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Velocidad

Todo se disparó en pos de una charla breve, con elocuencia al paso.
 

Sabado, 18 de febrero de 2023 a las 00:00

Hoy todo se resume a la velocidad desmedida que hace que las cosas muchas veces lleguen a destino, pero no en la medida justa, y con la eficiencia que la importancia requiere para cada una.
Una vez, me preguntaron si como bautizaría este demencial ritmo que todo ha tomado bajo su imperio, tirando por tierra muchas veces el principio y la importancia que cada cosa requiere, con la minuciosidad de la comprobación tantas veces como fuera necesario.
Rápidamente, y tratando de acomodarme al ritmo de todos, respondí: VELOCIDAD. Porque no cabe otra definición, cuando la premura corre a prisa, y nadie se detiene ni para comprobar el grado sumo de la eficiencia. 
El advenimiento de la comunicación a mansalva, dio como resultado, una “carrera” sin meta, donde cada cual corre, corre y corre. Hoy, existe una trama de redes para todos los gustos, y muy pocos, casi nadie prescinde de su teléfono móvil. 
Convengamos, que es una forma idónea para estar comunicados desde el lugar que fuere, pero no siempre “las urgencias” tienen razón de ser, sino que conforman como una especie de concientización en que nadie quede fuera de juego.
Conozco gente que por apretar teclas no correspondientes, se vieron envueltos en juicios, ya que los dedos hoy tienen voz y voto en forma directa, rápidamente y al instante.
La distracción que provoca su atención, enajena la atención de cosas primordiales, mucho más importantes como el estudio, una conferencia, etc., cayendo en la irreverencia por no decir mala educación, que por estos días es naturaleza pura.
Se atiende o se llama en situaciones y en ámbitos ajenos de la lógica, una obra de teatro, en el cine, en una operación quirúrgica, en la misa, en un programa de radio o televisión, etc.  
Nadie discute ni deja de admirar su utilidad invalorable que presta a la vida, ni a las posibilidades de comunicación, no existe límites. Pero sin olvidar el tuteo interpersonal que une, traba, consolida, reafirma las relaciones humanas, sostiene, incrementa, la esencia misma del entendimiento, todo en su justa medida.
A propósito, ha cambiado también las exigencias mismas, cada vez más aferrados a su ilimitado poder, no admitimos ya pausas, cortes, demoras, recordando cuando ayer librábamos un reportaje a distancia, las penurias eran parte del valor agregado.
Justamente, las redes, corazón de mil experiencias que las comunicaciones pone al servicio de sus consumidores, recientemente ha sufrido un golpe impensado. El Bufete de abogados Keller Rohrback de los Estados Unidos, comandado por la abogada Felicia Craick, le ha iniciado juicio.
En nombre de 114 escuelas públicas  con 75.000 estudiantes, pertenecientes a la ciudad de Seattle y el condado de Kent, Washington, le ha iniciado juicio a las reconocidas redes: Facebook, Instagram, Tik-Tok, YouTube y Snapchat, por arruinar la salud mental de los niños, que a la fecha ya ha alimentado 92 folios. La mención es simplemente anecdótica más que jurídica, simplemente para ilustrar las consecuencias desmedidas cuando no sabemos poner límites a los advenimientos que la tecnología que cada segundo produce.
Reconozco la gran ayuda que me presta, cuando transmitir radialmente resulta altamente capacitado dado en principio su potencial de sonido, como su alcance que no sabe de distancias erigido como mangrullo con vista mucho más allá del horizonte.
En mi caso, el mismo teléfono desdoblado su función para convertirse en calificado grabador. Me preocupa desmitificando que no lo es todo, y que la velocidad dada su rapidez, en casos delicados la comprobación humana es la única capaz de ratificar o modificar determinada información.
La velocidad no siempre es buena consejera, lo importante es el resultado ajustado a la necesidad, es decir a su comportamiento que conforme la respuesta buscada. 
La premura se olvida de algo importante: el amor. No es lo mismo la velocidad que el decir normal, cuando nos “despabilábamos” sin límite alguno y con toda la inspiración.     
Sacando todo lo que sentimos por el ser amado; tal vez por ello hoy los chicos son cortos, actúan como máquinas ordenados por control remoto, hacen de la brevedad o el silencio el clima propio. No son románticos ni por un instante ya que con la pausa le dan cuerda a la “velocidad”.
El tango se hizo eco en la década del 40, destacando la importancia del teléfono de entonces para recordar una cita, buscar charlar, tener con quien compartir sueños. Su autor, Luis Rubinstein, el mismo de “Inspiración”, lo tituló justamente: “Charlemos”.
“¿Belgrano sesenta once..? Quisiera hablar con /  Reneé… ¿No vive allí..?...No, no corte... ¿Podría / hablar con usted...? No cuelgue… La tarde es / triste. ¡Me siento sentimental...! Reneé ya sé que no / existe… Charlemos… Usted es igual… / Charlando soy feliz … La vida es breve… Soñemos / en la gris tarde que llueve. Hablemos de un amor…Seremos ella y él con su voz mi angustia / cruel será más leve… Charlemos, nada más. Soy / el cautivo de un sueño tan fugaz que ni lo / vivo. Charlemos, nada más que aquí, en mi / corazón, oyéndola siento latir otra emoción… /  ¿Qué dice...? ¿Tratar de vernos…? Sigamos con la / ilusión. Hablemos / Sin conocernos corazón a / corazón… No puedo… No puedo verla… Es doloroso lo sé / ¡Cómo quisiera quererla...! Soy ciego… Perdóneme…”.
Charlemos. Hablemos románticamente a ritmo normal. Desaceleremos. Es hermoso hablar e imaginar. Ese amor, el amor ciego. El que lo puede todo.
 

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