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Emma Fondevila o “la estación sin nombre”

Nació en Buenos Aires, en 1943. Licenciada en Filología Hispana por las universidades de Buenos Aires y Complutense de Madrid. Crítica y traductora; asesora literaria del programa de radio La poesía y los poetas, (Radio Villalba, Madrid). Vive en Madrid desde 1976. Publicaciones: Los silencios de Compadre Mon. Manuel del Cabral y su obra, (Estudio, Ferilibro, 2001), La piel del tiempo, Versos peregrinos (plaquettes), La deriva de los hemisferios (Lastura, Madrid), La vertical del tango (Juglar, Madrid), Habitar la sombra (Tigres de papel, Madrid), Palabra ya horizonte. Diez poéticas argentinas (Lastura, Madrid). Poemas suyos en Viento Sur, Margen Cero, Álora, Acanto y Vallejo & Co.

Sabado, 08 de febrero de 2025 a las 13:04

El asaltante nos trae voces vivas de la poesía argentina. Cada poeta nos acerca, además de poemas, su visión de la poesía. 

 

POÉTICA

¿Acaso la vida no es un camino cuya salida representa un misterio? El viaje es la búsqueda de esa salida que nos hace avanzar y retroceder, presas de titubeos y dudas. Hay que ir haciendo camino, sorteando dificultades, y mi forma de hacer camino es la poesía. Por eso muchos de mis poemas hacen referencia al proceso y a la dificultad de la escritura y plantean al lector la misma dificultad en el camino de la lectura ya que la escritura es una aventura en la que hay que contar con la complicidad del lector. El poema escrito no es más que una propuesta en la que el poeta va dejando pistas, sugerencias para que el lector, despojado de prejuicios, pueda olvidarse del diccionario y captar el clima que se genera en torno a la palabra al tiempo que va incorporando sus propias vivencias. De ahí surge el poema: de experiencias vitales compartidas o no, con las que cada uno se crea su propio poema. Para ello cuenta el poeta con esa ayuda fantástica que es la metáfora. Si yo digo: “La rosa es una flor hermosa”, eso no es poesía, es una opinión, pero si digo: La rosa es un remolino de pétalos que te atrapa, la palabra deja de ser hermética y se reviste de un nuevo significado. Aristóteles definió a la metáfora como una equivocación, y eso es lo que es. Una rosa no es un remolino de pétalos, todos lo sabemos, pero esa metáfora hace que la palabra pierda su hermetismo y nos permita avanzar en la construcción del poema. Por eso busco lectores comprometidos, que se impliquen en el proceso poético y compartan conmigo la desazón que representa la lucha contra la palabra, la creación de una complicidad que a veces creo que se encuentra más en todo lo que rodea al poema que en lo que queda escrito.  La escritura que quedó en los márgenes, en las tachaduras, en el camino que fue haciendo la escritura poética.

 

Muestrario mínimo 

"...porque fuerte como el amor es la muerte".

Cantar de los cantares 8, 6.



Una herida en el agua

Luces y sombras jugando al escondite en la fronda recién amanecida:

empalideció el verde ante el embate de la helada 

y el amarillo y el pardo son apenas destellos en el gris de la hierba aterida

    En tus ojos vi brillar un destello de agua rota

    y te estremeció el crujido de la escarcha pisoteada

La distancia lo borró casi todo

te llegaron debilitados los recuerdos de entonces

atenuados por la ausencia que los pintó de olvido

    No recuerdas ya cuándo empezó todo

    y presientes que pronto acabará sin avisar

    como el desesperado aleteo de un pájaro herido

    como tu férrea resistencia al paso del tiempo

 

Estación sin nombre

Lectura de la tarde entre el verano falaz y el no invierno

Vuelvo la pupila ojo adentro y exploro mis continentes-isla

en busca del hilo postergado que remonte mi espera 

Me arrastro por una vida 

perdida en la inexistencia

sepultada en la sima de hojas de esa estación 

-tiempo intermedio—

que a veces se resiste a llegar

Montada en un alarido de sombra 

protejo el fluir frente al miedo

 



El desarraigo 

Antes de lo que somos 

—o creemos ser—

fuimos materia desarraigada

    Flotábamos en el espacio

    —raíces al aire—

    —polvo desprendido de algún cuerpo estelar-

    a la espera de un suelo 

    donde improvisar la casa

Después fue todo deambular

ir de un día a otro

de un ser a otro

buscando lo definitivo

lo que nos permitiera aferrarnos a algo

en un mundo tan difuso

    tan inestable bajo los pies

Construcciones que se volvían escombros

Escombros con que volver a construir

    Y así una y otra vez 

    esa realidad borrosa

    esa amenaza de irrealidad

    esa aproximación al precipicio

Siempre al borde del volver a empezar

siempre la amenaza de lo perecedero

en cada vuelta de lo incierto



El poema

Formas que se van gestando en el silencio

Ausencia que se extravía 

        en un laberinto de tinta 

        en palabras que 

sin perder la resonancia del eco 

ocupan su lugar y lo evocan 

Una parte de lo escrito se escurre en el forjado

se disipa en el exiguo margen

entre el no ser y la tinta: 

tal vez AHÍ esté el verdadero poema

en la rebeldía de la palabra 

que 

aferrada a la mordaza

queda en las paredes silenciadas:

en lo que enmudeció en el vacío

 

El engaño

Hay un vórtice en el que convergen

desalentadas

las palabras muertas

    —infancia

    inocencia

    ingenuidad—

Todo lo borró el exilio

Presencias divagantes urden el engaño

disparando balas de luz falseada

contra un corazón incauto

que no llega a futuro

 

Oblicua y disidente

Extraviada en tu lengua

hecha un ovillo en la ternura de tu cerco 

    hoja al viento de tu torbellino

atravieso la palabra con que te existí

y me pierdo entre vocales y asonancias

Busco la guarida 

donde palpita el silencio en que me aguardas 

    Una aún-no-palabra me corta el camino

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