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La mujer de blanco de la plaza La Cruz

La larga historia de la ciudad de Corrientes tiene desde su fundación una serie de hechos paranormales de fantasmas, aparecidos y entierros que sin duda forman parte de la tradición centenaria de nuestra capital. A pesar de que muchos los niegan, hay variados testimonios de hechos increíbles que suceden en diversos lugares de nuestra ciudad.
El extraño caso de Sol Acosta, según lo vio nuestro dibujante Carlos Pedrozo.
La iglesia de La Cruz, en los comienzos, cuando aún tenía las dos torres.

Por Francisco Villagrán

villagranmail@gmail.com

Especial para El Litoral

El hecho innegable es que, desde el comienzo de la ciudad hubo muchos cementerios ubicados en distintos lugares en lo que es el casco céntrico, es innegable, algunos fueron cambiando de ubicación hasta nuestros días, superados por la cantidad de muertos de la creciente ciudad, sobre todo luego de la epidemia de la fiebre amarilla, que determinó que el cementerio se trasladara al actual San Juan Bautista. El último de ellos en trasladarse fue el que se hallaba en la actual iglesia de la Cruz, en pleno centro, ya que toda esa zona era cementerio en los comienzos de la ciudad. Pero muchos espíritus quedaron en los lugares en los cuales fueron sepultados y en los que aún algunos huesos quedaron. Hoy nos referiremos a un trabajo investigativo para aclarar el caso de una presencia fantasmal que desde hace muchos años se ve en la iglesia y la plaza La Cruz. Muchos testimonios de vecinos hablan de la presencia de una mujer joven, vestida de blanco, que se ve en algunas ocasiones, ya entrada la noche en la plaza y en la iglesia. Esto ocurre en días fríos del otoño-invierno, en noches nubladas, como si esto fuera una invitación a que se manifiesten los espíritus errantes.

Una noche a fines de la década del 90, volviendo yo de trabajar en el diario (me había quedado a hacer el cierre de un partido de la Copa Libertadores) cerca de la medianoche, luego de cruzar la plaza La Cruz y en la intersección de las calles Belgrano y Buenos Aires, cuando estoy por cruzar, me llama la atención una mujer que estaba parada frente a la iglesia, quieta, como rezando. Pensé que estaría por cumplir una promesa o algo así. Me quedé observando y en ese momento la mujer avanzó hacia la iglesia, atravesó las rejas y siguió adentro hasta perderse en la puerta principal del templo. Sentí un escalofrío. Y en ese momento me vino a la memoria un relato similar que me contó el colega y amigo “Tito” Toledo, quien fue camarógrafo de Información Pública, que vivía en Buenos Aires y 3 de Abril. Me contó que una noche, ya tarde, regresando del cine Colón con su esposa, hace unos años, vieron una aparición similar desde el mismo lugar, lo que les causó bastante temor. Aparentemente, por las características, sería la misma mujer.

El comienzo de todo

Averiguando un poco entre los vecinos del barrio, hablé con Francisco Gómez Quintana, un habitante del barrio La Cruz desde toda su vida, vive en 3 de Abril y Buenos Aires, tiene 62 años. Me corroboró el relato y me dijo que conocía a varios que habían tenido la misma experiencia con esta aparición. Me relató una historia que podría ser el origen del fantasma de esta joven mujer. Se enteró, a través de relatos de sus bisabuelos, abuelos y parientes ya desaparecidos, que allá por el 1890 aproximadamente, vivía una familia adinerada en la casa que es hoy el hogar de niños Domingo Savio, por calle Buenos Aires, frente a la iglesia. En ese entonces era todo campo. Tenían una hija joven, de 19-20 años, y también una cocinera que trabajaba para ellos. Esta mujer tenía un hijo de más o menos la edad de la joven. Quiso el destino que se conocieran y se enamoraran. La familia se opuso a esta relación y le ofreció a la madre del chico una beca para que se fuera a estudiar a Europa o a donde quisiera, con tal de que desaparezca de la vida de la chica. Así lo hicieron y el muchacho desapareció de un día para otro, sin dar aviso. La chica quedó mal y con el tiempo se enteró de lo que habían hecho sus padres con su amado. Se peleó con la familia y se fue a Buenos Aires, donde ingresó como monja en un convento. Allí murió, no se sabe si se mató o murió de tristeza o qué pasó, pero era joven. De acuerdo con la historia, este sería el fantasma que aparece en la plaza y la iglesia. 

Asombroso testimonio

Para dar más veracidad a todo, Quintana escribió de puño y letra un relato más que importante. Contó que el 3 de mayo de 1988, cuando la ciudad cumplió 400 años, tuvo ocasión de conocer a un estudiante, entrerriano o misionero, no recuerda, mientras estaba hablando con el párroco, padre Canevaro. El relato textual del estudiante: “Venía del comedor universitario, muy tarde a la noche, hacía frío y había niebla. Cuando llegué a la mitad de la vereda de la iglesia, vi a una muchacha sentada en los escalones de la entrada principal, con la cara entre las manos y llorando. Estaba vestida de blanco, con una especie de camisón. Le pregunté qué hacía allí a esas horas, si le había pasado algo. Era rubia y aparentemente joven. Solo repetía sollozando ‘mi mamá no quiere, mi mamá no quiere’.  Me ofrecí a acompañarla a su casa, ya que me dijo que vivía a la vuelta (el lugar donde es hoy el hogar Domingo Savio). Se levantó y comenzó a caminar a mi lado, pero a los pocos metros, se paró en seco y volvió sobre sus pasos corriendo y gritando ‘mi mamá no quiere’. Atravesó las rejas y siguió corriendo hasta llegar a la puerta de la iglesia, donde desapareció”.

El último caso

La última aparición, por lo menos que se sepa, es la que le ocurrió a una estudiante formoseña, de nombre Sol Acosta, de 21 años en ese momento, a punto hoy de recibirse de abogada, quien amablemente me contó su extraña experiencia, sucedida allá por mediados del 2017. “Estábamos en el banco de la plaza, cuenta, frente a la iglesia, por calle Belgrano, con mi novio, habíamos discutido y él se fue y yo me quedé sola, llorando. Ya era tarde, las 11 más o menos, se me acerca una mujer a la que no vi bien, pero estaba vestida de blanco. Me consoló y me dijo que no llore, que todo se iba a arreglar, que no valía la pena llorar. En eso mi novio, que se había quedado en la esquina, se acercó y me preguntó quién era esa mujer. Yo no sabía quién era, tampoco la miré mucho porque estaba mal.  Pero me sentí mejor después de lo que me dijo. Con mi novio nos arreglamos y cuando nos estábamos yendo, desde la esquina, vimos cómo la mujer se dirigió hacia la puerta principal de la iglesia, atravesó las rejas y desapareció en la puerta del templo, ante nuestro asombro. Cuando después me enteré de quién podría ser esa mujer, no lo podía creer, pero bueno, eso es lo que me pasó, yo conté toda la verdad”. Hasta aquí los hechos como fueron realmente. Cada uno es dueño de sacar sus conclusiones.

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