Especial Carlos Lezcano y Fernanda Toccalino
A veces, el sonido de los tucanes la sacan del tablero donde está dibujando. En un momento, como Mary Olivier, por fin hace lo que tiene que hacer y sale a buscarlos, levanta la vista y camina despacio, se hace liviana para que no se asusten. Los encuentra fácilmente porque sus picos son más anaranjados y brillantes con el sol de la mañana. Ve más allá un zorzal panzón que canta posado en la rama de un guayabo.
Eugenia va pintando el paisaje con la mirada: atrapa los blancos, estudia los marrones, compara los verdes, imagina como armar ése amarillo. Registra y arma “paletitas” con recortes de papeles, trazos de lápices de colores y pequeños ovillos de lanas.
Renombra los pigmentos con precisión experta: marrón tierra de mburukuja, verde kururu, azul mainumby, rosados tajy, gris palometa.
Así crea algo que sin embargo se fuga pero deja una huella de vida.
A través de sus prácticas artísticas, labores textiles como el bordado y el tejido, materializa imágenes de su entorno que la conmueven. Comparte sus vivencias con alegría, sus obras huelen a monte y río, saben a siesta, emocionan.Durante el mes de junio Eugenia Kusevitzky expuso en la galería El Vivero del Espacio Mariño. La muestra se llamó: “Mi color es un paisaje”. Para conversar sobre su obra la entrevistamos en el programa “Todos los Vientos” de radio UNNE.
¿Cómo surge la exposición?
Mi color es un paisaje viene hilvanando el proceso y mi trabajo entre las técnicas que investigo, las uso para mi práctica artística, es una mixtura, una mezcla que hay entre el diseño, la ilustración, el tejido, en relación a los lugares en los que estoy, o en realidad lo llamo como mi paisaje. Pero va más allá de una cuestión pictórica, a veces tiene más que ver con un espacio o con alguna puesta particular, tiene más que ver con una cuestión de los lugares que habito. Sigue por ahí profundizando en algunas cuestiones que fui trabajando, más que nada también en mis espacios de bordado. Trasladé mucho de algunas técnicas que usaba para enseñar o para transmitir por ahí teoría del color en algunos espacios de bordado. Fui recolectando así, pedacitos de cosas que hacen a mi proceso, creo, más que a una obra terminada.
Eso se pone en evidencia en la exposición, donde hay una serie de obras de distintos formatos y materialidades: dibujos, collages, bordados y tejidos que hablan de un entorno natural, de una fascinación por ese ambiente. Vivís en Puerto Tirol, rodeadas de colores, texturas y sonidos que de algún modo se reflejan en tus obras.
Hace mucho que ya no vivo en la ciudad, creo que 10 o 12 años. Viví primero en Santa Ana, cuando me fui de Corrientes Capital, y después directamente vine a vivir acá, a Tirol. Mi producción siempre está muy asociada a eso, porque es de donde encuentro lo que me gusta transmitir. Al principio, quizás cuando era más chica, sentía muy naif esa forma de solo representar lo que veo, o solo enfocarme en lo que estoy viviendo en tal o cual momento, pero con el tiempo eso es lo que fue enriqueciendo mi trabajo. Me interesan muchísimo los procesos de las personas, es algo que siempre me llamó más allá del resultado, cómo llega a esto, a mí siempre me maravilló eso, así que en esa búsqueda muestro mi forma de trabajar.
Mostras los procesos, y lo haces de manera muy transparente, muy generosa. Como si fuera una paleta, vas registrando los colores de tu entorno, abstrayéndote de si es un pájaro o una palmera, vas buscando ese verde en una lana, o ese naranja en el lápiz.
Esto que me decís me hace pensar, que siempre incursioné mucho, en la posibilidad de encontrar los materiales para lo que intento decir, hay técnicas que pueden nombrar mejor que yo lo que quiero decir, por ahí las palabras no se acercan, y ahí aparece a jugar un color, o hay veces cuando directamente no tengo ni color, ni palabra y encuentro en el tejido que tiene otro tiempo, por ejemplo, la forma en la que eso se canaliza es de alguna manera como un decir. Dibujar la chicharra en su momento tiene algo de esto, en el verano las tuve muy presentes porque convivíamos todo el día, levantarse y ya saber que estaba todo el tiempo ahí, y es de lo que me sale hablar. Comencé a tejerlas, porque el tejido tiene otro tiempo, y me permitía abrazar y transitar algunas cosas que estaba viviendo y escribiendo durante el verano. Cada medio, también te da esa posibilidad de encontrar, de transitar el proceso. Por ejemplo mi dibujo, es mucho más rápido, entonces lo hago cuando salgo o cuando estoy en el patio o en cualquier lugar fugaz que visito, siempre escribo y dibujo mucho también, pero creo que esa técnica mixta, que por ahí caracteriza mi obra, tiene también que ver con el tiempo del proceso.
