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Hacia las Humanidades Digitales

El Instituto de Investigaciones Geohistóricas dependiente de la Unne, realiza una serie de conversatorios entre los cuales se desarrolló “Los recursos digitales para la investigación histórica” con la participación de Camilo Kawerin, Luis Avilán y Fátima Valenzuela durante la cual Gabriela Bissaro entrevistó a los especialistas. Aquí, una síntesis de lo ocurrido.

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Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral

El espacio de conversación pautado por el Instituto de Investigaciones Geohistóricas de la Unne, convocó a Camilo Kawerin, Luis Avilán y Fátima Valenzuela para pensar cuáles son los recursos que hoy en día el historiador utiliza y que existen en la web, llámese software, base de datos, revistas indexadas, entre muchos otros recursos que tiene un investigador que está en formación.
Por ello entrevistamos a Fátima Valenzuela y accedimos a un escrito suyo sobre el tema titulado “Recursos digitales para las humanidades digitales”, donde plantea conceptualmente el tema y sostiene: “En la actualidad, las humanidades digitales van incorporado herramientas digitales al desarrollo de cualquiera de las actividades relacionadas con las humanidades (no sólo a la historia): la gestión y análisis de la información, la gestión del patrimonio, la difusión, la docencia, el trabajo colectivo en línea, etc. Las humanidades digitales afectan también a la gestión de objetos culturales, tanto digitalizados como creados directamente en formato digital. Ya sea a través de la creación y gestión de bases de datos, la utilización de herramientas de análisis derivados de o la utilización de los recursos de la web y las redes sociales para la difusión de resultados de investigación o la docencia y la puesta en valor del patrimonio. 
Antes que ser programador, el historiador tiene que ser «digital», es decir, hábil en la capacidad de alimentarse de las «comunidades digitales», aunque sin perder la audacia de trascender el nivel de usuario y pasar a las prácticas digitales, desde la edición digital hasta la programación”.

