Luego de la inauguración de la temporada de verano 2017/2018 con la habilitación de la playa “Arazaty I”, El Litoral visitó el balneario comunal ubicado en el barrio Molina Punta y en diálogo con el personal municipal apostado en el lugar, pudo saberse que en su momento la casilla de los guardavidas fue incendiada junto con elementos necesarios para los casos de urgencias y las sombrillas. Además se constató el funcionamiento de uno de los sanitarios de los tres que hay en el predio, dado que se robaron los inodoros, la pileta y la canilla.
Promediando las 16.30 de ayer, El Litoral visitó uno de los balnearios más alejados del casco céntrico, pero no menos concurrido, ya que ayer y a pesar de que la temperatura sólo alcanzaba los 26° se encontraban unas 150 personas. Se debe señalar que si bien no se encuentra habilitada, había gente en el agua y otras tantas tomando sol en la arena.
Al ingresar al barrio Molina Punta por la calle Las Margaritas, luego de más de 15 cuadras y a 3 de la finalización del recorrido del transporte urbano, se encuentra el balneario que si bien no es muy grande, su belleza y clima familiar atrapa a los que lo visitan.
Y si bien resta su habilitación, en el ingreso se observó la ausencia del personal de Guardia Urbana, que había el año pasado, de acuerdo a lo informado por los trabajadores. Los autos a diferencia de otros años se encontraban en el predio, entre la gente, que aprovechaba para colocar música desde los móviles.
Pero caminando por el lugar y analizando la dicotomía evidente con las playas de costanera Sur y en diálogo con Roque Aranda, uno de los guardavidas, se tomó conocimiento de las necesidades y del estado de abandono. “En agosto incendiaron nuestra casilla, ahí teníamos todas nuestras cosas, estaban las sombrillas, los torpedos, los chalecos, sólo quedó la base porque es de cemento, todo lo otro era inflamable”.
En cuanto a la seguridad en el predio por la noches dijo que “antes teníamos un sereno, después se fue y desde ahí comenzó todo, primero se robaron la canilla, después la pileta y después se llevaron 2 de los 3 inodoros. Ahora sólo hay un baño, los otros dos lo usamos de depósito, pero tampoco dejamos mucho por los robos. Me río cuando la gente me pregunta cuál es el baño de damas y el de caballeros”.
En referencia a la cantidad de personal municipal que trabaja en la playa dijo que “somos dos por turnos y hay 3 personas de limpieza, pero somos pocos para la cantidad de gente que viene. Ahora deben estar unas 150, pero por lo general los días de calor son más de 500 y no alcanza”.
“Contábamos con personal de Seguridad Urbana y eso nos ayudó mucho, porque los chicos ya saben que no pueden tomar alcohol y entonces esta playa se volvió más familiar, por lo que no solemos tener problemas. Ahora estamos haciendo más prevención, ya que no está habilitada, pero la gente entiende, por ejemplo en aquella zona (señalando el Norte) no dejamos que nadie entre porque está el remanso”, explicó.
“Entre todos nos ayudamos, ahora los autos están acá abajo, pero cuando hay mucha gente o hace mucho calor, no los dejamos entrar, uno se pone arriba y organiza los autos, otros cuidamos abajo y así nomás, la gente la pasa bien y eso es lo importante”.
En cuanto a la inauguración del balneario, Roque desconoce la fecha, pero sostiene que “tienen que arrancar con todo de nuevo y espero que no pase lo mismo que el año pasado, los baños estaban en febrero, cuando terminó el verano”.
Por su parte Daniel y Claudia, un matrimonio que vive en el barrio hace 28 años y que siempre asisten al balneario, al ser consultados sobre el estado de la playa, Daniel tomó la palabra y dijo “lo único parecido con las otras es la arena, después no hay nada ni baños, de esta playa siempre se acuerdan último, cuando termina la temporada”, mientras que Claudia comento que “esta es una playa abandonada, siempre le faltan cosas, no sé por qué no se le da la misma importancia que a las otras, es familiar y muy linda” y agregó que “las obras se deben iniciar antes de noviembre y habilitarlas, es un peligro no contar con boyado”.
En cuanto a la ausencia de una cantina que venda hielo, gaseosas y otros elementos que se ofrecen en cualquier balneario, sostuvo que “antes había una, pero con la crecida, la movieron y después se inundó y ya la perdimos, acá tienen que traer todo o sino salir a comprar a los kioscos más cerca”.
En el lugar el único puesto de comida es el que pertenece a Nelson y Andrea, que venden torta parrilla. Y mientras ella amasaba, Nelson comentó a El Litoral que “nosotros estamos hace 18 años acá, los días de mayor venta son los domingos, pero también la playa se mantiene porque entre los vecinos la cuidamos” y señalando unos arbolitos dijo “estos sauces los plantamos nosotros y aquellos que ya son grandes, los pusimos hace más de 5 años. Esto que hay es a pulmón, fue hecho por los que estamos acá, pero algunas cosas nos superan y ya no podemos hacer más”.