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Llega otra novela de Ceballos: “Un caudillo inolvidable”

Por El Litoral

Sabado, 06 de abril de 2024 a las 20:16

Por Stella Maris Folguerá

 

Este libro se lee en el vértigo de un ritmo incesante, en un castellano de riqueza y pureza deslumbradoras.

No es fácil contar todo lo que sucede allí, aunque la historia se plantee como la simple situación de la construcción de un parque temático en la frontera entre dos pueblos, uno brasileño y otro uruguayo. El lugar fue el territorio que otrora dominó el caudillo Juan Francisco Pereira de Souza, en cuya vida abundaron episodios sangrientos y crueles, propicios para inventar aventuras entretenidas, a juicio de su promotor, un yankee que todo lo reduce al éxito de boletería de un buen negocio turístico.

Es un libro raro, original, colmado de genialidades, de ironías, de apelaciones a la sonrisa que acompaña casi permanentemente a la lectura aunque transcurra sobre escenas escabrosas.

Como todos los caudillos, Juan Francisco tiene mucho de prócer y mucho de villano y, por tanto, hay de él feligreses y denostadores, en una controversia a la que se suma la rivalidad de dos asociaciones esotéricas que intentan influir en las decisiones sobre el proyecto.

Pese a la aparente sencillez del asunto, no se cuenta de modo sencillo. Múltiples subtramas tejen esta trama, con personajes que provienen de orígenes y circunstancias disímiles (políticos, un intendente coimero, ingenieros, arquitectos, paisajistas, un maquillador peculiar, una prostituta, un historiador y un poeta decadentes, entre otros). La impecable construcción de sus historias y sus caracteres facilita al lector el transcurso por todo el texto.

Y están los fantasmas. El del dramaturgo Florencio Sánchez, el del propio Juan Francisco, con sus secuaces, que intervienen, entorpecen, tratan de impedir y más adelante de alentar esa reconstrucción grotesca de lo que fueron sus vidas.

Aunque trato, no logro evitar los adjetivos al reseñar este libro. Pocas líneas le bastan a José Gabriel para describir, para caracterizar, con precisión. Lo logra con recursos netos, con escenas que se desarrollan en lo absurdo y con un lenguaje lujoso.

Con ironía y un humor triste (sí, es posible), Ceballos usa la historia para pintar, con escala de pueblo, el “cambalache” latinoamericano del Siglo XXI.

En resumen: una obra admirable.

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