¿Que se traduce eso, cómo hacer visual un sonido?
También me hace pensar mucho, cuando comencé a trabajar, en “Mi color es un paisaje”, había mucho de esto de hacer visible desde otro lugar lo que me rodea. Trabajo mucho con la creación de paletas, me divierte. Paletas latentes del paisaje, digamos, las encuentro ahí.
En la producción hay un patrón de tejido, o la creación de una paleta, que pueden ser tranquilamente ocupadas por cualquier persona que le interese y que sepa tejer, por ejemplo. Que otros puedan usar estos moldes o esquemas es de algún modo democratizar mis creaciones.
Acabas de tirar un título tremendo, “los colores latentes del paisajes” es muy hermoso, y dialoga con la citas acá, de Mary Olivier, que es muy impresionante, y dice: Alguien a quien amé una vez me dio una caja llena de oscuridad, me llevó años comprender que esto también era un regalo. Tal vez esta sea tu búsqueda constante, de descubrir allí en esa caja oscura una paleta donde hay algo latente. Creo que todo tu trabajo es encontrar que esta latencia se vuelva visible.
La verdad es que no soy una estudiosa del color, me encanta leer, obviamente he participado en muchos encuentros y grupos en relación al estudio del color. Desde el estudio está la cuestión de la luz y la oscuridad, que sin luz ni oscuridad no hay color. Y pienso en esa analogía de las cosas que nos pasan y que a veces son difíciles de transitar, pero que traen la certeza del crecimiento, de la luz, de la mejoría. Y sí, la poesía de ella me encanta, me moviliza muchísimo por esa contemplación de la naturaleza y esa forma de escribir algo increíble hasta de un bichito. Me maravilla esa forma de encontrar belleza.
Si bien hace mucho expongo en muestras colectivas, hace muy poco me estoy animando a mostrar o a nombrar como arte algo que para mí siempre ha sido un oficio y que lo veía más como entre oficio y artesanía y no tanto como arte. Pasando esos límites comencé a ver también, en esos versos como a cualquier hecho o cualquier situación que nos sucede. En mi caso fue por eso que elegí y pude generar un universo de colores, de explosión de color que no necesariamente era tan visible antes. Cualquier cosa buena o mala puede desencadenar una obra o una muestra, una fracción de tiempo en nuestras vidas que la podemos compartir, lo pensé más desde ese lado.
El texto cita algo que creo que compartimos, que la belleza es un refusilo.
Sí, es algo muy muy fugaz. Y la forma de transmitir lo que nos conmueve, para quienes estamos en el arte o en el mundo de la creación y de la reflexión y el compromiso, es re difícil; porque en realidad buscamos eso. Cómo mostrar las cosas que nos conmueven, que nos interesan y a veces no las encontramos, pero compartimos intereses en general. Compartir ese destello que sucede un momento, es difícil, es algo inalcanzable, parece e intentamos con mucha fuerza plasmar los destellos de ese refusilo.
También citando a Mary Oliver, dice: quien espera el milagro se lo encuentra. Me parece que hay una actitud ahí también.
Sí, a mí me encanta ella. Cultivar la paciencia en el hacer y mantener esa búsqueda del milagro, viva.
Desarrollas prácticas de diseño colaborativo, desdibujas los límites y haces un trabajo integral, vas aplicando y aprovechando todo lo que el diseño gráfico te ofrece, ya sea en un trabajo editorial, o en el trabajo con artesanos y artesanas. Valorás ese “hacer con otros”, de enriquecimiento mutuo. Cómo fue ese proceso y qué te da hoy en una obra más personal.
