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/Ellitoral.com.ar/ Entrevistas

El Abuelo Rodríguez, un Salmón con la lengua popular que carga la suerte

n El 22 de agosto de 1961 nació Andrés Calamaro en la Capital Federal. Aprendió a tocar el bandoneón a los 8 años y a los 17 ya manipulaba los teclados en el grupo de candombe- rock Raíces, con quienes debutó en las bateas en el disco “BOV”. Pero tras un fugaz paso por la Elmer’s Band se incorporó a Los Abuelos de la Nada, la agrupación de Miguel Abuelo que grabó cinco discos entre 1982 y 1986. Compuso dos de los hits más destacados de la banda: “Mil horas” y “Sin gamulán”. 

Gracias a la ayuda de su amigo Alejandro Lerner y de Pipo Lernoud, quienes lo recomendaron como tecladista, fue convocado por Miguel Abuelo para un nuevo proyecto musical. Paralelamente a sus actividades, integró infinidad de grupos, siempre en calidad de invitado. Además de su trabajo en las teclas, colaboró en Los Abuelos con composiciones propias, llegando a ser reconocido como creador del grupo. 

En 1984 hizo su debut solista con “Hotel Calamaro”. La producción de algunos temas estuvo a cargo de Charly García y Fito Páez también participó de algunas sesiones, ya que estaba grabando su álbum “Del 63” en el mismo estudio. 

En septiembre de 1991 emigró a España, donde fundó la banda Los Rodríguez junto con Ariel Rot, Julián Infante y Germán Vilella. Con Los Rodríguez, palabra que tenía un significado español que lo sorprendía (se llama Rodríguez al hombre que sigue trabajando mientras la mujer se va de vacaciones con los hijos, esto le da libertad para hacer cosas que no puede el resto del año), editaron tres álbumes en estudio (“Buena suerte”, “Sin documentos” y “Palabras más, palabras menos”) y uno en directo (“Disco pirata”). 

Con Los Rodríguez hicieron el disco “Palabras más, palabras menos” en 1995 y un año después la agrupación decidió separarse por diferencias artísticas notables entre Andrés y el resto del grupo. 

El talentoso y prolífico músico no se detuvo, y en 1995 compuso la banda de sonido de dos películas nacionales: “Caballos salvajes” y “1.000 boomerangs”. Ya en 1997, Calamaro emprendió un nuevo proyecto que lo llevaría a Estados Unidos. Allí grabó el disco solista “Alta suciedad”. 

El álbum doble en 1999 fue “Honestidad brutal”, que ya tuvo más crudeza que los anteriores. Luego llegó “El salmón”, un álbum histórico para la industria musical por contener cinco discos. 

En 2004 se despachó con “El cantante”; en “Tinta roja” realizó una selección de otros autores, en este caso del mundo del tango. Luego, “El palacio de las flores” no concretó un retorno masivo como podría imaginarse, sino algo mucho más artesanal, trabajando junto con Litto Nebbia. En 2006 llegó un homenaje con “¡Calamaro, querido! Cantando al Salmón”.  

Más adelante, el gran retorno de Andrés a las bateas fue con “La lengua popular”. En junio de 2010 se publicó su material de estudio: “On the rock”.  

En 2016 se edita “Grabaciones Encontradas Volumen III - Romaphonic Sessions”, en CD, vinilo y digital. 

El Salmón se embarcó en la gira “Licencia para cantar”, la primera en formato acústico en toda su carrera. Llegó otro simple con “La noche”, primer sencillo de su nuevo álbum “Volumen 11”. 

En 2018 lanzó “Verdades afiladas”, otro corte previo a una nueva placa: “Cargar la suerte”. (Fuente: www.rock.com.ar) 

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