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“Lo que se escucha hoy es todo negativo, eso genera angustia a las familias"

Flavio Serra es médico pediatra y neonatólogo. Trabaja diariamente con familias a las que aconseja la importancia de “educar” y de cuidar la salud mental. Señala a las pantallas como una “droga” de la que no percibimos su adicción.  

Por Eduardo Ledesma 

Versión gráfica por Belén Da Costa

Flavio Serra es médico pediatra y neonatologo en Corrientes. Si bien es de un pueblo de la provincia de Santa Fe, está radicado en Corrientes donde trabaja diariamente con familias a las que aconseja la importancia de “educar” y de cuidar la salud mental. 

En sus redes sociales a diario genera contenido comunicacional con consejos para padres, madres y familiares de infancias que buscan estar informados. Entiende el valor de la comunicación clara en estos tiempos y señala a las pantallas como una “droga” de la que no percibimos su adicción. 

Fue el tercer entrevistado del ciclo audiovisual Eduardo Ledesma Pregunta 2024. La producción propone una serie de entrevistas a intelectuales, dirigentes políticos, artistas y profesionales de distintas ramas del saber y del hacer, para reflexionar sobre temas contemporáneos que atraviesan a la sociedad.

Mirá la nota completa

-Flavio Serra, ¿quién es?

Flavio Serra es una persona que nació con un hermano mellizo, con el que comparte absolutamente todo y lo comparte hoy en día todavía. Tengo un tercer hermano, pero mi hermano mellizo generó una sensibilidad especial. 

-¿Eso se puede explicar desde la medicina o no? 

Sí, por supuesto. Tiene muchas explicaciones dentro de la medicina, pero con él es más emocional y mental. Creo que nos preparó la vida para no ganar y no perder siempre. Por ejemplo, en una carrera, si uno salía primero, el otro no podía salir primero. Entonces siempre quedaba el rezago de que gané, pero la otra parte no ganó. O él perdió, pero la otra parte ganó. Y eso nos hace ver la vida de una manera totalmente distinta. Nada es tan malo y nada es tan bueno como para tener la euforia de la locura o la desventaja de la derrota total. 

-¿Existe una explicación, de algún modo científica o positiva de por qué los mellizos tienen esa ligazón tan profunda? 

Es muy interesante la pregunta que haces y te lo voy a responder desde otro punto de vista. Está demostrado hoy que el instinto maternal, por ejemplo, se debe a que quedan células de su bebé en el cerebro de la mamá y eso hace que las madres tengan algún tipo de reacción química ante algún tipo de dificultades de su hijo. Por eso es que sienten lo que sienten cuando les pasa algo a los hijos. Creo que con los hermanos gemelos pasa algo igual, más allá de que llevan experiencias conjuntas desde el primer minuto de la gestación, no desde el parto. Y eso genera un vínculo mucho más especial. Tal es el hecho de que los dos, y nos ha pasado muchas veces, piensan o dicen cosas al mismo tiempo porque o lo vivieron de una manera que los hace ser así o hay algo más que los lleva a ese tipo de cosas. 

-Vos decís siempre en redes que en salud se puede ayudar de muchas maneras. ¿Qué quiere decir eso? 

Lo expresé porque cuando uno concurre al médico, creo que lo que espera del médico es que le cure la salud: puntualmente de una enfermedad que en ese momento nos trae al consultorio. Pero creo que detrás de la salud hay demasiadas cosas que hay que curar antes que la salud física momentánea. Tiene que ver con la mente particularmente, con el aprendizaje y el autocuidado que muchas veces en la familia no sabe cómo enseñar y se entra en un camino que es muy difícil de controlar individualmente. Entonces, la forma de enseñar es siendo docente, siendo partícipe de las decisiones que se toma en cuanto a ser un consejero y por supuesto siendo médico cuando las cuestiones de salud lo aconsejan. 

-Supongo que a tu consultorio va gente de todo tipo, pero sobre todo el tipo más difícil: la familia primeriza con dudas. 