Sí, creo que eso desencadena mi búsqueda personal, luego de haber compartido tanto y de haberme enriquecido una cantidad. Trabajé mucho con artesanas, tanto en el interior de Corrientes como en el interior de Chaco, en su momento con artesanas indígenas, y en Corrientes con artesanas tradicionales, con técnicas súper variadas, pero generalmente más asociado al tejido y al bordado, a la fabricación de muñecos, de juguetería, porque ese fue un poco mi inicio en el compartir mis oficios.
De alguna manera siempre intento volcar toda esa experiencia, aunque sea muy exigente porque hay intenciones que quedan fuera, pero siempre arrastra lo vivido, lo aprendido en esos viajes y en ese compartir.
¿Cuál fue el trabajo o cómo fue el trabajo juntas con la artesana?
Había diseñado el patrón y ella, Diana Fernández, lo iba a tejer. Habla sobre los pastizales y las aves que lo habitan, y que están en peligro de extinción. A medida que lo fuimos trabajando el proceso cambió, Diana fue haciendo cambios en el patrón, íbamos haciendo juntas un trabajo de ajustes. Transformamos 5 hebras en un solo hilo, porque lo habíamos comprado al grupo de familias de NO’OXONEC - AGROECOLOGÍA DE FRONTERA, del interior del Chaco, que trabajan con hilo orgánico de algodón, entonces no teníamos el ancho de hebra, fue como un intercambio mucho más enriquecedor del que yo pensé o me imaginé que iba a ser. Entonces, más allá de mi diseño y su ejecución, terminó siendo quizás una intervención de ella sobre mi diseño y una ejecución en equipo, y fue un momento muy enriquecedor y emocionante para mí, cambio mi forma de crear y sobre todo de poner el cuerpo en la creación, en el movimiento.
Años después del Premio In Situ que ganamos con esa obra, fui seleccionada para trabajar con Maia Navas en la beca de artes visuales organizada por el Instituto de Cultura de la Provincia, en el 2024. Yo seguía arrastrando esta idea de generar o romper los límites entre arte y artesanía, que era lo que siempre me movilizaba, y decidí comenzar a ver qué me pasaba a mí como artista y qué podía generar yo, o qué podía mostrar yo de todo este proceso que me interesaba, y ahí comencé a pensar más mi obra individual, creo, que fue la primera vez que dije: esto es mío. Con la ayuda obviamente de todo el grupo, que fue increíble, es que yo logré generar algo con lo que me sentía muy contenta, aparte muy emocionada de haberlo terminado. Pero sentí que había abierto como una puerta acerca de qué mostrar o de cómo podía comenzar a darles forma y a encauzar todo lo que venía aprendiendo. Fue súper enriquecedor encontrar ese canal.
Creo que a veces es posicionarse y renombrar las cosas. Ese cuaderno de bitácora, un cuaderno de campo muy hermoso que se exhibió en ArteCo, se entiende como proceso y se valora también como resultado. Se ve todo ese tiempo de observación, de dejarse atravesar por el paisaje, de ser parte de la naturaleza. Se percibe en esa secuencia de páginas el tiempo de contemplación.
Más allá de esa obra que me llevó un tiempo específico, pienso en el tiempo que lleva realmente encontrar la forma que tiene algo a través de los años. Si no hubiese pasado todo lo anterior y no me hubiese animado o me hubiesen invitado a trabajar en la obra con la artesana no habrían tenido esta forma. “Confluencias”, la exposición de becarios en ArteCo 2024, fue como una instancia de cierre y de apertura, de poner todo, como hacer así un registro general de lo que una viene haciendo para organizarlo. Darle forma y bajar en un espacio y con ideas y motivaciones nuevas. Y creo que a partir de ahí mi producción artística, la textil, y también desde lo conceptual, va teniendo otra forma y otra fuerza. Y esto me llevó mucho tiempo: viviéndolo, pensándolo, trabajando y va teniendo esta forma hermosa que tiene para mí y que hoy abrazo. Por ahí se desdibuja más que otras veces, pero siento que sí, que va respondiendo a lo que me da mucho placer, dibujar lo que me rodea, obviamente también hay una cuestión laboral. A veces estoy mucho más vinculada con el diseño y con el diseño de libros, que es lo que a mí me encanta y de lo que trabajo también, siempre me gustó mucho y también voy canalizando ahí lo que fui trabajando en otros momentos, entonces está bueno encontrar esos lugares donde depositar ahí y compartir también lo que uno va aprendiendo, está buenísimo.
