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Domingo 15 de Diciembre de 2019 CORRIENTES24°Pronóstico Extendido clima_nublado

Dolar Compra: $58,00

Dolar Venta: $63,00

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María Judith Molinari o el “verde que se oye”

Nació en Esquina, Corrientes. Reside en Buenos Aires. Docente, poeta, escritora. Cursó Relaciones Humanas en la UCA y Normativa de la Lengua en Fundación Instituto Superior de Estudios Lingüísticos, Litterae. Algunos de sus libros publicados son: Verde que se oye, con prólogo de Leonor A. de Borges, 1971; Poetas bajo un solo techo, antología, 1976; Palabras cruzadas, 1977; Imagen, 1993; El oro de las espigas, 2004; Del Quijote al Gaucho, 2005;  Rebelde sosiego,  2011. Es Faja de Honor de la Sade por su libro Del Quijote al Gaucho, 2006; Gente de Letras, Segundo Premio Poesía,  2009. Es miembro de la Fundación Argentina para la Poesía.

Por Rodrigo Galarza
Especial para El Litoral

En una entrevista realizada por Gustavo Tisocco para su blog, María Judith Molinari cuenta lo siguiente: “A los doce años leí el Martín Fierro. Esta lectura me dejó el ritmo del octosílabo y con esa métrica empecé a escribir sin cesar hasta que Shakespeare, Quevedo y Cervantes me infundieron el soneto que hasta hoy lo llevo, mal o bien, pero fielmente”. Y vaya que si ha sido fiel a esta modalidad inventada por Petrarca; la poeta esquinense lleva más de cuarenta años publicando libros de sonetos. Su talento, trabajo y persistencia la convierten en una exquisita sonetista y la ubican junto a otros grandes cultores de este tipo de composición como Juan José Folguerá, Cancho Gordiola Niella o Alfredo Mariano García.
Aunque radicada en Buenos Aires hace ya largos años, la matria de su escritura es siempre Corrientes, ya sea desde el “Verde que se oye” (título de su primer poemario): (…) “En todo este lugar que no parece/ habitado por nadie todavía/ el aire, verde a verde buscaría el único naranjo que allí crece/ Por las aguas que corren silenciosas/ desbordantes de azahar, juncos y lunas/ canta el ave entre ceibos y lagunas/ y las horas avanzan misteriosas”. O bien a través de poemas conjeturales que ponen voz a héroes que hicieron la patria desde suelo correntino: “Yo soy el que se fue. El que ha sangrado/ entre lanza y clarín por defenderte./ El que ha matado para no perderte./ El que ya no está más. El olvidado” (…) dice en “Habla un soldado de Berón de Astrada”.
Además de haber cultivado una larga amistad con Borges, M. J. Molinari se declara admiradora y estudiosa de la obra del genial poeta de “Fervor de Buenos Aires”. Quizá influido por él, la poeta esquinense ha desarrollado con efectividad una serie de poemas conjeturales, metaliterarios e históricos tales como los titulados: “Carta del Quijote al gaucho”, “Habla un soldado compañero del sargento Cabral”, “Habla un soldado de Berón de Astrada”, “La hermandad”, etc. Asimismo, en varios poemas define a diferentes figuras de la cultura argentina como el propio Borges, Quinquela Martín o Alejandra Pizarnik, a quien se referirá así: “Las sombras que poblaron tu poesía/ conjeturan tus rostros a la vista./ Angustiada, sonámbula, imprevista,/ sondeabas el silencio cada día” (…).
Es para nosotros una alegría poder compartir con el desocupado lector (prevenía con ingenio un tal Cervantes en prólogo al no menos ingenioso caballero de larga quijada) esta voz poco difundida en Corrientes, en cuyo pulso no deja de latir precisamente esto que llamamos Corrientes.
Muestrario mInimo

DESCUBRIMIENTOS 
DEL AMOR
I
Apenas te descubro y ya sos mía
oh, tierra de dulcísimos cantares.
Por heroicos caminos, los altares
alzaron la plegaria. Yo crecía.
 
Desde siempre nombraban la poesía
sobre el agua que lleva los pesares.
Como en brotes de lirios, 
        [los talares
anunciaban con pájaros el día.
 
