otorgue algún milímetro de legitimidad a las consideraciones trasnochadas de un Duhalde que en cierta entrevista de televisión decidió viajar a la década del 80.
Miles de personas bienintencionadas se desvelan por estos días ante el temor de una recidiva de intolerancia kirchnerista, pero carecen de liderazgos que interpreten sus anhelos para traducirlos al lenguaje de las urnas. Tanto que no les quedó otro camino que correr el riesgo del amuchamiento callejero para expresar su reprobación a un modelo al que definen como una fábrica de pobres contentados con la dádiva oficial, despojados del impulso vital del autosustento.
Sin ir más lejos, un connotado caballero de las leyes y la política correntina advirtió en las últimas horas al editor de este diario sobre el peligro de corromper las instituciones judiciales con una reforma que, para muchos, sólo pretende blindar con una coraza de impunidad a la ex presidenta y su séquito de encausados. El experimentado analista remarcó que el avance sobre las libertades individuales por parte del oficialismo, aún en contexto de pandemia, socava la imagen del Presidente al punto de generar una nueva oportunidad para las alternativas opositoras, que demandan un conductor de mano firme. El éxito de esta posibilidad, en buena medida, depende de que Mauricio logre aterrizar a tiempo de su sosiego parisino y, finalmente, asumir la responsabilidad de la hora.

Últimas noticias

PUBLICIDAD