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Canciones que viajan en auto

El auto como objeto de deseo es desde su mismo nacimiento una fuente de inspiración para todo tipo de sentimientos humanos. Entre ellos, las historias de amor, los desengaños y el éxito como meta de los artistas que compusieron canciones en torno de este invento humano que hasta el día de hoy no solamente transporta personas sobre cuatro ruedas, sino también pasiones como las reflejadas en el rock, las baladas y el trap. 

Los autos fueron inventados con un sentido práctico que consistió en reemplazar los medios de movilidad con tracción a sangre. Pero desde el mismo momento en que comenzaron a evolucionar -y así como los carruajes implicaban signos de suntuosidad y estatus- adquirieron personalidad propia al punto de inspirar todo tipo de sentimientos en sus usuarios, fueran conductores o pasajeros.

Una de las tantas derivaciones de lo que podríamos definir como la “espiritualidad” de los automóviles, meros entes inanimados solamente capaces de moverse por acción de humana, es la música y, dentro de ella, las historias que los compositores vuelcan en forma de letras interpretadas con un sentido muchas veces enigmático, motivado por razones que el público desconoce.

Hay numerosas canciones que incluyen a los autos como soportes de relatos que, acompañados por los acordes adecuados, llegan a las masas para convertirse en hits que hace 30 años se podían comprar en forma de vinilo (hoy un soporte analógico reflotado, pero exclusivísimo) y en la actualidad impactan en las producciones divulgadas a nivel global por esa descomunal autopista de contenidos que es el streaming.

Este informe llega para reflejar la influencia de los autos en cuatro canciones que fueron analizadas en el programa Combustión Interna, espacio conducido por este cronista en El Litoral Radio, que a partir de ahora se reinstala en la programación de la emisora digital para abordar el mundo de los autos desde perspectivas diferentes.

Vamos al grano: Amanece en la ruta”. Una canción con mensaje metafísico del rock nacional de los años 80. El tema corresponde al segundo álbum de la banda Suéter, que lograra la fama a principios de aquella década con un estilo soft rock que mereció notoriedad gracias a sus composiciones entre melódicas y divertidas (como era el caso de otro éxito llamado Vía México). La canción cuenta la historia de un accidente mortal en una ruta. Escrita por el vocalista y tecladista del grupo, Miguel Zavaleta, explica lo que podría ser la experiencia post mortem que podría atravesar la víctima de un choque como el narrado en estrofas que, a medida que avanza la canción, proporcionan pistas como “me he dormido viajando y he soñado tan intenso”, para luego detallar que el auto se está prendiendo fuego mientras su ocupante se ve a sí mismo desde afuera. “Ya no sé si el cielo está arriba, abajo o dentro de mí”, clarifica otra cuarteta.

La versión más exitosa de Amanece en la ruta, que fuera presentada en febrero de 1984, fue grabada tiempo después por Fabiana Cantilo. Se considera que el aporte de Cantilo fue clave para la perdurabilidad y actualidad del tema, que sigue sonando en las radios hasta el día de hoy.

Sube a mi vaturé. Es una obra magnífica del rock metálico que en los años 80 caracterizó a la obra de Riff, la banda que por aquellos años fundó y lideró Norberto “Pappo” Napolitano, guitarra y voz de lo que fue un grupo legendario con tanta historia que tuvo decenas de regresos a los escenarios hasta poco antes de la trágica muerte del Carpo, el 25 de febrero de 2005.

La canción es simple, pero resume un sentimiento compartido por los amantes de los automóviles clásicos que prefieren andar por la vida en un modelo entrado en años antes que en un auto moderno o, peor aún, alguna marca premium que confiera estatus a su conductor.

El rock de Pappo adquiere en esta canción cierto sentido contestatario para marcar diferencia entre los señores bien que presumen de sus vehículos de lujo y los rebeldes que se atreven a surcar las calles con una “vaturé”. Escrita así la palabra por su fonética, y que es una derivación argentinizada del vocablo francés voiturette, que significa auto pequeño descapotable. Pappo canta “no subas al Mercedes Benz”, mejor “sube a mi vaturé”. Y va dirigida a una chica llamada Jenny, de quien nunca nada se supo.

Una noche en L. A. de Ricky Martin, un grande de la música melódica cuyos éxitos han logrado escala global, sorprendió el año pasado a sus seguidores más fieles con una producción de altísima calidad que, fiel a su estilo, se refugia en el romanticismo y la nostalgia para relatar una historia de amor.

El protagonista tiene el corazón roto y para recordar al ser amado, de quien ha tomado distancia por motivos ajenos que pareciera querer conjurar, sube y conduce “el viejo Mustang que tanto te gusta”, fragmento sumamente emotivo que en el videoclip es acompañado por imágenes del cantante al volante de un ejemplar de Mustang primera serie en estado inmaculado.

Como se sabe, el Mustang es un modelo icónico de la industria automotriz norteamericana, best seller de Ford que adquirió escala mundial y catapultó a la marca al liderazgo de un segmento que se inauguró con ese modelo: el de los ponycars. Su diseñador fue el afamado Lee Iacocca, quien convenció a Henry Ford II de adaptar la plataforma del espartano Ford Falcon para construir un deportivo que, sin pretenciones exageradas, se convirtió en leyenda.

Ferrari, una canción reciente y sumamente escuchada por las nuevas generaciones amantes del trap, fue escrita e interpretada por el Duki, estrella del free style que desde hace varios años viene creciendo en el mundo de las plataformas digitales.

Mauro Ezequiel Lombardo, el Duki, comenzó a escalar en la fama cuando ganó el torneo de “Riña de gallos” de free style en el llamado “Quinto escalón”, una competencia de cantantes hábiles para la improvisación que también componen sus canciones y las musicalizan con ese ritmo de moda que -por suerte- eclipsó al reguetón e incluyó mensajes sociales compatibles con la realidad de las tribus urbanas.

Ferrari es una canción modesta, interpretada por el Duki en dúo con Dicc (otro conocido trapero) en un videoclip en el que nunca aparece una Ferrari de verdad sino simplemente una réplica de la F50, el modelo que la casa del Cavallino Rampante presentó en los años 90 para celebrar los 50 años de la marca fundada por el “Commendatore” en Maranello.

Y si bien en la canción del Duki no se habla mucho de autos, sí se define a la Ferrari como un objetivo aspiracional en el proyecto de vida de un cantante que comienza desde muy abajo con la esperanza de llegar a los Premios MTV y a los Grammy. El Duki presagia a una chica hipotética: “Te vas a ver paseando en mi Ferrari”. Anticipa su propio destino. Y acierta, por supuesto.

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