Un largo debate argentino gira en torno de la grieta. Comenzó con su definición, pasó por las culpas compartidas por quienes la estimulan y llega a los albores de 2022 con propuestas de diversas fuentes para eliminarla. ¿Es posible?
Para dar una puntada en ese telar de iniciativas, ayer el historiador e integrante del Club Político Argentino, Jorge Ossona, generó una serie de propuestas en una columna aparecida en el diario Clarín, cuyas ideas principales vale la pena releer.
“Bastaría comenzar con un menú de reformas inspiradas en el espíritu de la ley para ir desmantelando este statu quo del atraso. Pero es precisamente allí en donde las fuerzas de la reacción su ciudadela”, destacó el especialista.
Y afirmó: “La Ley bonaerense 14.836/16 que limitaba las reelecciones de intendentes en la provincia de Buenos Aires se inspiró en empezar a diluir uno de los bloques de resistencia a los cambios que requiere un distrito cuyo principal conurbano concentra casi la mitad de la pobreza del país: sus feudos municipales.
“Apuntaba a la denominada ‘política territorial’ por la que se administra a la nueva pobreza emergente de un país estancado desde hace más de cuarenta años. En ese contexto, el redistribucionismo populista requiere de dispositivos extralegales para garantizar tanto el financiamiento de la política local y como complementos a los subsidios sociales siempre a la retaguardia de necesidades básicas”.
“Uno emblemático es el trabajo en negro de inmigrantes golondrinas de los países limítrofes”, dijo.
Y ejemplificó con los “talleres textiles clandestinos diseminados en todo el Amba cuyos rindes son posibles mediante la explotación servil de contingentes bolivianos y peruanos movilizados por tratantes y asociados a otras actividades como la prostitución adolescente o el tráfico de drogas”.
“Allí también mojan su pan empresas legales tercerizando parte de su producción prime. Solo una marca y un poderoso aparato de marketing distinguen a sus productos vendidos en los shoppings respecto de aquellos que los pobres consumen a precios dos terceras partes más bajos en las multitudinarias ferias ilegales”.
“Su catedral, La Salada, se prolonga en cientos de sucursales callejeras que ofrecen, además, miles de empleos a contingentes organizados por los barrabravas de los grandes clubes y sus extensiones suburbanas”.
“La informalidad y la ilegalidad son, entonces, el maná de un consenso macerado con los subsidios que administran municipios y organizaciones sociales, luego plasmados en votos seguros y hasta organizados colectivamente”.
“Sus aportes confluyen con los de las obras públicas y privadas, los de la comercialización a escala de partes de autos robados y los de la distribución y venta de narcóticos”.
“Uno de los canales maestros por donde circulan estos torrentes de dinero negro son los segmentos venales de las policías locales, frecuentemente asociadas a esos negocios”.
“Podríamos sumar decenas de otras cajas: desde la explotación de grupos musicales por representantes y empresarios de la noche, el pase de futbolistas adolescentes amateur hasta el juego.
Estos últimos comparten la ilusión de conquistar la gloria sustituta del ascenso meritocrático que el nuevo ordenamiento social obtura. Todo un signo de la nueva Argentina”.
“El régimen requiere de la mayor estabilidad posible para garantizar su funcionamiento. De ahí, el anacronismo de atribuirle a sus caciques comunales el término ‘barones’.
Se trata más bien de ‘gerentes’ que transitan una zona gris entre la legalidad y la ilegalidad, entre lo público y lo privado; y entre el funcionariado profesional y la familia”.
“(...) La clave reside en el anacrónico régimen de secciones electorales y de ‘listas sábana’ constituida menos por representantes comunitarios genuinos de origen que por personeros de los ‘gerentes’ políticos locales atentos a sus intereses entre los que se destacan los negocios espurios”.
Y cuestionó: “La impudicia de los saltimbanquis que, atravesando la ‘grieta’, han quedado expuestos ante el 80 % de la ciudadanía bonaerense que rechaza la restauración. Un desenmascaramiento necesario para identificar propósitos detrás de procedimientos. Por algo se empieza”.