¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

PUBLICIDAD

Dispares expresiones

Por El Litoral

Miércoles, 20 de septiembre de 2017 a las 01:00

La variedad cultural de los argentinos está perfectamente marcada. Es palpable a diario y a simple vista.
Están quienes responsable y educadamente opinan sobre determinada cuestión. Y también están aquellos que reaccionan mal y con violencia sobre el mismo tema.
Dos hechos mostraron en estos días la diferencia al que hacemos mención. Por ejemplo, el pasado domingo primaveral brindó el clima ideal. Y una multitud de casi 4.000 personas llegó hasta la plaza seca que está junto al Teatro Colón para ver, desde la pantalla gigante, la función de La Traviata, de Giuseppe Verdi, que se llevó a cabo en el interior del Coliseo porteño.
Las 1.500 sillas fueron pocas para la cantidad de gente que, en familia, mate y facturas en mano, disfrutó de una tarde de ópera bajo el sol de Buenos Aires, a metros de la avenida 9 de Julio y con el imponente Colón como marco.
En tanto, el lunes agrupaciones políticas y organizaciones sociales y de derechos humanos realizaron una marcha hacia Plaza de Mayo a 11 años de la desaparición de Jorge Julio López.
La movilización, convocada por el Encuentro Memoria Verdad y Justicia, tuvo más de cinco cuadras de extensión y partió desde el Congreso de la Nación.
“Estamos pidiendo por mi viejo y por Santiago Maldonado”, dijo Rubén López, hijo del testigo del juicio contra el genocida Miguel Etchecolatz.
Desde el escenario de Plaza de Mayo leyeron: “Castigo a los responsables políticos y materiales de sus secuestros. Fuera (Patricia) Bullrich y fuera (Pablo) Noceti. Basta de encubrimiento, impunidad y represión”.
Añadieron en otro tramo: “No a la reconciliación. No a la teoría de los dos demonios. No a la prisión domiciliara. Cárcel común y efectiva a todos los genocidas. Apertura de todos los archivos, restitución de la identidad a los jóvenes apropiados. No a la política de ajuste, entrega y represión de Macri y los gobernadores”.
Hubo otra movilización por Julio López en La Plata, donde también se mezclaron consignas pidiendo por la aparición con vida del joven Santiago Maldonado.
Ambos hechos, con marcadas diferencias, son expresiones de la cultura argentina. Sin embargo, en la marcha por Julio López se produjeron situaciones de violencia, propia de grupos revolucionarios que no hacen más que pretender desestabilizar al actual Gobierno.
En la oportunidad, un grupo de personas -alrededor de quince- arrojó una bomba molotov sobre uno de los ingresos de la Legislatura porteña, y apedreó un ventanal de un restaurante cercano al edificio del palacio legislativo.
Según relataron testigos del ataque, la explosión se registró sobre el acceso situado en la calle Perú al 100, en la intersección con Hipólito Yrigoyen, y generó la intervención de los bomberos de Policía Federal para sofocar el fuego.
Tras la agresión, el grupo no identificado se escondió entre los manifestantes. Trabajadores del restaurante explicaron que “primero se escuchó el estruendo de la molotov” frente a la puerta de madera, y luego “gritos y golpes contra los vidrios” del comercio.
“Pasaban gritando y golpeando con piedras los vidrios. Rompieron uno por completo y otros los dejaron astillados”, apuntaron. Efectivos de la Policía de la Ciudad, en tanto, precisaron que por los incidentes “no hubo detenidos”.
Lamentablemente la fuerza de seguridad decidió no actuar ni efectuar detenciones, quizás recordando lo dicho por la ex presidenta Cristina Kirchner de que en su Gobierno se permitía el pintarrajeo de edificios públicos, que no es lo mismo que arrojar bombas molotov.
Entendemos que la situación hoy en día está mucho más crispada, especialmente ante la desaparición de Santiago Maldonado, por lo que es más que aceptable la inacción policial. Pero, convengamos, todo tiene su límite.

Últimas noticias

PUBLICIDAD