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/Ellitoral.com.ar/ Ciencia & Tecnología

Las micobacterias están afectando a los osos hormigueros que se expanden por el Iberá

La investigación muestreó animales vivos procedentes de diferentes provincias argentinas y que fueron reintroducidos en Corrientes. 
Foto: Fundación Rewilding Argentina

Un estudio encontró micobacteria no tuberculosa en el 16,36% de las muestras de especies silvestres nativas de diferentes regiones de Argentina. La especie animal con mayor presencia de micobacteria no tuberculosa fue el oso hormiguero gigante (45,5%). 

Indicaron que esto podría estar asociado a la forma en que este animal se alimenta y a las características distintivas de su lengua, que es más suave, húmeda y áspera, lo que le permite adherirse a los objetos antes de su ingestión. 

Los tapires mostraron una prevalencia del 32% de micobacteria no tuberculosa. En el pecarí de collar se detectó una incidencia del 11,5%. 

El venado de las pampas es una especie amenazada en nuestro territorio y anualmente se reportan disminuciones en sus poblaciones silvestres. En este estudio, se identificó  la presencia en el 13% de micobacteria no tuberculosa.

Del total de 165 muestras obtenidas para el estudio entre 2016 y 2021, 27 estaban infectadas. La vida silvestre en libertad puede potencialmente encontrar estas micobacterias ambientales dentro de su hábitat natural, particularmente durante la búsqueda de alimento y el consumo de agua

El equipo de investigación que participó en este estudio pertenece al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Fundación Rewilding Argentina. 

Los animales estudiados procedían de diferentes provincias (La Rioja, Mendoza, Tucumán, Salta, Córdoba, Santiago del Estero y Chaco) y fueron reubicados en la provincia de Corrientes, como parte de la reintroducción de especies en las reservas naturales. Estas provincias están ubicadas lejos entre sí y tienen diferentes condiciones de suelo y clima, pero en este estudio no se observó agrupación significativa de especies de micobacterias no tuberculosas en cada región.

Según la mayoría de los autores, la transmisión a los humanos ocurre a través de la ingestión oral de agua contaminada o por contacto cercano con animales infectados.

Hay pocos informes disponibles donde la vigilancia epidemiológica de la micobacteriosis se lleve a cabo en muestras tomadas de animales silvestres vivos, especialmente aquellos con riesgo de conservación, como en este estudio. Generalmente, el muestreo se realiza en tejido de animales fallecidos dentro de programas de vigilancia, atropellados o como parte de esfuerzos de control poblacional.

Cuando se toman muestras de animales vivos, se necesitan condiciones especiales, ya que la recolección debe ser rápida porque los animales están anestesiados y además, el muestreo no es invasivo la mayoría de las veces.

Las muestras recibidas incluyeron lavados broncoalveolares, lavados endotraqueales, hisopos orofaríngeos, hisopos nasofaríngeos e hisopos traqueales y fueron procesadas en el Laboratorio de Diagnóstico de Tuberculosis (FCV-UBA).

La investigación fue realizada por Soledad Barandiaran, Loreana Ponce, Indiana Piras, Ana Carolina Rosas, Jorge Peña Martinez y María Jimena Marfil; y fue publicado este mes en la revista científica Frontiers in Veterinary Science.

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