El próximo lunes 20 de abril, CIPPEC celebrará su Cena Anual y reunirá a una diversidad de actores de la política, del sector privado, de la cooperación internacional y de la sociedad civil bajo la consigna de “Crecer o crecer”. Este lema se vuelve un imperativo en un país que lleva una larga temporada estancado. La urgencia pasa por construir una agenda de futuro que se apoye en acuerdos básicos que permitan reconstruir la confianza y, a su vez, plantear una mirada común de largo plazo que permita alinear a la sociedad en su conjunto alrededor de una estrategia de desarrollo sostenida. En esa estrategia, la educación está llamada a tener un rol central y lo cierto es que el estancamiento generalizado también tiene su manifestación en el sistema educativo: alrededor del 40% de los estudiantes del último año de la secundaria tienen niveles bajos en Lengua, un porcentaje que llega al 85% en el caso de Matemática. Estas figuras dan cuenta de las dimensiones y la relevancia del desafío en materia educativa.
Una mirada hacia el futuro nos obliga, además, a comprender las tendencias y procesos que hoy están en marcha en la sociedad. El cuestionamiento a las instituciones que tradicionalmente ordenaron a la sociedad y el fenómeno de la desafiliación golpean directamente a la escuela y corroen la autoridad pedagógica de los docentes. La notable caída de la natalidad está teniendo ya un impacto en la demanda educativa que se profundizará en los próximos años, lo cual abre una ventana de oportunidad para atender problemáticas persistentes del sistema educativo. La irrupción de la IA, las transformaciones tecnológicas y la perspectiva de sectores productivos -como la agroindustria, energía, minería, economía del conocimiento- con potencial de motorizar el despegue y generar encadenamientos de industrias y servicios invitan a sintonizar el sistema educativo con el mundo del trabajo.
Los cambios demográficos, tecnológicos y productivos requieren de una transformación educativa. Una agenda en esta línea debe garantizar el acceso a una educación de calidad desde la primera infancia, proteger y ampliar el tiempo escolar fundamentalmente para quienes parten de situaciones desaventajadas, promover a la IA como una herramienta de apoyo tanto para una gestión inteligente apoyada en datos como para la tarea docente, asegurar escuelas con buenas condiciones de infraestructura y equipadas con material didáctico y alinear las demandas de la matriz productiva con las propuestas formativas del sistema educativo, sobre todo en el nivel superior. Ahora bien, las mejoras necesarias solo podrán ser encaradas fortaleciendo a los docentes y allí reside la clave de la transformación educativa.
Un país que no apoya y reconoce a sus docentes condena cualquier proyecto de mejora educativa. La situación de los docentes argentinos, atravesada por salarios y condiciones de trabajo insuficientes, formación deficiente y una carrera con pocas oportunidades de desarrollo profesional, está lejos de poder movilizar las mejoras educativas que el país requiere y estas no pueden sostenerse únicamente en buenas intenciones y esfuerzos individuales. Países y estados subnacionales que han logrado mejoras sistémicas y sostenidas en educación, han apostado por la docencia como motor de ese proceso. Argentina necesita una política docente que defina un esquema de formación, ejercicio y desarrollo profesional que honre la relevancia de la profesión y establezca reglas claras que reconozcan e incentiven el buen desempeño.
Poner en valor la profesión docente y activar una agenda de mejora educativa es impostergable si se pretende tener una visión de futuro y desarrollo. Esta no es tarea de un gobierno ni de un sector, sino un esfuerzo colectivo que requiere de toda la sociedad. En CIPPEC estamos llamados a colaborar y aportar a la construcción de una agenda futura, contribuyendo a un diálogo estratégico con distintos actores de la política, los docentes, la sociedad civil y el sector productivo, y aportando evidencia, visión de largo plazo y capacidad de articulación.