Por Emilio Zola
Especial
Para El Litoral
Quién miente? ¿El Indec o Valdés? ¿Mentiría el gobernador al sostener un índice que lo desfavorece? La reacción oficial frente al porcentaje de pobreza difundido en los últimos días dislocó la perspectiva de las masas frente a un dato prima facie alentador que los oficialismos, especialmente el Ejecutivo nacional, buscaron capitalizar como una muestra de recuperación. Con la excepción correntina.
El gobernador Gustavo Valdés dijo a las pocas horas de conocerse los resultados de la indagación estadística oficial que los 27 puntos de pobreza atribuidos a la provincia no son reales. Admitió que Corrientes padece una problemática social que mantiene al 40 por ciento de su población por debajo de los estándares económicos ideales y ratificó un rumbo que combina crecimiento a través de la inversión privada y contención social para los sectores vulnerables.
¿Qué le pasó? ¿Sincericidio? Nada de eso. Su posición pública respecto de los registros divulgados por el organismo que en su momento fue manipulado al extremo por el otrora secretario de Comercio de CFK, Guillermo Moreno, consistió en abrir el paraguas ante una posibilidad cierta: que las góndolas de los supermercados cada vez menos visitadas y un mercado cada vez más desigual hablen por sí mismos.
Para la lógica de Valdés es al revés. Mentir hubiera sido reconocer como válidos los datos que ostensiblemente salió a repicar la administración de Alberto Fernández, apeada a una tabla que presume salvadora en medio del maremoto inflacionario.
El oriundo de Ituzaingó quebró el discurso institucionalizado con un movimiento desestructurante: al reconocer que las condiciones socioecónomicas de sus gobernados no es la mejor, se hizo merecedor de la legitimación comunitaria a partir de una actitud transparente (inédita en los olimpos gubernamentales) con la cual dejó en suspenso el resultado de una apuesta que, como es su estilo, se definirá con el paso del tiempo y por efecto de la decantación.
Así como se las ingenió para heredar la supremacía provincial por efecto sedimentario, sin romper con el patriarcado que lo precedió, el mandatario correntino jugó a la elipse con una “media verónica” (el ejemplo encaja por cuanto, en la tauromaquia, el matador despliega dicha destreza cuando recibe al toro con la aparente intención de soportar su cornada, pero en realidad lo deja pasar para prolongar el duelo hasta el momento de la estocada final).
Esto es: Valdés blanqueó los números reales de la pobreza en Corrientes, con lo cual asumió su responsabilidad política como mandatario en ejercicio, pero al mismo tiempo echó a rodar la duda acerca de los métodos utilizados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos, organismo hoy conducido por Marco Lavagna cuya confiabilidad podría entrar en crisis.
Desde hace bastante tiempo que Corrientes desarrolló su propio sistema de mediciones y la actual administración tiene la sana costumbre de cotejar los números nacionales con los propios. No para divulgarlos en tren de polémicas, sino para conocer la realidad desde la perspectiva local, en función de la cual se toman decisiones en materia económica, salarial, sanitaria y de infraestructura.
Es decir que el jefe del Ejecutivo correntino no sospecha, sino que tiene la certeza de que el Indec viene errando los diagnósticos. Sobre esa base, utiliza la información con la prudencia necesaria para cuidar las relaciones con la Casa Rosada y si bien elevó una queja formal a los responsables de la entidad censal no exacerbó el tono para no trasladar la controversia al ringside de la grieta nacional.
En otro momento político, el hecho de que un gobernador saliera a contradecir guarismos presuntamente favorecedores hubiera sido material disputado por las hienas del morbo en las pantallas del escandalismo mediático, pero no es el caso de Valdés.
El hombre que hace tres meses y fracción inició su segundo mandato consecutivo al frente de la provincia construye con una mirada de largo plazo que desconcierta a propios y extraños. Para muchos radicales hubiera convenido jugar callado. Era tentador sentarse sobre ese 27 por ciento para regodearse frente a los contrastantes 50 puntos de pobreza que carcomen a las familias más humildes en la vecina provincia del Chaco.
Pero como en Pamplona, el mandatario indultó al utrero con un pase cambiado para dejarlo retozar hasta la próxima corrida. La “media verónica” dejó escapar al oponente para cuando llegue el momento, pues todo hace prever que esos números hoy acariciados por Alberto Fernández como un logro de su errática gestión se esfumarán al ritmo de un fenómeno global que obliga a importar gas licuado 10 veces más caro que hace un año.
El estallido inflacionario desencadenado por la guerra de Ucrania es planetario e impacta de lleno en la economía de todos los países. Pero en la Argentina todavía más porque el encarecimiento de los insumos se superpone con el desmadre previo, al punto de que el finalizado marzo podría anotar un récord mensual de seis por ciento de aumento generalizado de los precios.
En ese caso, las cifras del Indec devendrían abstractas por cuanto los aumentos salariales computados en la más reciente ecuación, así como la reinserción laboral de personas que habían caído en el desempleo durante la pandemia, no podrán evitar que miles de argentinos vuelvan a zozobrar a en la voluble superficie de los 83.000 pesos mensuales que se requieren para no ser pobre.
Según antiguas elucubraciones filosofales, la mentira es producto del miedo al futuro. “El hombre nace bueno, pero es la sociedad la que lo lleva a mentir”, decía Rousseau al analizar el pulso psicológico del embuste, una práctica cotidiana que hasta el más puro de los seres humanos comete en su interacción con los demás, incluso con afanes benevolentes como es el caso del elogio al perdedor. “Estuviste muy bien”, se le dice piadosamente, aunque su desempeño haya sido pésimo.
Valdés prefirió lo contrario. Cultor de una frontalidad desalmibarada, practica el mismo criterio en el trato personal con sus colaboradores, a quienes señala errores sin pelos en la lengua, producto de un perfeccionismo que en algún momento, cuando alguien se decida a escribir un libro sobre el gobernador del 77 por ciento, debería ser analizado como lo que es: germen medular de la transformación que experimentó desde aquel “challenger” de 2017 a este “prior” de 2022.
Si la mentira es producto del miedo, Valdés eligió admitir las materias pendientes de su gobierno porque, justamente, no teme. El nivel de consenso popular que lo avaló en las elecciones del año pasado se sostuvo sin alteraciones durante el desastre incendiario y ese capital político le confiere carnadura para sostener una verdad que hoy puede pesar, pero que en el futuro —él lo sabe— habrá de redituar.