Sí, mucha angustia, porque no sabe cómo. Ahí enseñar a educar se aplica porque muchas veces los padres tienen muchas dudas y mucha inseguridad de cómo encarar ese camino de educar a otro. De hecho la gente cree que el único que educa es el profesor o maestro y no se da cuenta que educamos absolutamente todos, en todo momento de nuestra vida, y eso es lo que más intento transmitirle a los demás. Pero aparte, el enseñar a educar, educándose uno, que es lo más importante que uno puede hacer para tratar de educar a otro.

-¿Todavía estamos pagando la cuenta de lo que nos dejó la pandemia? 

La respuesta es sí, sin ninguna duda. Primero porque nos tocó algo que era irracional hasta ese momento, y segundo porque fue extremadamente larga. Y hay cosas desde el punto de vista psicológico que todavía no solucionamos, una de ellas es el miedo. No estamos hablando del miedo que nos cuida, estamos hablando del miedo que nos limita. Porque si no tuviéramos esa emoción que es el miedo, no podríamos vivir si nos atacara un perro.

-Esto no es el miedo de la supervivencia, sino el miedo paralizante. 

Absolutamente. Es el miedo limitante. Se ve en todos, se ve en la maternidad, se ve en la paternidad, y con la pandemia se ve en la respuesta que tenemos ante absolutamente todos. Te doy un ejemplo: después de la inundación de ese fatídico fin de semana, donde la mayoría de la gente estuvo bajo agua en Corrientes, en la última lluvia de esta semana, la mayoría de la gente no se movió de su casa temiendo que pasara lo mismo que aquel día. Ahí hablamos del temor o el miedo limitante, el que no nos deja hacer cosas por miedo. No nos deja acercarnos a otra persona por miedo a contagiarnos, no podemos volver a la vida normal por miedo. Eso es lo que tratamos de evitar en el día a día, porque lo que genera son sensaciones internas y emocionales demasiado negativas y las hormonas que secretamos a nuestra sangre son absolutamente nefastas para poder manejarnos con salud. Eso nos da por supuesto una alteración en todo nuestro ámbito de la vida, en las sensaciones de todos. 

-¿Hay una enfermedad del hoy? Algo que estés viendo en la actualidad con preocupación. 

Vamos a dividir esto en dos partes. Hay enfermedades que son cíclicas y estacionales, que son las que comienzan con el inicio de las clases, por el aumento del contacto social, y hay enfermedades que la padecemos porque hay cambios drásticos en la forma de manejarnos todos los días. Las primeras, como la gripe, son las enfermedades que siempre tuvimos. Ahora son conocidas un poquito más, porque las redes nos informan y nos desinforman al mismo tiempo y eso genera toda una polución de conocimientos que son difíciles de manejar. 

Pero hay otra que tiene que ver con la parte mental y física, que estamos en crisis hoy en día, que tiene que ver con el uso de las pantallas, con la falta de aprendizaje emocional y con la limitación y la adicción que genera esto. Esto no necesariamente en los niños, en todos. Los adultos, por ahí nos reparamos un poquito más, porque yo tengo una frase que siempre digo: el educado fuera de línea vive mejor cuando vive. Aquel que ve un árbol en una pantalla no sabe el ruido que hace la hoja cuando la mueve el viento, el olor que tiene el árbol, la sensación que le da a ver o el tacto de la hoja o el tronco del árbol. Hay mucha percepción que está limitada y que nosotros creemos que aquel que ve la pantalla conoce lo mismo que nosotros conocemos. El olor de una comida o el olor de la maternidad de una comida de niño no se conoce por las pantallas, y esos son limitantes que van a tener toda la vida aquellos que se desarrollan con pantallas. Y no van a tener la experiencia esa de, qué sé yo, yo viví cerca de una panadería, entonces el olor del pan, que es el olor tal vez más agradable que uno pueda sentir porque remite a una experiencia, y esa experiencia no está si no tenés ese olor. 

-¿Y por qué acudimos a las pantallas? 