Mejor dicho, tomados 
        [de las manos
recorrían inviernos y veranos,
en procesión de nubes las semillas
 
generaban su luz, hoja tras hoja
y en clara obstinación 
        [de la congoja
fue sabia la humildad de las 
        [gramillas.

PACTO DE AMOR
Quiero a mi pueblo.
En verdad lo quiero.
He pactado con el mi nacimiento,
mis vivencias, mi Fe, 
        [mi sentimiento.
He firmado y he dicho 
        [que prefiero
el tiempo inacabable de su verde,
de ese verde con fuertes 
        [caballadas,
con hombres de corajes 
        [y de espadas,
bajo el “tigrero” sol que, a siestas,         [muerde.
El resplandor glorioso y esa gente
de inmemorables nombres 
        [me renueva
esta amigable sangre y esta suerte
de poder encontrarme, 
        [simplemente,
en la heroica nobleza que 
        [nos prueba
con un pacto de amor, hasta 
        [la muerte.

El color del silencio
Bástenos recordar que 
        [acecha quieto.
Concede firmamento y aconseja
la primera verdad que nos refleja
la luz de la razón. Como un decreto
 
nos va entregando, pródigo 
        [y concreto,
la abstracción insonora 
        [que empareja;
memora la perenne moraleja
y, en modesto propósito secreto
 
se hospeda como un sueño 
        [el pensamiento. Entre el Ser y no Ser, 
        [discernimiento
que aproxima al misterio.
        [Lo sabremos
 
en la actitud interna que es el alma,
en el orden secreto de la calma
y en el color silencio que seremos. 

ESE MIRAR QUE DE 
TAN LEJOS VIENE
a María Granata
Leal es el poema. Asevera
la luz incandescente de sus voces.
Incrustan arco iris en veloces
y bárbaras distancias. Es verdadera
la posesión del verso y la manera
de remontar la vida, los adioses.
Segura de sí misma, con los goces
que el nutricio momento 
        [le infundiera,
sabe dejarnos venturosamente
esa continua búsqueda naciente
que apacigua el temblor 
        [del universo.
Ese mirar que de tan lejos viene
aguarda incorruptible, 
        [hasta se aviene
a coronarme el ámbito del verso.

HABLA UN SOLDADO DE 
BERON DE ASTRADA
Busco la luz y vengo galopando
de la sombra. Esta vida 
        [en otra suerte
de estar vivo en la muerte, en 
        [la alta muerte
y ser alguna flor de cuando 
        [en cuando.
Yo soy el que se fue. El que 
        [ha sangrado
entre lanza y clarín por defenderte.
El que ha matado para no perderte.
El que ya no está más. El olvidado.
Vengo a cobrar los días de descanso,
alguna que otra estrella y, 
        [si no alcanzo,
el polvo del que vine ha de llevarme.
Yo soy el que se fue. Y el que 
        [ha vencido
a la vida, a la muerte, 
        [al largo olvido.
Sólo un campo de paz, vengo 
        [a cobrarme.
LA RECORRIDA
Ya tremolan espigas del verano
para calmar el tiempo anochecido.
Incógnitos llamados y el silbido
adentrado en la niebla de antemano.
La mañana dialoga con su mano
cuando lava su rostro desvalido.
El sueño descubierto es un quejido
del secreto incansable y cotidiano.
Hay miradas, de pronto, 
        [en todas partes;
cartel de profecías que compartes
y una fuerza que impulsa 
        [los deseos.
Lo nombran y lo siguen 
        [sin descanso.
En el verde pomposo del remanso
un ocioso juncal con balanceos.

LILAS DESHOJADAS
a Alejandra Pizarnik

Las sombras que poblaron 
        [tu poesía
conjeturan tus rostros a la vista.
Angustiada, sonámbula, 
        [imprevista,
sondeabas el silencio cada día.
Tu infancia insostenible elegiría
ese salto mortal que da el artista
y, en tu voz desdoblada, 
        [la entrevista
con la cripta en continua simetría.
Golpeaste con la piedra 
        [y la locura.
Las noches que apoyaron 
        [tu aventura
en las supersticiones te desnudan.
Descifrándote a ciegas, te entreveo
segura de ti misma en el floreo
de lilas deshojadas, que hoy 
        [me ayudan.
 

