La artista correntina Josefina Madariaga presenta en la Ciudad de Buenos Aires su nueva muestra La niña carbonilla, una propuesta que combina arte visual, memoria y territorio, y que puede visitarse hasta el 23 de abril en el Centro Cultural Rojas.
La exposición, con curaduría de Rodrigo Alonso, fue inaugurada el 6 de marzo y se desarrolla sobre la tradicional avenida Corrientes, a pocos metros del Obelisco. Pero no se trata solo de una muestra estática: el proyecto incluye una agenda de “activaciones” con performances, música, charlas y visitas guiadas.
“Pensé la muestra como algo más amplio, con actividades durante todo el tiempo que dure. Hay encuentros, conversatorios y propuestas en vivo que dialogan con la obra”, explicó Madariaga en diálogo con Hoja de Ruta.
Una figura que representa muchas historias
Lejos de ser un personaje individual, “la niña carbonilla” funciona como símbolo.
“No es una niña en particular, sino que representa a muchas. Es una voz que busca visibilizar historias, sobre todo vinculadas a la memoria y al territorio”, señaló.
La obra tiene un fuerte anclaje en la ruralidad y en la experiencia personal de la artista, nacida en Mercedes, Corrientes. Desde allí recupera elementos de la vida en el interior, los saberes vinculados a la naturaleza y una estética atravesada por lo simbólico y lo misterioso.
“Hay algo de lo cotidiano rural que puede parecer extraño o incluso oscuro para quien no lo conoce, pero en realidad es parte de un saber profundo, de convivencia con la naturaleza”, explicó.
Entre lo íntimo y lo colectivo
Madariaga reconoce que su proceso creativo no responde a una planificación rígida.
“Es más bien dejar salir. Trabajo desde lo inconsciente y después aparece el análisis. Muchas veces surgen cosas que no busqué, pero que se repiten”, contó.
Esa búsqueda estética convive con otra dimensión clave de su trabajo: la gestión cultural. La artista no solo produce su obra, sino que también impulsa sus propios proyectos y genera redes para sostenerlos.
“No es fácil, es trabajo. Pero al vincularse con otros se abren puertas. Hay algo de lo colectivo que viene también de crecer en el interior”, sostuvo.
Crear desde el interior, proyectarse en la ciudad
Radicada hace años en Buenos Aires, Madariaga también reflexionó sobre lo que implica construir una carrera artística lejos del lugar de origen.
“Es complejo vivir en Buenos Aires. Uno muchas veces se siente por fuera, pero también encuentra comunidad con gente del interior. La ciudad está hecha de esas mezclas”, afirmó.
Con esta muestra, la artista no solo consolida su proyección en el circuito cultural porteño, sino que también pone en escena una mirada que nace en Corrientes y dialoga con problemáticas más amplias: la identidad, la memoria y los territorios invisibilizados.