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El debate y el interés por las propuestas

Por El Litoral

Viernes, 06 de octubre de 2023 a las 17:17

Si fuera cierto que a la mayoría de la población electoralmente activa le interesan las propuestas de los candidatos, Javier Milei no podría haber conseguido más de siete millones de sufragios en las elecciones Primarias. 
¿No es acaso el jugueteo al aire con una motosierra un acto de violencia simbólica aun más grave que el recordado ataúd de Herminio Iglesias? En ese planteo podría sintentizarse, por un lado la violencia que la sociedad ha naturalizado para su vida y sus decisiones, pero por otro, cierto hartazgo que hace competitivo a un economista sin experiencia alguna en el desempeño ejecutivo estatal y que pretende abolir la educación y la salud pública, entre otras maniobras para conculcar derechos esenciales.
Una explicación fue aportada por un especialista en la materia como Jaime Durán Barba en su columna del diario Perfil titulada “Para qué sirve el debate”.
Y dice:  “La mayoría de la gente ha votado siempre y vota actualmente, movida por sentimientos, identidades, simpatías y antipatías. Es poco probable que si Patricia Bullrich asoma con una idea interesante para combatir la inseguridad, Cristina Fernández, sus laderos o los votantes kirchneristas de base voten por ella.
Hemos estudiado los debates, participando en la preparación y análisis de bastantes de ellos en Argentina, México, Brasil, Ecuador y de unos pocos, en otros países. Nunca vimos que se muevan los porcentajes que tenían los candidatos en las encuestas. Lo que ocurre excepcionalmente fue que se use el debate para instalar un elemento que influya en la campaña.
Los formatos de los debates son diversos en los distintos países. Los mexicanos hacen lo posible para que el debate sea serio, aburrido, obligan a los candidatos a comunicarse solo con palabras, prohíben que les enfoquen cuando no están hablando. Sus reglas son el triunfo de La Galaxia Gutenberg de McLuhan, sobre La Galaxia Internet de Castells. Tratan de obligar a los televidentes a discutir conceptos, impidiendo que influyan las imágenes. Pero la realidad se impone. Todos somos cyborgs.
El debate presidencial del 2012 es el que más quedó en la memoria de los mexicanos, no por la profundidad de los conceptos de López Obrador o Enrique Peña Nieto, sino por la liviandad de la ropa de una escultural modelo argentina, que cuando entraba o salía del escenario para pasar un papel o un café, cautivaba las miradas de espectadores que, en su presencia, perdían interés en las propuestas de los candidatos. En la prensa y en la conversación posterior al debate, la modelo fue la protagonista, su imagen opacó a las ideas de los candidatos.
(...) “Las posibilidades de crecimiento de Milei dentro del cuarto de enojados que no fue a votar es grande. Lo dijimos antes de las PASO: va a sacar más votos de los que calculen las encuestas. Tiene un alto voto de última hora. Si usted está cansado del orden vigente, ¿por quién puede votar más fácilmente: por Massa y sus sindicatos?, ¿por Patricia y la filosofía del bien?, ¿o por Milei?
Impactan más los dos momentos extremos del debate: la mayoría escucha los primeros 15 minutos y luego se aburre. Lo que ocurre al final será motivo de conversación de mucha gente, si es algo interesante. Es difícil que un joven se entusiasme y corra donde sus amigos para decirles que está emocionado porque un candidato dijo que va a construir 327 escuelas, que combatirá la delincuencia o que le cae mal Cristina.
Decíamos que el debate debe producir un titular que reproduzcan los medios para conseguir votos. Ahora, promover una conversación en las redes”.
La realidad invita a repensar la política según los usos. Pero no los usos de los dirigentes, sino de una vez y al fin, los de la ciudadanía.


 

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