El empresario Francisco Sáenz Valiente fue procesado ayer sin prisión preventiva, pero con la obligación de tener que usar una tobillera electrónica por el “homicidio culposo” y la “facilitación de drogas” a Emmily Rodrigues, la modelo brasileña que, hace casi tres meses, murió tras caer del departamento del imputado en el sexto piso de un edificio del barrio porteño de Retiro.
La resolución fue adoptada por la Sala 6 de la Cámara del Crimen, quien dispuso el procesamiento de Sáenz Valiente, como autor del delito de “suministro gratuito de estupefacientes, en concurso ideal con facilitación de un lugar para su consumo, en concurso ideal con homicidio culposo, en concurso real con el de tenencia ilegítima de un arma de uso civil condicional” (por una escopeta secuestrada en la casa).
Con esta nueva calificación, la Sala 6 de la Cámara del Crimen dio por entendido que la muerte de Rodrigues fue responsabilidad del empresario pero no por dolo directo, sino producto de la ingesta de drogas que esa noche ofreció en su casa.
“El imputado facilitó estupefacientes a la víctima, pese al grado de ausencia de autodeterminación que esta poseía y que, como consecuencia del suministro de estas sustancias, la damnificada tuvo una situación de descompensación psiquiátrica que determinó que cayera de una de las ventanas del departamento del imputado y falleciera como consecuencia de las lesiones padecidas”, dice el fallo.
Si bien decidieron no dictar la prisión preventiva -como habían pedido la fiscalía y la querella-, los camaristas Magdalena Laiño, Ricardo Matías Pinto e Ignacio Rodríguez Varela, sí ordenaron que el empresario del agro y minero sea monitoreado de manera ambulatoria con la colocación de “una tobillera electrónica de geolocalización digital y radiofrecuencia que permita el rastreo de su ubicación”.