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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Una democracia compatible con la gente

Es posible superar la decadencia. La crisis que tiene embargada la actualidad se podría solucionar con la construcción de una democracia compatible con un destino digno para los argentinos y la agenda para ese fin, conlleva algunos pocos puntos clave.

Eduardo Jacobs es magíster en Filosofía de la Economía de la Universidad de Cambridge y especialista en políticas públicas y ayer firmó una columna de opinión en Clarín, donde repasó con meridiana claridad los aspectos que pueden contribuir a saltar el laberinto de la actualidad. Esta coyuntura en punto de ebullición.

“El Gobierno sigue buscando maneras de postergar la crisis con una secuencia cada vez más intensa de parches para transitar las semanas hasta quién sabe cuándo”, comenzó diciendo e imputó al oficialismo y la oposición demoras intolerables en elaborar un “arca de Noé” para salir del paso.

“Se entiende que los equipos de macroeconomistas no puedan especificar cómo vamos a salir del cepo o cuál va a ser la estrategia monetaria si todavía no sabemos si el gobierno puede llegar a fines del 2023 sin un fogonazo inflacionario que obligue a una transición precipitada. Sin embargo, hay otras muchas cuestiones que sí merecen un debate amplio y de frente a la sociedad”.

“Reconstruir la educación, la salud y la seguridad ciudadana son objetivos que deben plantearse como absolutamente prioritarios. Ahora bien, para que la Argentina cuente con los recursos fiscales necesarios para llevar adelante esa gesta de reconstrucción del Estado de Bienestar perdido resulta indispensable terminar con una gran lista de privilegios”.

“No hago referencia a conductas ilegales sino a recursos institucionales a los que solo algunos privilegiados pueden acceder y de los que se han beneficiado diferentes sectores de la política”.

“Es importante que los dirigentes que aspiran a conducir la reconstrucción de la Argentina consideren la posibilidad de que la sociedad no esté dispuesta a soportar otros 40 años mirando al costado y tolerando todos los privilegios que hoy se conocen. 

Por poner algunos ejemplos, ya no se debería aceptar que para acceder a un empleo en alguno de los Bancos Públicos haya que ser familiar de un empleado de dichos bancos y, hasta en alguno de ellos, los empleos sean hereditarios”.

“Por otro lado, la ciudadanía debería estar al tanto de que el régimen de Tierra del Fuego significa 500.000 millones de pesos de subsidios al año. Esto implica 30 años de beneficios que se distribuyen entre dos empresas, Newsan y Mirgor, que solo generan 8000 empleos”.

“Otra de las cajas más vergonzosas son los conocidos Registros de la Propiedad Automotor que eran 500 hace 30 años y hoy son más de 1.500. Todos ellos en manos de familiares de dirigentes políticos que se hacen ricos por prestar un servicio que debería ser digital y gratuito”.

“Es inaceptable que hoy las empresas públicas responden a un modelo de Estado que tiene más de 50 años y que solo es útil para aquellos que tienen la suerte de trabajar en ellas: Télam, Aerolíneas Argentinas, Radio Nacional, la Televisión Pública, Correo Argentino, Yacimientos Carboníferos y tantas otras. Generan un déficit de más de 3.500 millones de dólares al año para atender gastos totalmente inútiles”.

“Podemos seguir con los cientos de regímenes especiales de jubilación que tienen sectores específicos pero que pagamos entre todos los argentinos. Las obras sociales sindicales que en muchos casos se han convertido en verdaderos emporios empresariales. 

Las legislaturas de todas las provincias tienen gastos absolutamente desproporcionados y constituyen una fuente de empleo inagotable para los familiares de los dirigentes políticos”.

“Muchos de los gobiernos provinciales, en particular de las provincias más chicas y más pobres, han quedado en manos de familias que se desvinculan cada vez más del porvenir de su gente y se convierten en verdaderos autócratas que conducen a la justicia, las legislaturas, la policía y los medios de comunicación impidiendo el funcionamiento democrático que la Constitución debería garantizar”.

“(...) La capacidad de bloqueo de estos sectores privilegiados es inmensa”, sintetiza y define: “Solo poniendo estos temas en la agenda pública habrá alguna posibilidad de superar la crisis. El “pueblo quiere saber de qué se trata” y allí puede estar la clave para superar nuestra decadencia”.

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