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Coronel Valerio Insaurralde, primera lanza correntina

La familia Insaurralde era originaria de la ciudad de Corrientes. Muchas de esas familias buscaron establecerse en terrenos “vacíos” (o sea sin pobladores blancos). Para 1761 no había aún ningún español o criollo establecido en la zona comprendida entre los ríos Corriente (Aruhary) y Miriñay, vecina de las tierras del Cabildo de Yapeyú, o sea de los indios guaraníes doctrineros de los Jesuitas.
    En la margen izquierda del Río Mocoretá  estaban establecidos para 1785 el Capitán don José Andrés Casco, don Miguel Jerónimo Portillo, don Juan Gregorio González de Alderete y don Juan Antonio Retamoso.
    Dice Raúl de Labougle en “Orígenes y fundación de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá” (Pág. 31): “Don Antonio de Insaurralde, era natural de Corrientes, donde nació en 1725, y desde la edad de 16 años había servido “al Rey y a su Patria”, alistándose de soldado raso y alcanzando el grado de Capitán, que ostentaba en 1787, al formular su denuncia de tierras; méritos que invocaba en esta oportunidad... y encontrarse “sin proporciones de suelo en que poder acomodar 11 hijos, a quienes desea no dejar dispersos ni en desolación”. 
    Para precaver ello y poder guardar 4.000 cabezas de ganado vacuno, solicitaba en compra las tierras que se hallaban situadas entre el Río Mocoretá y el Arroyo Curuzú Cuatiá, desde el Arroyo Ybirá-ñesuró al poniente, afluente de la margen izquierda del Mocoretá), donde terminaban las tierras de don Francisco de Orduña, hasta la distancia de 12 leguas al oriente (en realidad al “sur”), sirviendo de costados los referidos Mocoretá y Curuzú Cuatiá”. 
    El 29 de enero de 1822, Fray Antonio Barela, bautiza en la Capilla de la Virgen del Pilar a Valerio, de 4 meses; hijo legítimo de Pedro Insaurralde y de Dorotea Blanco. Como Padrino Mariano Bermúdez, un Capitán que figura en la lista de los primeros 64 pobladores de la Villa).
    Era por lo tanto nieto del pionero don Antonio de Inzaurralde; y su padre, Pedro, uno de los herederos de una fracción de esas 12 leguas de campo que con el tiempo se llamó “Siete árboles”. Valerio pasó su niñez en esos campos familiares, haciéndose baqueano en las tareas rurales. No hay noticias de que haya concurrido a la Villa de Curuzú Cuatiá a aprender las primeras letras, suma y resta con el segundo maestro del que se tiene noticias: José Arinerer, que de 1827 a 1834 enseñaba con método antiguo. 
    Lo cierto es que en los malones de los indios misioneros procedentes de Mandisoví, que asolaron sus tierras en 1827, su padre y sus tíos defendieron sus propiedades y sus familias, alistándose en las tropas correntinas. El primer encuentro con los indios se produjo el 12 de noviembre de ese año 1827 en sus campos de Cambay. El Coronel José López (alias Chico), indio puro que actuaba a las órdenes del Comandante del acantonamiento de Curuzú Cuatiá, don Rafael de Atienza (quien en años más tarde será Gobernador de Corrientes) , secundado por el Teniente Manuel Antonio Ledesma; al mando de 180 milicianos enfrentaron a 300 salvajes, haciéndolos huir hacia el Rincón de San Pedro. Los correntinos lamentaron 30 bajas, entre ellas algunos oficiales. El 20 de noviembre estos saqueadores son alcanzados por Atienza en el Paraje Tuyuné, donde los aniquila en gran número dándoles un escarmiento definitivo.
    El niño Valerio escuchó de boca de su padre estas hazañas victoriosas que quedaron grabadas en su mente, despertándole las ansias de ser militar. Cuando su familia concurría a la Villa para abastecerse de víveres, buscar correspondencia y asistir a la Capilla a honrar a la Virgen del Pilar; el niño Valerio contemplaba a la guardia de la Comandancia ubicada al otro lado de la plaza, deseando integrar con los años esas milicias y vestir uniforme militar.
    La ocasión se le dio en febrero de 1839, cuando el Comandante de la Frontera Sur, el Coronel Mayor don Manuel Vicente Ramírez, juntamente con el Comandante del acantonamiento de Curuzú Cuatiá, don Manuel Antonio Ledesma, acuden al campamento del Gobernador y Comandante en Jefe del Primer Ejército Libertador Correntino que acampaba en Paraje Ávalos, sobre el Curuzú Paso. Valerio se les suma en calidad de soldado raso.  Cuando Berón de Astrada les encomienda a esos Comandantes que formen la Vanguardia de su Ejército y fueran a custodiar la frontera con Entre Ríos, Ramírez Chico teniendo en cuenta los méritos familiares y la posición social de los Insaurralde, lo asciende a Cabo de caballería. Contaba recién con 17 años de edad.
