Se cumplieron ayer 30 años de la muerte de Atahualpa Yupanqui, el padre del folclore argentino. El artista nació el 31 de enero de 1908 y falleció el 23 de mayo de 1992 en Nîmes, Francia.
A 30 años de su fallecimiento, se recordó ayer al cantautor, guitarrista, poeta y escritor argentino, quien supo renovar la música nacional con un estilo personal sobre las costumbres y la cotidianidad de esta parte de la región.
Atahualpa Yupanqui nació el 31 de enero de 1908 en la localidad de Campo Cruz, Pergamino, Provincia de Buenos Aires. Su verdadero nombre era Héctor Roberto Chavero Aramburu. Hijo de ferroviarios y de antepasados indios, criollos y vascos, fue militante del Partido Comunista Argentino, jugó al fútbol, practicó boxeo y se acercó a la esgrima. Sin embargo, la música fue su vida y sus composiciones llegaron a conmover a otras figuras notables de la música. Incluso internacionales, como la francesa Edith Piaf.
Impuso un estilo que no era habitual, el relato del día a día, la nobleza de las cosas y supo conmover a generaciones enteras con la sencillez de la palabra y el mensaje profundo.
Entre su vasto repertorio, se destacan las canciones “Piedra y camino”, “Luna tucumana”, “El arriero”. Allí también estaba la pluma sutil de Nenette, su segunda esposa y compañera hasta sus últimos días, y la mujer que lo ayudó a escribir muchos de sus clásicos bajo el seudónimo de Pablo del Cerro. Entre sus libros, fue autor de títulos como Piedra sola (1941); Cerro Bayo (1946); Aires indios (1947); El canto del viento (1965); El payador perseguido (1965); La palabra sagrada (1989), entre otros. Allí expresó sus impresiones y experiencias de muchos de sus viajes.
“Del algarrobo al cerezo” (1977), por ejemplo, "es la memoria viva de uno de los primeros viajes que Atahualpa Yupanqui realiza a Japón, en 1964. En este libro, Yupanqui va más allá de las observaciones simples de un viajero y se aleja del acento de ‘llevador de coplas por los caminos del mundo’, según anota Don Ata para su amigo lector”, comentan desde la Fundación Atahualpa Yupanqui. “Similitudes y diferencias entre la tierra del cerezo y nuestra patria de algarrobos, manifiestan las impresiones que dejaron en Don Ata esa tierra que frecuentó en varias oportunidades. Un relato efectuado con profundo conocimiento y respeto por lo japonés, fundamentalmente, por el sentido ritual que le otorga a la vida”.
Yupanqui & Piaf
Uno de los momentos que marcaron la carrera artística de Yupanqui fue cuando conoció a Edith Piaf, en un club parisino. Ella lo escuchó deslumbrada y le preguntó: “¿Dónde trabajás?”. Y el argentino respondió: “En ninguna parte. Ya me voy, ya me voy a mi país”. Algo emocionada, la cantante francesa replicó en voz alta una especie de orden y súplica: “No, París tiene que escucharte. Ven mañana a las ocho al Athenée con tu guitarra. Te enviaré el auto al hotel”.
Aquella noche del 6 de junio de 1950, Edith abrió el recital y cantó más de veinte canciones, para luego presentarlo al público: “Les presento a Atahualpa Yupanqui, un músico de mucho talento, a quien dejo cerrar el espectáculo. Quiero que lo escuchen como lo merece”.
Al poco tiempo, Yupanqui firmó un contrato con Chant du Monde y la Academia Charles Cross lo distinguió entre 350 artistas de todo el mundo al otorgarle el Primer Premio al Disco Extranjero. En un año dio más de 60 recitales en toda Francia. Luego, recorrieron varias ciudades europeas. Durante esos años, en París, vivió y potenció su carrera. Allí nació “El payador perseguido”, su obra más completa.
A lo largo de su vida, Yupanqui recibió diversas distinciones. Entre ellas, el Premio de la Academia Charles Cross (1950); Primer Premio de Karlovy-Vary (Checoslovaquia) por la música de este film (1956); Premio Academia Charles Cross por mejor disco extranjero (1986/1989); Disco de Oro por difundir la música criolla por el mundo (1973); Premio Tecno 80 en el Festival de San Remo (Italia, 1980) entre otros.
Falleció el 23 de mayo de 1992 en Nîmes, Francia, cuando había viajado a recibir un homenaje. Sus restos descansan en su Casa Museo, ubicada en Cerro Colorado, Córdoba.
(VAE)