Seguramente por muchas razones. Los niños están ahí cuando los padres tienen cosas que hacer, entonces es mejor si se entretiene con algo. Le dan pantalla, no hay límites y es un círculo bastante complejo. 

Hay un neurotransmisor que se llama dopamina, que tenemos absolutamente todos, que es la sustancia que nos da placer. Ese placer se puede encontrar cuando uno come algo, cuando uno hace algún tipo de actividad, cuando uno tiene sexo, cuando uno usa drogas, cuando uno usa las pantallas. 

Lo que tiene la secreción de dopamina en el cerebro es como cuando uno come chocolate, para poner un ejemplo cotidiano. Cuando lo que uno recibe, cuando recibe dopamina, es una sensación tan agradable que uno quiere volver a repetirla y eso provocan las pantallas. 

Por supuesto que de esto hay cosas que son nocivas como las drogas. En este caso estamos hablando de la pantalla, y otras cosas que no son nocivas como comer chocolate. Pero cuando uno se aburre, cuando uno está en algún tipo de situación donde la mente empieza a bajar de revoluciones, necesita esa dosis de dopamina para volver a sentirse así y volver a repetir las acciones como lo hacemos con las pantallas. Y lo empezamos a hacer involuntariamente, y eso nos lleva a una adicción que creemos que no la tenemos, pero no nos damos cuenta que la tenemos y la padecemos todos los días. Y eso que sucede a nivel psíquico, después también tiene efectos físicos. Tiene una repercusión y una secuela que son bastante negativas, que nos vamos adaptando en parte. 

Lo que pasa es que llega un momento como cuando tenemos un barril debajo del agua sale a flote de una manera brusca, digamos. Llevamos problemas en los ojos, la curvatura del cuerpo, se empieza a deformar la columna y muchas cosas más. 

-¿Y dónde poner el límite? ¿Qué efectos causa? ¿Cómo se hace eso?

Como todas las cosas requiere de mucho conocimiento para poner el límite, pero también existe la necesidad de la ejemplaridad. Porque no solamente con la palabra podemos poner ese límite, que tiene que ser absolutamente claro y corto para que entre y quede. Hay que también someterlo a nuestros actos para que nosotros también hagamos lo mismo y no nos vean hacer cosas distintas a las que es transmitido. Eso es fundamental, transmitir con el ejemplo y con las reglas lo que queremos. Ese límite hay que ponerlo. 

Existe un límite muy claro: hasta los dos años no se debe usar ninguna pantalla, absolutamente ninguna. Porque es la época de la formación del cerebro, del aprendizaje emocional y de algo tan necesario como el contacto con otras personas, que cuando se limita tanto con las pantallas se pierde esa posibilidad de un aprendizaje que va a ser necesario para sostener el resto de la vida.

-Dada la crisis económica, ¿ves en consultorio o en tu trabajo diario problemas con la alimentación y los modos de vida? ¿Cómo se resuelve?

Nosotros estamos en un momento muy duro de crisis económica, algunos dicen social y política también. Creo que la problemática actual que tiene que ver con lo financiero, económico, familiar, llevado también a toda la crisis que tenemos hoy en los medios, porque la verdad que lo que se escucha permanentemente es todo negativo, y eso genera una sensación de angustia y de ansiedad permanente en los padres que no deja de ser transmitido en la casa, a los chicos. Entonces creo que un poco hay que salir de eso justamente, hablamos del deporte, del arte y demás, hay que salir a ese “fuera de línea”. A un fuera de línea para poder recuperar un poco esa paz interior y poder transmitir otro tipo de sensaciones en la casa, aunque la sensación sea angustiante. 

Trato yo siempre de pensar, y en la medicina sabrás que hay muchos temas que son demasiado complejos, que cuando uno se enfrenta a un problema particular, no debe utilizar la palabra “problema”. Recomiendo utilizar otro tipo de palabras como “oportunidad de mejorar” o “cuestión que resolver”. Porque si no, nos enfrentamos a una limitante que parte desde el miedo. 

 

 

 

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