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Proteger a los niños del sol, ¿por qué y para qué?

El cáncer de piel se relaciona con la  sobreexposición solar. Se estima que el 90% del cáncer no melanoma –basocelular y espinocelular– y 65% del melanoma se asocian con las radiaciones ultravioletas. 

La exposición solar a las radiaciones UVA y UVB en la infancia aumenta el riesgo de cáncer de piel en el adulto. Los estudios demuestran que el antecedente de dos quemaduras solares con ampollas antes de los 18 años duplica el riesgo de desarrollo de melanoma en la edad adulta. Por ello, una protección solar adecuada temprana es la llave para disminuir su incidencia.

La radiación UVA de mayor longitud de onda (320-400 nm) llega a la hipodermis y su intensidad es constante durante todo el día, todos los días del año. La UVB, de mediana longitud de onda (290-320 nm), llega a la dermis y es más intensa al mediodía, especialmente en el verano. Ambas (UVA y UVB) son responsables del bronceado, del eritema, de las quemaduras, el envejecimiento cutáneo, las arrugas, pecas, manchas y del cáncer de piel.Consejos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

El sol es indispensable para la vida, para el crecimiento óseo y para la síntesis de vitamina D, pero 10 minutos diarios de exposición son suficientes para esta función.

Las estrategias de prevención primaria para el cáncer de piel incluyen:

• Aumentar el conocimiento y la conciencia en la población: padres, niños, maestros, cuidadores, entrenadores, pediatras.

• Provocar cambios de hábitos y conductas positivas frente al sol.

• Implementar campañas en escuelas, clubes y centros de recreación.

Se estima que el uso regular de protectores solares en la infancia, adecuado a cada tipo de piel, puede disminuir la incidencia del cáncer de piel en un 80%. Se distinguen seis fototipos, de acuerdo con el color de piel, ojos y cabellos. El tipo I corresponde a una piel blanca, de ojos claros y cabellos rubios o pelirrojos, el cual es el más propenso a las quemaduras y nunca se broncea.

El tipo VI, con una piel más oscura, de ojos y cabellos castaños oscuros, broncea siempre.

Los protectores solares son sustancias (cremas, geles, lociones, aerosoles) químicas o físicas que, aplicadas sobre la piel, absorben o reflejan las radiaciones ultravioletas nocivas. La capacidad protectora de la pantalla solar se mide por el factor de protección solar (FPS). Cuanto más alto sea el FPS mayor será la protección. Todos los tipos de piel necesitan protección solar. El FPS 15 es el mínimo necesario para usar efectivamente.

Guía de protección solar

• Elija y busque la sombra de un árbol, una sombrilla o techo.

• Use gorro o sombrero, anteojos de sol.

 • Aplique sobre su piel un protector solar con FPS 15 o más, 30 minutos antes de exponerse al sol, de la cabeza a los pies en cantidad suficiente.

• Renueve la aplicación cada 2 horas, luego del baño o con transpiración importante.

• No debemos exponer al sol en forma directa a los niños menores de 1 año. A partir de los 6 meses pueden usar protectores solares.

• Evite el sol del mediodía entre las 11 y las 15 horas, cuando los rayos ultravioletas son más intensos.

• Recuerde que las nubes dejan pasar el sol. La arena, el agua y la nieve aumentan su acción.

• Ciertos medicamentos producen erupciones y quemaduras con la exposición al sol.

Es importante que el pediatra sea un agente de difusión con sus pacientes, las familias, los maestros, y con todos aquellos que participan en actividades con niños y adolescentes, para poder lograr un cambio de actitud positivo frente al sol, prevenir el cáncer de piel en la edad adulta y disfrutar sin miedo.

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