Milagros Caliva nació en Capital Federal y vive en Laferrere, provincia de Buenos Aires. Tiene 16 años, desde los 7 toca el bandoneón y eligió el chamamé para comunicarse con la gente, el chamamé bien auténtico y al estilo de don Isaco Abitbol.
En contacto con El Litoral, esta jovencita que el año pasado participó de la Fiesta Nacional del Chamamé y del Mercosur como parte del grupo de Blas Martínez Riera, recordó que fue “un escenario impactante, me dio un poco de miedito, pero lo pudimos sacar adelante”. Anteriormente estuvo en el Festival del Auténtico Chamamé en Mburucuyá (2009) y ahora se prepara para asistir, ya con su propio conjunto, al Festival del Chamamé en Federal (Entre Ríos).
La vida de Milagros se puede recorrer en fotos a través de Facebook; para escucharla tocar su música, basta con ingresar a Youtube. Pero para saber de sus comienzos, acá va la historia contada en primera persona: “Mi abuelo Carlos Loose era misionero y tocaba el bandoneón, así que de mirar aprendí y en cuanto pudo me subió al escenario, yo tenía 7 años y fui sumando experiencias. Para los 9 años ya formé mi propio grupo”.
Chamamé y bandoneón, una dupla que entusiasmó a Milagros y más cuando conoció a Blas y Ernesto Martínez Riera (los gemelos, hijos de Blasito) y durante un año actuó en lugares como Radio Nacional, ND Ateneo, entre otros, y grabó el disco “Obras cumbres”.
Al estilo de don Isaco
Pero con aportes propios. Además de su simpatía, Milagros Caliva se presenta en cada actuación vestida a la usanza del gaucho. De camisa a cuadros y pañuelo al cuello, bombacha y cinto ancho, sombrero y poncho, la jovencita se arrodilla ante el público y comienza a tocar.
“Con mi abuelo di los primeros pasos, saqué algunas cosas sola y me fui perfeccionando con distintos profesores. Ahora voy al Conservatorio de Música de Morón y curso el último año de la secundaria. Voy a seguir una carrera que tenga que ver con la música seguro”, adelanta.
Después de Blas, Milagros formó parte de otro grupo liderado por Mario Sandoval. Vuelta a los Martínez Riera, visitó Corrientes y participó de su fiesta en enero del 2011.
“Hace un año que estoy como solista de mi propia formación, con Marcelo Puente en guitarra, Fabián Ibáñez y Osvaldo Robledo en guitarra y canto. Mis referentes en el chamamé son Isaco (Abitbol) y Julio Lorman, Avelino Flores y Martínez Riera. Hago algo de tango, me gustan Rodolfo Meleros, Piazzolla y Di Filipo. Me gusta el folklore, pero si tengo que elegir, está complicado”, se excusa.
Palabra de mamá
Silvia (de Montecarlo, Misiones), es la mamá de Milagros. Está orgullosa de sus hijos que vinieron “de a dos”, ya que Milagros es melliza con Angeles y antes están dos varones de 19 años.
“Milagros es muy exigente en todo, con la música y con sus estudios, este año fue primera escolta en el colegio”, dice sin ocultar el placer que le causa agregar ese renglón a los datos de su hija. La familia se trasladó siempre que fue necesario para acompañar a la pequeña en sus incursiones artísticas. “Papá falleció hace un año, todos los temas se los dedica a él desde entonces”, agrega Silvia, hija de ese señor misionero del que Milagros heredó pasión chamamecera y un instrumento: el bandoneón, legado que atesora.
Como aquella calandria de don Isaco Abitbol, que un día, hace 70 años, se alzó en vuelo para cautivarnos desde su cielo, son muchos los continuadores del “Patriarca del chamamé”.
Los jóvenes avanzan sobre este género musical, algunos prendidos a su poesía; otros inspirados en sus instrumentos, aquellos en el giro de un baile. El tiempo no ha permitido borrar las huellas que casi sin querer se hicieron leyenda.
Bajo el cielo de Buenos Aires y en la tierra que es de todos, Milagros Caliva toca chamamé en su bandoneón. Habla de Isaco y lo invoca en su memoria. De rodillas ante el público, la reverencia es para la música que su abuelo le enseñó a querer. “Me gusta que sean así, bien auténticas”, dice al mencionar entre sus preferidas a “La calandria” y “El zaino”. (MM)