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/Ellitoral.com.ar/ Destinos

Dormir en un silo de granos

Descansar en un tanque redondo que tiempo atrás almacenó maíz, trigo o girasol ahora es posible en la estancia Las Marías, de Marcos Paz, ubicada a menos de 60 km de la Capital Federal, donde también hay tres glampings.

En determinadas situaciones, no destacarse es lo mismo que ser invisible. Tal vez por eso algunas personas todavía adquieren ideas creativas y, otras, simplemente las crean. Así lo hicieron Norberto Davesa y Silvana del Greco en la estancia Las Marías, de Marcos Paz (a 58 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), con un proyecto que hace varios años comenzó siendo una escapada de fin de semana para despejarse del estrés cotidiano del conurbano y terminó en un alojamiento turístico –tal vez– inédito en la Argentina, como lo es hospedarse en tres silos de semillas reciclados en lujosas habitaciones (Maíz, Trigo y Girasol) para pasar un par de días (hay quienes se quedan tres o cuatro noches) lejos del ruido. El resultado: ocupación plena desde que abrieron, en noviembre de 2023. Sin duda, el público todavía compra buenas ideas.

La historia turística se remonta al invierno de 2022, cuando en este campo de ocho hectáreas el matrimonio planificó tres domos para glamping, todos con vista a una laguna artificial en la que nadan patos y en cuyas orillas pastan caballos, cerdos con sus crías, cabras y ovejas. La idea provino de una estadía obsequio de cumpleaños que le habían hecho a Norberto en otra parte del país. El boca en boca y las redes lograron que en menos de un año (abrieron en el verano de 2023) Aventura, Nido y Tacuara –así se llaman los domos– estuvieran con las reservas a pleno. Y parte del éxito es porque todos cuentan con smart TV, aire acondicionado, Wi-Fi de alta velocidad, cama queen size (o hasta tres twin), lujoso baño interno (con secador de pelo), cocina completa con heladera, pava y horno eléctricos, fogonero, parrilla y un deck exterior con hamaca, pileta de cocina y anafe. 

“Como proyectos es lo que nos sobra –relata Silvana–, cuando terminamos los glampings Norberto tuvo la idea de transformar tres silos que estaban en desuso y que años atrás les habíamos comprado a los menonitas de La Pampa para almacenar granos”. “Los movimos con el tractor –prosigue Davesa– y con la creatividad de ambos pusimos en marcha este otro proyecto que nos llevó casi todo el año 2023, hasta su inauguración en noviembre”. Recursos no les faltan: él es ingeniero civil y ella arquitecta; además cuentan con el apoyo de sus hijos que colaboran desde el inicio.

Cómo son los silos

La estructura es cilíndrica, de unos 5 m de alto por 4 m de diámetro. Por fuera, chapa galvanizada abulonada a una estructura metálica. Por dentro, el lujo se destaca por la decoración y el revestimiento debidamente aislado del exterior por razones térmicas. Al silo se accede tras subir siete escalones que conducen a un deck de madera donde se alojan dos reposeras, una mesa con sombrilla y un jacuzzi exterior. Al traspasar la puerta que conduce al interior, dos sillones con una mesa ratona señalan la bienvenida. Y una barra desayunadora (con dos taburetes) oculta por uno de sus lados la cocina, conformada –como en los domos– por pava, una hornalla y horno eléctricos, heladera (con agua, cerveza y gaseosas; incluidos en la tarifa), vajilla y utensilios, además de azúcar, té en saquitos y algunos snacks.

Una puerta tipo granero separa el miniliving del bien equipado baño iluminado con ventana ojo de buey. Y a través de una escalera caracol se accede a la planta superior, donde se ubica el dormitorio con cama queen, ventana corrediza y balcón con privilegiada vista al campo, que a lo lejos –de noche– permitirá observar el resplandor de los hornos de ladrillo (en las inmediaciones hay varios establecimientos que los fabrican), además del paso de aviones, estrellas fugaces y del corretear de animales que retozan entre los pastizales. Un detalle: los tres silos están ubicados de forma que desde la ventana del dormitorio de cada uno no se vea la del otro, lo cual brinda cierta intimidad al permanecer con la luz encendida o al sentarse en el balcón a disfrutar –por ejemplo– del imperdible amanecer que entra de lleno con el sol rayando desde el Este.

Al día siguiente el desayuno será en el casco de la estancia estilo Tudor, construida allá por 1930-1940, pero completamente restaurada y refaccionada por sus actuales dueños, quienes le realizaron muchas modificaciones para dejarla en condiciones, respetando ese diseño mezcla del Renacimiento y el Gótico que se encuentra fundamentalmente en el Reino Unido, Escocia y algunas islas británicas. 

Iván Pérez, el encargado del establecimiento en ausencia de sus propietarios, es quien se ocupa del mantenimiento y de que todo salga a la perfección. Medialunas calientes, huevos revueltos, tostadas francesas, aromáticas frutas, jugos, infusiones y dulces caseros forman parte del desayuno que puede consumirse en el comedor del casco acondicionado con muebles de época o retirarse en bandejas para hacer lo propio en la mesa ubicada bajo una pérgola al aire libre en cada domo o silo.

El día en Las Marías transcurre entre la piscina abierta o la climatizada interior, la mesa de pool, el metegol, la cancha de bochas, una caminata bajo árboles centenarios, el fogonero que invita a un asado, un momento de relax en el jacuzzi o –simplemente– la lectura o la contemplación desde el deck, mate de por medio. Si se va en grupo también hay disponible un quincho para realizar actividades conjuntas. Por el estilo de propuesta no da para Netflix y ni siquiera para las notificaciones push del celular. A pesar de que todos estos servicios funcionan a la perfección, y de que se ubica a solo 50 km de la Capital Federal, el plan es desconectarse al menos dos días.

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