Enviada Especial a Gramado, RS, Brasil.-
Qué difícil es describir Gramado. No visité Europa ni Suiza -como algunos extranjeros insisten en compararla-, pero puedo dar fe de que es muchísimo más que eso. Gramado es una ciudad hecha de historias: en sus calles, en sus edificios, en su gastronomía, en su música, en su inmensidad natural. Pero, sobre todo, en su gente. Y a solo 13 horas en auto desde Corrientes Capital, tiene mucho más que ver con nosotros de lo que parece.
Podríamos empezar por su clásica arquitectura, heredada de los colonos italianos e inmigrantes alemanes que poblaron esta ciudad de 40 mil habitantes, al sur del país hermano, Brasil hace más de 120 años. Pero mejor empezar por sus lugareños: aquellos que, a pesar de la barrera del idioma, abren con una sonrisa las puertas de sus tiendas, restaurantes, comercios y chocolaterias a los argentinos.
Créditos: Cleiton Thiele
Acá la sonrisa parece ir primero. El deseo de mostrar que su ciudad es, para ellos, la mejor del mundo, antecede a cualquier intención de venta. Gramado deja una sensación persistente: la de querer volver. Volver para reencontrarse con ese aroma floral que atraviesa cada calle y lobby; para caminar con una tranquilidad poco habitual para nosotros, donde por un momento uno deja de pensar en la inseguridad a la que estamos acostumbrados. Porque en Gramado, hace al menos un año que no se registran robos.
También volver para sorprenderse con la educación cotidiana: el tránsito sin bocinazos ni apuros, donde nadie te pasa por encima en una esquina y la regla principal entre vecinos parece ser siempre la misma: frenar y dar paso al peatón. Y volver para visitar todas las excursiones que quedaron, porque una semana no es suficiente cuando una ciudad tiene más de 60 atracciones por visitar y decenas de chocolaterías inspiradas en nuestro amado Bariloche.
Créditos: Cleiton Thiele
Gramado es gigante y pequeño a la vez. Lo que podríamos pensar se trata de un pequeño pueblo en la Serra Gaúcha, las opciones son tantas que no se lo termina de conocer por completo en siete días. Con propuestas para toda la familia como Mini Mundo o NBA Park; el recorrido en el Parque Olivas de Gramado para los que tienen un paladar que admira degustar aceites o activar el olfato con perfumes cítricos; o la caminata al “Pé da Cascada Caracol” en el límite entre Gramado y Canela para los más aventureros; o desayunar en el Castelo Saint Andrews con vista al profundo “Valle del Quilombo” para los más excéntricos y refinados. Sí, Gramado parece interminable ¿no?
¡Y ni hablar de que los gramadenses están “sempre de festa”! “Si vuelven dentro de un mes, todo va a ser diferente”, escuché en más de una experiencia. Porque donde la Navidad es la más larga del mundo, hay siete eventos consecutivos durante el año. Por ejemplo, en marzo la Choco Páscoa colmó las calles de tiernos conejos artesanales y huevos de pascua. Pero apenas pase la Semana Santa, los vecinos se van a preparar para la “Festa da Colônia”; después para la llegada del invierno que es un evento en sí mismo por las bajas temperaturas y la expectativa de si nevará o no; la Fiesta del Cine Gramadense y el Natal Luz -o mejor dicho- la celebración navideña más larga del mundo.
Y la comida… ese sí que merece una crónica viajera aparte. Es que en el país donde pensamos que sólo hay comida playera, Gramado sorprende otra vez y esta vez con nuestro parecido gastronómico. Las carnes y las pastas son el corazón de cualquier “cardapio”. La carne premium de MLBK compite muy bien con cualquier asado argentino. También lo que podría ser un plato delicioso de pasta de cualquier nona argentina en Pastaciutta o en el exquisito Soleil Casa Perini donde cocinan con harina italiana enmarcados en ambientes de madera artesanal.
Gramado es ese lugar donde el secretario de Turismo de la ciudad te recibe en persona y es un excelente guía turístico. “El 50% de nuestros visitantes viene por turismo familiar y con niños; el 30% en pareja ya que es considerada la ciudad del amor y el restante con amigos y excursiones naturales”, explica a El Litoral, Ricardo Bertolucci Reginato, según datos del Observatorio de Turismo de Gramado, recolectados en empresas telefónicas y hospedajes de la ciudad.
Bertolucci explica que su ciudad se sostiene gracias al turismo y, por consecuencia, cada comerciante trabaja en perfeccionar día a día sus servicios, propuestas y -sobre todo- su idioma español. “Este año vamos a hacer cursos de español dirigido a trabajadores porque es increíble la cantidad de uruguayos y argentinos que recibimos”, indicó. Sin embargo, hay que reconocer que el cantito brasileño de los gramadenses es perfectamente comprensible para cualquier correntino/a.
Gramado, además, está mucho más cerca de Corrientes de lo que parece. Para quienes eligen viajar en auto, el recorrido más directo es cruzar la frontera por el Puente Internacional Paso de los Libres-Uruguaiana y tomar la BR-290 en Brasil, una ruta en buen estado que conecta con la Serra Gaúcha. En total, son alrededor de 15 horas de viaje desde Corrientes.
Para quienes prefieren el avión, la opción más habitual es volar desde Corrientes con escala en Buenos Aires hasta Porto Alegre. Desde ahí, el trayecto continúa por vía terrestre: poco más de una hora y media en auto hasta llegar a Gramado. En ese tramo, servicios de traslado como Brocker Turismo facilitan el recorrido. Conductores como Thiago no solo acompañan el viaje, sino que también suman contexto con explicaciones que funcionan casi como una introducción turística antes de atravesar el portal de entrada a la ciudad.
En conclusión, Gramado es ese lugar donde cada quien que va, va querer volver, lo dice Bertolucci mientras nos convida un delicioso pão com linguiça. Pero también todo guía, fabricante de chocolates o comerciante. Porque como nos dijo Fabiana Costa RP del tan especial restaurante Cinema Paradiso -ubicado en la rua coberta- e inspirado en el cine gramadense: “É maravilhoso viajar, mais ainda mais maravilhoso voltar para casa com essas lembranças”. Y si es de Gramado, créanme que serán inolvidables.