Las repercusiones del ataque de Estados Unidos a Venezuela y la posterior detención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, no se limitaron al plano político y militar. En medio de la conmoción regional, una de las voces que decidió expresarse públicamente fue la de Ricardo Montaner, quien recurrió a sus redes sociales para compartir un mensaje cargado de fe, emoción y un fuerte vínculo personal con el país que marcó su historia de vida.
Durante la madrugada del sábado 3 de enero, comenzaron a circular imágenes y videos que mostraban explosiones, vuelos rasantes de aeronaves y columnas de humo sobre distintas zonas de Venezuela, particularmente en Caracas. El impacto visual de esos registros generó una ola de reacciones a nivel internacional, y Montaner no fue ajeno a ese clima. A través de una historia publicada en su cuenta de Instagram, el cantante dejó un mensaje dirigido directamente al pueblo venezolano.
“Señor, cuida y bendice al pueblo venezolano. Llévate a los malos y permite que la paz reine y que tu amor y misericordia, guíen el futuro de todos los que te aman. Amén”, escribió el artista, acompañando el texto con los hashtags “Venezuela” y “Venezuela libre”, además de corazones con los colores amarillo, azul y rojo, en clara referencia a la bandera del país. La publicación fue rápidamente replicada por miles de usuarios y generó un fuerte eco entre sus seguidores.
Si bien Ricardo Montaner nació en Valentín Alsina, Lanús, provincia de Buenos Aires, su relación con Venezuela es profunda y de larga data. A los seis años se mudó junto a su familia a Maracaibo, ciudad en la que creció, inició su carrera musical y se consolidó como una de las figuras más influyentes de la música latina. Allí no solo desarrolló su vocación artística, sino que también formó su familia y construyó un fuerte sentido de pertenencia que, con el paso del tiempo, nunca perdió.
En el plano personal, Montaner fue padre de Alejandro y Héctor fruto de su primer matrimonio con Ana Rosa Vaz Pönicke, y luego amplió su familia junto a su segunda esposa, Marlene Rodríguez, con la llegada de Ricardo, Mauricio y Evaluna. Venezuela fue el escenario central de esos años, tanto en lo profesional como en lo íntimo, lo que explica la carga emocional de su mensaje en un contexto tan delicado.
Sin embargo, la inseguridad también marcó un quiebre en su vida. Un episodio de secuestro que lo afectó profundamente lo llevó a tomar la decisión de mudarse a Estados Unidos para priorizar su seguridad y la de su familia. “Uno no se va porque quiere. Uno se va porque la vida te obliga”, expresó en una entrevista tiempo atrás. A pesar de ese alejamiento físico, el cantante nunca dejó de manifestar su cercanía con Venezuela ni de seguir de cerca su situación.
Sus hijos Mau y Ricky también reaccionaron ante los acontecimientos. “No hemos pegado un ojo. Con el ron desde las tres. El momento que hemos estado esperando llegó. ¿Esto es real?”, escribieron en sus propias historias de Instagram. Más tarde, uno de ellos agregó: “Dios mío, aquí no hemos dormido”, mientras que el otro resumió su impacto emocional con una frase breve y contundente: “Dios mío, llegó el día”. Expresiones que reflejan cómo el conflicto volvió a sacudir a una familia atravesada por la historia reciente de Venezuela.
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