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María Judith Molinari o el “verde que se oye”

Nació en Esquina, Corrientes. Reside en Buenos Aires. Docente, poeta, escritora. Cursó Relaciones Humanas en la UCA y Normativa de la Lengua en Fundación Instituto Superior de Estudios Lingüísticos, Litterae. Algunos de sus libros publicados son: Verde que se oye, con prólogo de Leonor A. de Borges, 1971; Poetas bajo un solo techo, antología, 1976; Palabras cruzadas, 1977; Imagen, 1993; El oro de las espigas, 2004; Del Quijote al Gaucho, 2005;  Rebelde sosiego,  2011. Es Faja de Honor de la Sade por su libro Del Quijote al Gaucho, 2006; Gente de Letras, Segundo Premio Poesía,  2009. Es miembro de la Fundación Argentina para la Poesía.

Por Rodrigo Galarza
Especial para El Litoral

En una entrevista realizada por Gustavo Tisocco para su blog, María Judith Molinari cuenta lo siguiente: “A los doce años leí el Martín Fierro. Esta lectura me dejó el ritmo del octosílabo y con esa métrica empecé a escribir sin cesar hasta que Shakespeare, Quevedo y Cervantes me infundieron el soneto que hasta hoy lo llevo, mal o bien, pero fielmente”. Y vaya que si ha sido fiel a esta modalidad inventada por Petrarca; la poeta esquinense lleva más de cuarenta años publicando libros de sonetos. Su talento, trabajo y persistencia la convierten en una exquisita sonetista y la ubican junto a otros grandes cultores de este tipo de composición como Juan José Folguerá, Cancho Gordiola Niella o Alfredo Mariano García.
Aunque radicada en Buenos Aires hace ya largos años, la matria de su escritura es siempre Corrientes, ya sea desde el “Verde que se oye” (título de su primer poemario): (…) “En todo este lugar que no parece/ habitado por nadie todavía/ el aire, verde a verde buscaría el único naranjo que allí crece/ Por las aguas que corren silenciosas/ desbordantes de azahar, juncos y lunas/ canta el ave entre ceibos y lagunas/ y las horas avanzan misteriosas”. O bien a través de poemas conjeturales que ponen voz a héroes que hicieron la patria desde suelo correntino: “Yo soy el que se fue. El que ha sangrado/ entre lanza y clarín por defenderte./ El que ha matado para no perderte./ El que ya no está más. El olvidado” (…) dice en “Habla un soldado de Berón de Astrada”.
Además de haber cultivado una larga amistad con Borges, M. J. Molinari se declara admiradora y estudiosa de la obra del genial poeta de “Fervor de Buenos Aires”. Quizá influido por él, la poeta esquinense ha desarrollado con efectividad una serie de poemas conjeturales, metaliterarios e históricos tales como los titulados: “Carta del Quijote al gaucho”, “Habla un soldado compañero del sargento Cabral”, “Habla un soldado de Berón de Astrada”, “La hermandad”, etc. Asimismo, en varios poemas define a diferentes figuras de la cultura argentina como el propio Borges, Quinquela Martín o Alejandra Pizarnik, a quien se referirá así: “Las sombras que poblaron tu poesía/ conjeturan tus rostros a la vista./ Angustiada, sonámbula, imprevista,/ sondeabas el silencio cada día” (…).
Es para nosotros una alegría poder compartir con el desocupado lector (prevenía con ingenio un tal Cervantes en prólogo al no menos ingenioso caballero de larga quijada) esta voz poco difundida en Corrientes, en cuyo pulso no deja de latir precisamente esto que llamamos Corrientes.
Muestrario mInimo

DESCUBRIMIENTOS 
DEL AMOR
I
Apenas te descubro y ya sos mía
oh, tierra de dulcísimos cantares.
Por heroicos caminos, los altares
alzaron la plegaria. Yo crecía.
 
Desde siempre nombraban la poesía
sobre el agua que lleva los pesares.
Como en brotes de lirios, 
        [los talares
anunciaban con pájaros el día.
 
