En el norte de Corrientes, cerca de los Esteros del Iberá, un establecimiento ganadero encontró en el búfalo una solución productiva donde la vaca no funcionaba. La historia es la de San Antonio, en Loreto, y de una decisión que transformó por completo el sistema productivo.
Marina Born, socia del establecimiento Los Caldenes, repasó en el programa de streaming de El Litoral, Perfil Productivo, cómo comenzó el vínculo con la provincia y el giro hacia una actividad poco tradicional en la Argentina.
“Llegamos a Corrientes buscando expandirnos hacia el norte. Era una zona donde la ganadería se estaba moviendo, pero nos encontramos con un campo muy complicado por el agua”, explicó.
El establecimiento está ubicado en una zona de humedales, con influencia del estero Malo y el río Santa Lucía. Las inundaciones recurrentes hacían inviable el modelo ganadero tradicional.
“El campo se inundaba mucho y la ganadería no cerraba. Los números no daban y no encontrábamos una solución”, recordó.
El descubrimiento que cambió todo
La clave apareció casi por casualidad: un pequeño grupo de búfalas que ya estaban en el campo.
“Había unas quince búfalas. Empezamos a probar y vimos que los resultados eran muy superiores”, contó.
El cambio fue contundente. Mientras el ganado vacuno requería mayor manejo, alimentación y costos, el búfalo mostró una adaptación natural al ambiente.
“El ternero de búfalo se cría prácticamente solo. A los pocos días ya está en el agua, no tiene problemas sanitarios y los índices productivos son muy altos”, explicó.
Los números confirmaron la decisión: niveles de preñez cercanos al 85% y destetes de hasta 200 kilos, muy por encima del promedio del ganado vacuno en ese tipo de campo.
“Con la vaca teníamos que destetar temprano y alimentar. El costo era alto. Con el búfalo, el costo es mínimo y el rendimiento mucho mayor”, resumió.
Un cambio estructural
El proceso fue progresivo, pero terminó en una decisión de fondo: abandonar la ganadería vacuna en ese campo y volcarse completamente al búfalo.
“Cuando llegamos a 200 animales dijimos: hay que cambiar todo. Y transformamos el campo 100% a producción bubalina”, señaló.
Hoy el establecimiento cuenta con cerca de 4.000 madres y avanza en un programa de mejoramiento genético.
“El objetivo es claro: producir el ternero más pesado posible, con buena estructura y adaptación al ambiente”, explicó.
Para eso, trabajan con genética nacional e internacional, incluyendo líneas italianas, y comenzaron a registrar animales e implementar inseminación artificial.
De nicho a oportunidad
Aunque durante años el búfalo fue visto con desconfianza —por su tamaño o su temperamento—, Born aseguró que esos prejuicios se fueron disipando.
“El búfalo no es agresivo si está bien manejado. Es una cuestión de manejo y de acostumbrarlo a la presencia humana”, afirmó.
Además, destacó que el animal presenta ventajas clave en ambientes difíciles: resistencia a parásitos, menor costo sanitario y mejor adaptación a zonas inundables.
Potencial de crecimiento
El caso de San Antonio refleja una tendencia más amplia: el crecimiento de la producción bubalina en la región.
“Es una especie que todavía no explotamos ni un poco. Argentina tiene un enorme potencial, sobre todo por la cantidad de humedales”, sostuvo.
A nivel global, la carne de búfalo tiene un mercado consolidado. Países como India, Brasil o Colombia muestran escalas productivas muy superiores.
“Es una oportunidad enorme. Ya hay un convencimiento productivo, ahora el desafío es desarrollar la industria”, indicó.
En ese sentido, consideró clave la radicación de frigoríficos y el desarrollo de la cadena de valor.
“Todo lo que sea industria va a ayudar a consolidar el sector”, aseguró.
Entre limitaciones y fortalezas
Como en gran parte del interior correntino, los desafíos siguen estando en la infraestructura.
“El agua y los caminos son las principales dificultades. Hay zonas del campo donde es difícil acceder”, explicó.
Sin embargo, destacó un factor clave para el desarrollo: el capital humano.
“La mayor fortaleza es la gente. El correntino tiene una habilidad enorme para el trabajo a caballo y para este tipo de producción”, afirmó.
Actualmente, una parte significativa del equipo de la empresa está conformada por trabajadores de Corrientes, incluso en otros establecimientos del grupo en el país.
Producción, ambiente y futuro
Además de la producción, el establecimiento convive con un entorno natural de alto valor ambiental, con fauna autóctona y ecosistemas de humedal.
“Es un lugar con una biodiversidad increíble. El búfalo convive perfectamente con ese entorno”, destacó.
Con la mirada puesta en el largo plazo, el desafío pasa por seguir profesionalizando la producción sin perder identidad.
“Somos la cuarta generación en el campo. Crecimos con esto y queremos seguir innovando”, concluyó.