Vemos en tu obra y en los textos, que aparecen zorzales, la pesca, una tacuarita con un hilito y con un anzuelito, el río. Sos nadadora, entras al agua. ¿Cómo es este vínculo con la naturaleza? ¿Cuándo nace esto?
Hay un registro grabado en mi cuerpo que me lleva a mi infancia, al compartir con mis hermanos y mi familia siempre cerca del río, la pesca, el juego y quizás con los años al haberme recibido encontré en mi entorno personas que me dieron trabajos y proyectos que me vinculaban casi por completo con Corrientes, con el centro de la provincia, lagunas y palmares, y comenzando a trabajar en el diseño fue que comencé a encontrar, o a buscar lo que me diferenciaba y me da alegría compartir. Dentro de esas oportunidades que me dio la vida y que busqué con muchas ganas, comencé a trabajar desde muy chica con Hada Irastorza. Obviamente mucha de mi revalorización, mi valorización inclusive del lugar donde vivo tuvo que ver por comenzar a trabajar con ella, y siempre me vinculé con proyectos que tenían que ver con esto, con las artesanías, con los oficios, con temáticas culturales, naturales, y más de grande también cuando comencé a nadar y a viajar en travesías comenzó a tomar forma con otra fuerza. Cada acción que tomé me fueron llevando a estos lugares, y en mi caso creo que siempre intento ser muy condescendiente con mis decisiones, en general mientras puedo, y cuando no puedo nadar voy a remar y encuentro algo en donde poner atención y cuidado, y así voy construyendo este diálogo, a veces más fluido que otro, entre mi rutina, mis intereses y que este siempre cerca de la naturaleza.
Pienso en esa laguna que estaba frente a tu casa cuando vivías en Santa Ana que hoy está completamente seca. Tal vez vos naciste con las luchas por las cuestiones ambientales. ¿Esto atraviesa tu obra? ¿Sentís que de algún modo estás resistiendo o manifestándote? ¿Cómo ves el tema del cambio climático y del medio ambiente?
Sí, quizás desde mi parte artística intento generar resistencia, intento compartir lo más hermoso que puedan tener los lugares por los que ando. El otro día justamente preparando la muestra del Vivero, hablaba con Julia Rossetti, que es muy amiga mía, y le contaba y le transmitía alguna de estas incertidumbres que tenía y conversábamos un poco de estas contradicciones, el intercambio con ella en algún punto me dio esa certeza que a veces en mi obra se encuentra un registro que tiene mucho que ver con un registro ambientalista, me decía ella, como de esa transmisión de mostrar cómo son las cosas, de mostrar la belleza que tiene la naturaleza, de mostrar como lo que te rodea, el estado en el que te rodea, te tranquiliza, te calma. Pero obviamente entiendo y son muy consciente de las amenazas que nos rodean, del extractivismo, de la forma en la que vivimos, el descuido a la naturaleza, la violencia, el avance del cambio climático, soy muy consciente de eso y sin embargo, sin querer romantizar, encontré otras formas. Algunas mías, otros medios y herramientas que a me sirven para accionar en los lugares donde sé que puedo ser útil, como involucrarme con Defensores del Pastizal, donde siempre que puedo aporto ilustraciones o les comparto material que les pueda servir, también en diferentes fundaciones por el clima y por la naturaleza he generado material y bueno, creo que es un poco eso, poner a disposición las herramientas que se tienen para mejorar o para despertar, espabilarnos en la realidad en la que vivimos.
Creas conciencia sensibilizando el problema.
Sí, tengo esa esperanza de que las cosas se puedan revertir desde la ternura o quizás de demostrar la belleza desde otro lugar y desde ese momento. Creo que también cada artista va encontrando las herramientas y la forma de transmitir o de encontrar el cambio que quiere ver quizás desde diferentes lugares. Creo que el arte tiene diferentes frentes de acción.
“Como quien agradece lo que brilla y también lo oscuro, Euge pinta su paisaje con todos los colores —los visibles y los que se llevan adentro—, resistiéndose a dejar de mirar de frente.
Esta muestra es un jardín, un patio, una memoria dulce”.
Del texto de sala de su exposición en el Vivero, escrito por Alejandro Vallejos.