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El agotamiento terminal del populismo del Gobierno nacional

Por El Litoral

Viernes, 26 de agosto de 2022 a las 01:00

Por Ricardo G. Leconte 
y Ricardo “Caito” Leconte

Especial para El Litoral


Frente a la contundente acusación de los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola contra la Sra. Cristina Fernández de Kirchner por delitos cometidos en el ejercicio de la función pública, los que están detalladamente probados, la respuesta de la acusada, expuesta durante casi hora y media desde los balcones del Senado nacional ante escasa concurrencia de adeptos el martes 24 de agosto, en momento alguno desmintió la acusación ni cuestionó con seriedad las pruebas en su contra. Solo acusó a la Justicia, a la prensa libre, al expresidente Mauricio Macri, entre otros absurdos.
   Crudo reflejo de la desesperación y de su impotencia  frente a la realidad irrefutable. Con más razón cuando varias encuestas muestran la opinión de repudio a su figura por parte de alrededor del 70 % de la gente.
     Todo esto evidencia que  asistimos a una etapa terminal del populismo que atrasó al país desde hace más de 70 años y distribuyó pobreza, decadencia  e  inseguridad para el pueblo.
      Las falencias que vemos en el oficialismo nacional son características del populismo en el mundo, es  conveniente prepararse para producir el cambio positivo que pide la mayoría del pueblo argentino.
     Para ilustrar sobre la patología del populismo —en todos lados y siempre—, transcribimos el decálogo del populismo difundido desde  Méjico por el escritor Enrique Krause que dice:  
 “El populismo exalta al líder carismático”.
“No hay populismo sin la figura del hombre (o la mujer) providencial, que resolverá de una vez y para siempre, los problemas del pueblo”. Funciona mientras crean en el líder.
“El populismo no solo usa sino abusa de la palabra: se apodera de ella”. Es fundamental para su vigencia. 
“El populismo fabrica la verdad”. El gobierno “popular”, interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial y sueña con decretar la verdad única … En consecuencia, abominan de la libertad de expresión. El relato aquí dice que no hay inflación, no hay inseguridad, no hay corrupción, las empresas públicas están bien administradas, los cortes de energía son por actos de sabotaje, no por fracaso de la política energética de los últimos años, Boudou próximamente puede ser canonizado, etc.
“El populista utiliza de modo discrecional los dineros públicos … el erario es su patrimonio privado”.
“El populista reparte directamente la riqueza… pero no la reparte gratis: focaliza  su ayuda, la cobra en obediencia”.
“El populista alienta el odio de clases … Hostigan a ‘los ricos’ (a quienes acusan a menudo de ser ‘antinacionales’) pero apoyan a los ‘empresarios patrióticos’ que apoyan al régimen”. “Además la corrupción hace ‘ricos’ a demasiados mesiánicos funcionarios”.
“El populismo moviliza permanentemente a los grupos sociales. Apela, organiza, enardece a las masas. Utiliza a sectores adictos minúsculos para parar subterráneos, parar la recolección de basuras, cortar el tránsito o presionar a opositores o discrepantes con la versión oficial…”.
“El populismo fustiga  por sistema al enemigo exterior … necesitado  de señalar chivos expiatorios para justificar sus fracasos, el régimen populista (más nacionalista que patriota) requiere desviar la atención interna hacia el supuesto adversario de afuera”, llámese Fondo Monetario Internacional, EE.UU., las multinacionales, el capitalismo internacional, etc. (nunca las “democráticas” Cuba, Venezuela, Nicaragua o Corea del Norte).
“El populismo desprecia el orden legal … una vez en el poder (como Chávez) ‘el caudillo’ tiende a apoderarse del Congreso e inducir la ‘justicia directa’ (‘popular’, ‘bolivariana’) … que, para los efectos prácticos, es la justicia que el propio líder decreta”. “Los ejemplos en nuestros país son constantes”.
“El populismo mina, domina y, en ultimo termino, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal. El populismo abomina de los límites a su poder, los considera  aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la ‘voluntad popular’, … no termina de ser plenamente dictatorial  ni totalitario; por eso —dice el autor—, alimenta la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu público”.
Esta cruda radiografía refleja con precisión nuestra realidad que sufrimos. Y nos da fuerzas para luchar por el cambio, para afirmar la honestidad en la función pública, la libertad, los valores de la república y construir la Argentina grande que podemos hacer. 
 Falta ahora construir alternativas que superen el actual “modelo”, como vemos, cada día en más acelerada decadencia.
 

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