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Pese al hacinamiento en el Cocomarola, Lázaro Caballero puso a bailar al auditorio

En lo organizativo hay que decir que, por tercera noche consecutiva el anfiteatro se vio colapsado. El público sufrió demoras de más de una hora en los baños y para comprar comida e incluso quedaron afuera del predio personas que habían comprados sus tickets. En los artístico, la velada fue lujosa.
 

Por El Litoral

Jueves, 22 de enero de 2026 a las 16:13

VERÓNICA ECHEZARRAGA
Youtube infovero3518

Lázaro Caballero fue la figura central del miércoles en el Cocomarola, donde la 35.ª Fiesta Nacional del Chamamé comenzó a transitar su recta final, y todo indica que el pulso de esta celebración popular continuará acelerándose hasta alcanzar su punto máximo el domingo 24 de enero, fecha para la que ya no quedan entradas.

Con grillas sumamente taquilleras, el templo del chamamé viene colapsando desde el lunes y, aunque muchos festejan esto, hay que decir que la situación expone una vez más el hecho de que su infraestructura es insuficiente para sostener una propuesta cultural en franco crecimiento.  

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Con respecto a lo artístico, la sexta luna fue una atractiva vidriera para los subtipos musicales con que cuenta el chamamé. El miércoles quedó claro que, cuando hay respeto, la convivencia de gustos es posible e incluso necesaria.

Así, el virtuosismo del Chango Spasiuk y Cacho Bernal compartió fecha con el romanticismo de las Hermanas Vera, la historia viva del género en la figura de Nélida Argentina Zenon y la herencia del Taita del chamamé en la figura de su hijo Coquimarola, se combinaron con la juventud de Santiago Meza Urquidez y la potencia eufórica de Caballero.

Asistir al Anfiteatro Cocomarola durante las noches de la Fiesta Nacional del Chamamé debería ser una actividad placentera, pero no lo es y esto obedece a una sola razón, la sobreventa de entradas. Las únicas noches en que el público pudo disfrutar dignamente de los espectáculos fueron las tres primeras, cuando el Cocomarola completó su capacidad, pero no la sobrepasó.

Y aunque muchos naturalizan y celebran el colapso del predio, otros (como esta periodista) lo ven como una falta total de consideración por parte de la organización.

Que sea una fiesta popular no significa que los fanáticos del género deban aceptar ser sometidos a condiciones denigrantes como esperar hora y media para comprar comida o ir al baño. Tampoco es justo que se impida el ingreso al predio a quienes abonaron su entrada solo porque “el lugar ya está lleno”.

¿Y por qué el lugar se llena antes del ingreso de todos los que compraron sus tickets? Esto se puede responder haciendo una analogía con los colectivos de larga distancia, puesto que cuando en un bus alguien se queda sin asiento es porque el encargado de vender (o regalar) los pasajes no realizó bien su trabajo. En el chamamé, ¿quién es la persona que está haciendo mal su trabajo? Otro dato que se debería blanquear es “qué porcentaje de las entradas es sin cargo y qué porcentaje es puesto a la venta”.

La importancia de sanear estas cuestiones obedece al hecho de que, en caso de no mejorar, se pone en juego el prestigio de la Fiesta Nacional del Chamamé que hoy está en lo más alto. Podría caer en picada, arruinando la tarea de los que durante años se ocuparon de que el género deje de ser discriminado para convertirse en uno de los más respetados del país.

Con respecto a la gente que va cada noche a la fiesta, hay que reconocer que este público es noble (como sus artistas), son personas que aceptan, no se quejan, no reclaman. El chamamecero es dócil, pero al mismo sabe decir basta, y si se cansa del maltrato, solo se va, deja de asistir a los lugares y no mira atrás. Cuidar a las personas debería importar más que los números, por una simple razón: “humanidad”, pero paradójicamente, también por números.

La noche

Mientras debajo del escenario la gente estaba amuchada pero firme esperando a sus números favoritos, lo que sucedía sobre el Osvaldo Sosa Cordero era de primer nivel. La noche del miércoles comenzó fuerte con artistas de la talla de Paula Basalo, Nélida Argentina Zenon: “Creen que después de los 80 años la gente ya debe quedarse en su casa, pero no señores hay que cantar hasta que Ñande Yara lo decida”, dijo la mujer que desde hace más de 7 décadas difunde y defiende el chamamé.

Para equilibrar la balanza, después de Nélida fue el turno de Santiago Meza Urquedez que tiene 17 años de vida y 10 de trayectoria musical. Lorena Larrea Catterino es una de las grandes voces femeninas del chamamé y, con fiebre y todo, se presentó cuando el reloj marcada las 22 ofreciendo un espectáculo para el disfrute absoluto.

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Celestiales

Con pocas ganas de hablar y muchas de tocar música (como él mismo lo dijo), el Chango Spasiuk fue uno de los favoritos de la sexta noche. Como de costumbre, el misionero llegó a Corrientes con músicos que podrían ser considerados “la selección”, pues están para ganar cualquier mundial de sonoridad si es que este existiera. La música del Chango y su banda es celestial, y mirar a los artistas ejecutar cada instrumento es contemplar una obra de arte.   

El que estuvo a la altura fue Cacho Bernal, el percusionista que el año pasado se había presentado en esta celebración acompañando a Raúl Barboza en lo que fue su última Fiesta del Chamamé. A pocos meses del fallecimiento del mago del acordeón, Cacho le hizo un homenaje con otros tres músicos de alto vuelo (Roy, Peralta y Tarnovsky) y tocó las fibras más íntimas del sentir musiquero que todavía llora la partida de Barboza. El cierre fue con un video realizado por los organizadores de la fiesta, donde artistas de renombre hablaron de la trayectoria de Raulito.

Historia y trayectoria

Las Hermanas Vera y su chamamé auténtico y romántico son siempre uno de los números convocantes de la Fiesta. Dueñas de una poderosa historia musical y trayectoria de años, con solo ser nombradas, Rafa y Boni subieron la temperatura del Cocomarola. Y lo agradecieron brindando un show impecable que contó con la participación de la cantante referente del chamamé del Mercosur, Gicela Méndez Ribeiro, que este año, por razones que se desconocen, quedó fuera de la grilla artística. Solo subió al escenario mayor como invitada de Antonio Tarragó Ros (el viernes pasado) y ayer como invitada de las Vera que también invitaron a La Pilarcita.

Potencia formoseña

Lázaro Caballero fue anunciado como el número principal de la noche, y sin dudas estuvo a la altura del título. Acompañado por una excelente banda de músicos, el formoseño conocido como “la voz del monte” puso a bailar a Corrientes con un show fuertemente arraigado en la identidad de una región donde el chamamé es rey.

Un debate necesario

Si bien se hace una breve referencia a lo artístico, el objetivo de la nota de hoy no es contar quién cantó, cómo cantó y si al público le gustó o no.

La nota de hoy busca simplemente poner sobre la mesa un tema controvertido antes de que sea tarde. Algunos dicen que el hacinamiento en el Cocomarola durante las noches de la Fiesta del Chamamé se solucionaría llevando la celebración a otro predio.

Hay quienes creen que lo que falta son obras y están los que consideran que el problema se terminaría si el Estado dejara de regalar entradas. La solución hoy es desconocida, pero por algún lado hay que empezar. El aporte de esta periodista es simplemente poner el asunto sobre la mesa y sugerir que empiece el debate.

 

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