Como lo marca tan bien “Cacho” Castaña, este fue el primer sacudón de una pila de desaciertos bien argentinos que la historia recuerda: después de las lágrimas la alegría. Dos fenómenos cíclicos que se dan tal vez por nuestro drama de siempre, escépticos por naturaleza, no incriminados, solamente unidos cuando la suerte nos convoca para un “hurra” desaforado.
No negando su lengua madre, “Cacho” Castaña se dispone leer una misiva venida de la “bota” de sus mayores, que es concluyente:
“Setiembre de 1988, Buenos Aires, Argentina. / Querido amigo recibí tu carta de Italia y / me alegra mucho saber que todo está bien. / Aquí, la cosa sigue igual.” /
Siempre es lo mismo: hoy tirando manteca al techo. Mañana, llorando junto a los despojos. Jamás nos hacemos cargo de nada, ni de nuestra propia felicidad.
Después del cross de Milei, todos se hicieron humo. Sin Presidente ni Vicepresidente. Seguramente en algún momento, cuando el autoritarismo y la soberbia se disipen, hablarán, si es que tienen para decir algo. Solamente Massa convertido en Superman por el fuerte ego de llegar a las ligas mayores, ejerce todos los roles.
Ministro y Candidato a Presidente. Es encomiable tan férreo metejón. Los demás brillan por su ausencia, mientras crece, una vez más, la desazón, de sabernos no protagonistas por el desamor que la impavidez como ciudadanos siempre alimentó nuestra forma no comprometida de ser ni yugar.
“No es tan transparente. / La crisis se pasea por las calles. / Y la tristeza del pueblo es como un barco que no llega a destino. / ¡No sé qué pasó.!! ¡No sé cómo fue..! / Pero no te vuelvas / Te diré por qué.” /
Ayer, le decía el decano periodista argentino Enríque Llamas de Madariaga, radicado hace un tiempo en el Uruguay por amenazas y aprietes que conlleva la objetividad, a Nelson Castro:
Estuve por unas horas en Buenos Aires, y noté con tristeza ver a mi pueblo con una tristeza indisimulable, bronca e impotencia, como peregrinos que en silencio se han perdido en la neblina.
Es más, antes hasta algunos silbaban algo, hablaban a los gritos rompiendo todo mutis, haciéndose notar que aún no perdían ese ámbito sonoro que la ciudad ejecutaba a toda orquesta.
“Si vieras qué triste que está la Argentina. / Tiene la mirada de los caminantes que ya no caminan. / Se muere de pena por tanta mentira / De tanta promesa por nadie cumplida. / Si vieras sus calles que tanto reían ya no son las mismas.” /
Decíamos somos cambiantes. Impacientes. Ociosos. Ni esperar ni sumarle fuerzas de trabajo denodado para levantar. Esperamos que como por arte de magia, las cosas se den.
La perseverancia nunca nos distinguió, más bien la patota que cumplir las obligaciones de ciudadanos. Todo es mucho tiempo, o fijarnos en otros rostros que nos puedan “enroscar la víbora”.
Así pasó con “Cacho” Castaña que arremetió con la segunda carta al amigo de la península itálica:
“Setiembre de 1988, Buenos Aires, Argentina. / Querido amigo / Se me acaba de volcar el mate sobre la carta que te iba mandar. / Por eso, te vuelvo a escribir. / Me alegra mucho saber que te va bien. / Aquí la cosa sigue igual. / Pero de una manera u otra, vamos a salir adelante. / Hay algo que no se debe perder nunca y es la esperanza.” /
Y, vuelta a renacer esa llamita de nacionalidad que prende bajo la hojarasca, haciéndonos ilusionar, a creer volver a creer. A remontar esos pequeños momentos de nuestras historias donde la paz, el trabajo y la armonía, nos unía como hermanos.
Hagamos realidad de una vez por todas, el país que nunca pudimos ser.
Todo, en la Argentina, dura poco. Así que soñar tampoco, entonces no nos imaginamos días mejores siendo cada uno, mejores. Actuando con sentido común. Contribuyendo con sentido común.
Es cierto que hemos dibujado todos los cuentos que aprendimos de chicos, pero nuestra soberbia, autoritarismo, el maldito metejón con los rostros bonitos como si esos mismos van a levantar el país, o cualquier charlatán de feria que de buenas a primera nos convencen cansados de promesas vanas.
Por eso como toda película, la parte final, el desenlace, se reserva casi siempre un The End pletórico de grandeza, cuando las fuerzas ya hacen gala de aburrimiento y enojo.
“Si vieras que linda que está la Argentina. / Tiene la mirada de la primera novia que nunca se olvida. / Desde los balcones llueven las glicinas. / Y a pesar de todo. Camina y camina. / Si vieras de nuevo qué linda y qué grande está mi Argentina. / Buenos Aires sigue llena de gorriones. / Hay nuevos poetas que escriben sus tangos y hay nuevos cantores. / Y sigue tremendo la vieja locura. Que al doblar la esquina haya una aventura. / Ya ves, sigue viva y a pesar llena de ternura.” /
Demos rienda a los sueños. Imaginemos un país mejor, y hagámoslo. No esperemos que nos lo digan. Somos grandes. No elijamos sloganes. Votemos con el corazón y la cabeza. Hagamos realidad de una vez por todas, el país que nunca pudimos ser.
“Si acaso te encuentras con otro emigrante. / Decile que vuelva, que pronto seremos mejores que antes. / Que todo fue culpa de cuatro atorrantes. / Que solo lograron que el pueblo no cante. / Volvé cuando quieras que juntos podremos salir adelante.” /
¡Viva la Patria..!