Mejor dicho, tomados 
        [de las manos
recorrían inviernos y veranos,
en procesión de nubes las semillas
 
generaban su luz, hoja tras hoja
y en clara obstinación 
        [de la congoja
fue sabia la humildad de las 
        [gramillas.

PACTO DE AMOR
Quiero a mi pueblo.
En verdad lo quiero.
He pactado con el mi nacimiento,
mis vivencias, mi Fe, 
        [mi sentimiento.
He firmado y he dicho 
        [que prefiero
el tiempo inacabable de su verde,
de ese verde con fuertes 
        [caballadas,
con hombres de corajes 
        [y de espadas,
bajo el “tigrero” sol que, a siestas,         [muerde.
El resplandor glorioso y esa gente
de inmemorables nombres 
        [me renueva
esta amigable sangre y esta suerte
de poder encontrarme, 
        [simplemente,
en la heroica nobleza que 
        [nos prueba
con un pacto de amor, hasta 
        [la muerte.

El color del silencio
Bástenos recordar que 
        [acecha quieto.
Concede firmamento y aconseja
la primera verdad que nos refleja
la luz de la razón. Como un decreto
 
nos va entregando, pródigo 
        [y concreto,
la abstracción insonora 
        [que empareja;
memora la perenne moraleja
y, en modesto propósito secreto
 
se hospeda como un sueño 
        [el pensamiento. Entre el Ser y no Ser, 
        [discernimiento
que aproxima al misterio.
        [Lo sabremos
 
en la actitud interna que es el alma,
en el orden secreto de la calma
y en el color silencio que seremos. 

ESE MIRAR QUE DE 
TAN LEJOS VIENE
a María Granata
Leal es el poema. Asevera
la luz incandescente de sus voces.
Incrustan arco iris en veloces
y bárbaras distancias. Es verdadera
la posesión del verso y la manera
de remontar la vida, los adioses.
Segura de sí misma, con los goces
que el nutricio momento 
        [le infundiera,
sabe dejarnos venturosamente
esa continua búsqueda naciente
que apacigua el temblor 
        [del universo.
Ese mirar que de tan lejos viene
aguarda incorruptible, 
        [hasta se aviene
a coronarme el ámbito del verso.

HABLA UN SOLDADO DE 
BERON DE ASTRADA
Busco la luz y vengo galopando
de la sombra. Esta vida 
        [en otra suerte
de estar vivo en la muerte, en 
        [la alta muerte
y ser alguna flor de cuando 
        [en cuando.
Yo soy el que se fue. El que 
        [ha sangrado
entre lanza y clarín por defenderte.
El que ha matado para no perderte.
El que ya no está más. El olvidado.
Vengo a cobrar los días de descanso,
alguna que otra estrella y, 
        [si no alcanzo,
el polvo del que vine ha de llevarme.
Yo soy el que se fue. Y el que 
        [ha vencido
a la vida, a la muerte, 
        [al largo olvido.
Sólo un campo de paz, vengo 
        [a cobrarme.
LA RECORRIDA
Ya tremolan espigas del verano
para calmar el tiempo anochecido.
Incógnitos llamados y el silbido
adentrado en la niebla de antemano.
La mañana dialoga con su mano
cuando lava su rostro desvalido.
El sueño descubierto es un quejido
del secreto incansable y cotidiano.
Hay miradas, de pronto, 
        [en todas partes;
cartel de profecías que compartes
y una fuerza que impulsa 
        [los deseos.
Lo nombran y lo siguen 
        [sin descanso.
En el verde pomposo del remanso
un ocioso juncal con balanceos.

LILAS DESHOJADAS
a Alejandra Pizarnik

Las sombras que poblaron 
        [tu poesía
conjeturan tus rostros a la vista.
Angustiada, sonámbula, 
        [imprevista,
sondeabas el silencio cada día.
Tu infancia insostenible elegiría
ese salto mortal que da el artista
y, en tu voz desdoblada, 
        [la entrevista
con la cripta en continua simetría.
Golpeaste con la piedra 
        [y la locura.
Las noches que apoyaron 
        [tu aventura
en las supersticiones te desnudan.
Descifrándote a ciegas, te entreveo
segura de ti misma en el floreo
de lilas deshojadas, que hoy 
        [me ayudan.