    La batalla de Pago Largo estaba ahí nomás. Valerio por conocer el terreno sobradamente logra zafar de las lanzas y degüellos de Echague y Urquiza, y se refugia en sus campos. Cuando Valerio Insaurralde se entera de que su Jefe Manuel Vicente Ramírez había regresado a la provincia, dirigiéndose primero a su estancia y de allí a Rincón del Ombú, en la ribera norte del A° Yagüarí, decide acompañarlo. Allí se presentan al Gral. Juan Lavalle que estaba organizando el Segundo Ejército Libertador Correntino. Este Jefe le encarga la formación y adiestramiento de una División de Reserva. Valerio Insaurralde, ya con el grado de Sargento, acude junto a su Jefe a engrosar el Ejército Libertador el 21 de mayo de 1840 y participan de la prolongada lucha de Sauce Grande, los días 15 y 16 de julio.
    La feliz llegada a Punta Gorda del Gral. José María Paz, hizo que se embarque el Teniente segundo Valerio rumbo a la ciudad de Corrientes con los oficiales que lo acompañaban. Ya acampados en Laguna Ávalos, el Manco Paz le da entonces a Insaurralde el grado de Teniente 1°
Batalla de Caá Guazú: Cuando por orden de Rosas Echagüe vuelve a invadir la provincia, el Gral. Paz se retira al norte del Río Corriente. El invasor llega hasta la margen sur y permanece un mes y medio estacionado sin moverse. El 26 de noviembre inicia Paz el cruce del río y el 28 están ambos ejércitos a 1.000 metros uno del otro. Valerio Insaurralde está en la línea de la derecha, integrando el Escuadrón “Unión”. Al festejarse la brillante victoria, el Comandante en Jefe los felicita personalmente a cada oficial y especialmente a Valerio Insauralde.
    Animado por ese desastre de los federales el “Manco Paz” decide invadir Entre Ríos, llegando hasta La Bajada (hoy Paraná). Luego participa Valerio en el desastre de Arroyo Grande el 6 de diciembre de 1842 y luego junto con los hermanos Joaquín y Juan Madariaga, 108 emigrados en Brasil, cruzan el Río Uruguay y recuperan la provincia en la batalla de Laguna Brava. 
    Cuando se organiza el Cuarto Ejército Libertador en el histórico Campamento de Villanueva, vuelve Valerio Insaurralde a decir presente. El Gobernador, Gral. Joaquín Madariaga, encara la jefatura y enfrenta a Urquiza en la triste jornada de Vences. Aquí se produce un quiebre entre Ramírez Chico y Valerio Insaurralde. Su jefe es trabajado por Urquiza y por los Virasoro, pasándose al bando federal. Valerio Insaurralde se vuelve a sus pagos, sin cambiar sus ideas liberales que las sostendrá hasta el final de sus días.
    El Presidente Sarmiento interviene Entre Ríos y el Gral. Ricardo López Jordán que invadió Corrientes (sindicado por Sarmiento como autor intelectual de la muerte de Urquiza)   se resiste. 
    El Coronel  y gobernador Santiago Baibiene concentra sus efectivos en “Ñaembé”, y el 26 de enero por la mañana se libran los dos combates decisivos. Baibiene obtiene el espléndido triunfo en Ñaembé y el Comandante Valerio Insaurralde logra batir a la columna de jordanistas.
    Cuando Valerio se retira de la vida militar activa ya el mal de Hansen estaba avanzado. Como había entablado una amistad sincera con el Coronel Santiago Baibiene desde el episodio del Tabaco, lo hizo su Albacea para que éste encaminara a su viuda en los trámites de la herencia. El 4 de enero de 1879 en el caserón del ángulo N-E del cruce de Juan Pujol y Podestá en Curuzú Cuatiá, rodeado de sus familiares, asistido por el Cura Vicario José Antón, dejó este mundo a los 58 años en paz, el que pasara gran parte de su existencia peleando.
Su esposa lo sobrevivió hasta el 2 de enero de 1904, cuando contaba 78 años. Ambos están sepultados contra el muro del Cementerio, a unos 100 metros  hacia el este de la entrada, protegidos por una verja. Hay una imagen de mármol de la virgen y a su pié la lápida de mármol.
 

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