Si uno toma en cuenta cuántas de ellas habitan no solo en libros o diarios, también en afiches, folletos y paredes. Las no escritas, dichos que alimentan igualmente compartiendo nuestros espacios.
Es una invasión de mensajes, frases, consignas, dibujos diversos, como una gran pizarra dispuesta a ser leída, más el off de las palabras que como el viento se hacen oír dispersas y diversas.
Todo es útil para transmitir y engrosar el idioma cotidiano, al igual que ladrillos construyendo el saber popular. Y lo interesante que esas palabras lanzadas oralmente o visualmente, son la consecuencia de hechos y acontecimientos que afectan nuestro saber y entender.
Mucho tiempo, Argentina utilizó la vía pública con consignas porque siempre medró el afán del poder político, en busca de ese país soñado que jamás pudimos hacerlo dada nuestra actitud indiferente ante los hechos ciudadanos.
Los más osados paralelos a la historia: “Ni rusos ni yanquis. Neutralidad”. Cuya decisión tan criticada ante la posición tomada por el Gobierno Nacional ante la Segunda Guerra Mundial; como siempre sin riesgos ni compromisos, la Argentina se declaró neutral de la contienda, recién un día después de haberse firmado el armisticio de paz.
Creo que las cosas se solucionan reparándolas, y no obstante las frases hablan de por sí sumando una verdad absoluta, extrema, suficiente para conjeturar.
Otra frase que se hizo famosa, como consecuencia de haber sido expulsado: “Perón vuelve”. Ya, palpitando la democracia mancillada mucho tiempo por los gobiernos autoritarios, surgió una frase simple de dos palabras: “Ahora, Alfonsín”
Creo en esas palabras simples porque son frutos de la experiencia cotidiana, están en el aire en la vida cotidiana como el de la psicóloga, Elke Weber: “Perder algo nos duele el doble de lo que nos satisface ganarlo.”
Algo común por nuestra disconformidad sin par, perdimos él país, y lo perdemos siempre por nuestra ambivalencia sin remedio. Por eso nos duele y con razón, porque perdido resulta difícil recuperarlo.
El país, ahora está en terapia intensiva, tal vez con la última oportunidad, el “repechaje” para recomenzar con inflación que baja sorprendentemente y precios que suben como globos aerostáticos ganando altura.
El astrofísico, Neil de Grasse Tyson, toca algo común de la mediocridad nuestra: “Necesitamos que entre los políticos haya menos abogados y más gente habituada a tomar decisiones difíciles y a vivir con las consecuencias.”
Más que fanatismos, talento y capacidad para resolver con holgura los problemas específicos, honesta en todo caso que es una buena apertura, respetuosa ya que a los gritos, con bravuconadas nada se logra, más que el merecido rechazo.
Dice a propósito, Tysson, autor del libro “Cartas de un astrofísico”: “Ahora la gente te ataca si tienes una opinión opuesta a la suya. Antes tenías una conversación.” Sucede entre nosotros, si tenemos una opinión, que todos las tenemos, pasamos a ser casta.
Las cosas mejoran con la crítica, porque el deber del ciudadano es auditar a sus autoridades elegidas mediante el voto, y también tener el derecho de decir SOCORRO, cuando nada alcanza como la comida ni los remedios.
En esto de aprovechar para bien el decir simple del pueblo, expresar alegría o tristeza, o desconcierto como ahora, me hace tener presente una frase que fue común por su contundencia y cómico en la ironía desesperada por cambiar para mejor.
“Paren el mundo, que me quiero bajar..!” Como todo lo popular, explota, se difunde y casi siempre se pierde su origen instituyendo su autoría a personas que tal vez tuvieron, o no, nada que ver.
Eso ocurrió, que por su inteligente apelación se le asignó a ”Mafalda”, esa niña locuaz creada por el dibujante, Joaquín Salvador Lavado Tejón, “Quino”.
Comenzaron los razonamientos presumibles de “Mafalda”, el 29 de setiembre de 1964 en el Semanario “Primera Plana”. Primero protagonizó un personaje de identificación de una campaña publicitaria, de productos electrodomésticos “Mansfield”.
Posteriormente a “Primera Plana”, también su sapiencia habitó Diario “El Mundo”, hasta su explosión en Revista “Siete Días”. Tal fue su éxito, que su editor para cuadernillos que acompañaron su masificación, Daniel Divinsky el de Ediciones “La Flor”, dijo al respecto de los equívocos para la BBC y sobre lo supuestamente expresado por “Mafalda”:
“La forma en que se crean los mitos urbanos es absolutamente misteriosa, los sociólogos han hablado de desentrañarla y raramente no se encuentra la raíz. Empieza a correr, se impone y lo falso queda como verdad con el paso del tiempo.”
La frase es ricamente maravillosa en elocuencia, de una verdad verdadera aplicable a los días que vivimos. Sabemos que pudo haber sido “Mafalda”, pero hasta su propio autor lo afirmó, ella no lo dijo, ni tampoco hubiese querido que el mundo se detuviera.
Creo que las cosas se solucionan reparándolas, y no obstante las frases hablan de por sí sumando una verdad absoluta, extrema, suficiente para conjeturar. Suicida, rompiendo el equilibrio pero dándonos un respiro aunque pasajero:
“PAREN EL MUNDO, QUE ME QUIERO BAJAR..!”