—¿Cómo se trabaja? ¿Cómo es el vínculo entre estas nuevas tecnologías y el trabajo de investigación histórica?
—En realidad el vínculo empieza con el concepto nuevo y disparador de todo, que tiene que ver con las humanidades digitales. Un mundo interdisciplinario en donde la historia y otras ciencias humanas están vinculándose con toda un área más técnica que viene del área informática, la ingeniería y que se plasma en sistemas para explotar grandes masas de datos a partir de la minería de datos e inteligencia artificial. En este sentido, debemos señalar que las Ciencias Humanas siempre estuvieron relacionadas con los cambios tecnológicos que se daban en la Humanidad, porque cualquier innovación genera transformaciones en la forma de trabajar del investigador (por ejemplo, el uso de la máquina de escribir, la aparición del ordenador y la computadora posteriormente). No obstante, hoy en día, las innovaciones requieren una cualificación técnica y teórica mayor por parte de los humanistas. En ese escenario aparece la noción de humanidades digitales, principalmente en el mundo anglosajón. En Argentina y en nuestra región, la tendencia mundial aún es muy incipiente y nos falta todavía mucho por ahondar en el camino de las humanidades digitales.
Justamente este conversatorio busca poner en discusión estos conceptos, teorías, campos disciplinares para potenciar estas relaciones y esos conocimientos que todavía estamos lejos de obtenerlos y de potenciarlos.
—Estas herramientas, ¿pueden ser fuentes o son solamente herramientas metodológicas? 
—Son las dos cosas, porque en la red uno puede encontrar fuentes digitalizadas, hay que pensar en la existencia fondos documentales digitalizados, como por ejemplo los archivos españoles tienen su repositorio a partir del e-archivo conocido como Pares que es un portal que ofrece en acceso libre y gratuito los documentos con imágenes digitalizadas de diferentes archivos. Un caso más cercano es el Archivo Nacional de Asunción que posee una base de datos en línea, donde se pueden leer y explorar distintas fuentes de la Sección Historia, por ejemplo. No podemos olvidar el proyecto mundial de la Iglesia de los últimos días que tienen en línea fondos parroquiales (actas de bautismo, matrimonio y defunción). De ese modo, estamos hablando que el historiador o interesado por la historia puede encontrar en línea fuentes digitalizadas. No obstante, por otro lado tenemos el acceso abierto a material bibliográfico, a partir de la búsqueda de repositorios digitales de las revistas científicas de todo el mundo. El conocimiento científico está en nuestras manos todo el tiempo, en donde el individuo puede obtener acceder a las publicaciones más recientes que reflejan los avances científicos más importantes. Pero también existe una serie de software que tiene el historiador hoy en día, en la mayoría de los casos acceso libre y donde podemos usar para explotar esos datos que provienen de esas fuentes digitalizadas que existen en la web.
—¿Cómo actúan nuestros investigadores con respecto a estas nuevas tecnologías? ¿Cómo estás viendo ese vínculo? Existe pero,  ¿es fluido o no?
—El historiador como cualquier otro humanista o cientista social esta imbuido en este mundo de la información. No estamos ajenos a los cambios que movilizan las formas de trabajo, acceso a los datos. No obstante, aún nos falta mucho para cambiar las clásicas formas de trabajo que nos alejan de los requerimientos del mundo digital.  Por lo cual, considero que hay una serie de acciones que debemos fomentar en la universidad para que la nueva generación sea la que motorice las transformaciones en las formas de desempeñarse el investigador en el campo.  
Justamente en Argentina, los proyectos de humanidades digitales son muy pocos y escasos, creo que hay algunos en la UBA, también hay un Laboratorio de Humanidades Digitales vinculado a Conicet y las universidades. Pero son pocos los espacios formativos, académicos y de discusión en torno a estas nociones que interpelan la formación y el trabajo de los investigadores que hay en Argentina. Para el investigador implica poner a prueba nuestras capacidades y nos invita a pensar en una serie de herramientas que tenemos al alcance y que nutren el diálogo interdisciplinario con otros profesionales, por ejemplo, ingenieros en sistema, analistas, archivistas, entre otros. 
Si bien está en boga el trabajo interdisciplinario en las Ciencias Sociales y Humanas, existen numerosos ejemplos de esta forma de producción de conocimiento. En la actualidad, pueden surgir proyectos de gran envergadura en donde el historiador pueda trabajar a la par con un geógrafo o un sociólogo y sume a otros científicos;  discuta y se relacione con un informático, con un diseñador, con un ingeniero en minería de datos. Es decir, creo que ese el camino que se está abriendo hoy en la investigación. 
—El punto con la cantidad de información es la saturación. ¿Cómo se hace para hacer curaduría de eso? Un recorte de eso, ¿cómo se trabaja?
—Esa es la percepción que tienen muchas disciplinas. Hay saturación en datos que provienen de medios periodísticos, redes sociales. Pero nosotros en historia manejamos muchos datos, aunque no alcanzamos la “saturación”. Eso no signifique que los podemos manejar con un lápiz y un papel, necesitamos claro algún sistema para manejarlo desde un Excell, un Access o algún software para explotar nuestros datos primarios.  Nuestro trabajo es arduo porque el material documental requiere un trabajo de lectura y análisis constante, no tenemos material digitalizado en los archivos locales. Los archivos locales necesitan seguir esos caminos más digitales, pero en realidad existen numerosas fuentes y software, más que nada de acceso libre de una metodología cualitativa que permiten esa minería de datos y ese expurgo de datos de establecer qué sirve y qué no.
—Claro, el punto es ese.
—El punto es ese. Cómo exploto los datos y cómo esos datos que son cada vez más amplios y más cantidad, porque en realidad se cree que los datos son geométricamente cada vez más inalcanzables para la mente de una persona; entonces, lo que estamos pensando es usar ciertos sistemas informáticos para explotar esos datos. 
En realidad esta trayectoria viene de sociología más que nada. La sociología ha dado muchas muestras de las potencialidades que hay entre los vínculos entre la informática y la sociología para la explotación –por ejemplo- de diarios, de datos que provienen -por ejemplo- de Facebook, de Twitter. Entonces, está dando, el tema es que la otras ciencias humanas todavía no están haciendo ese recorrido, creo que la geografía sí lo está haciendo con el sistema de información geográfica, pero no la historia. La historia usa clásicos sistemas pero existen otros, que pueden potenciar más aún sus resultados. 
—Bueno, hace poco conversábamos con alguien que participó del Congreso de la Lengua, nos decía cómo se incorporaban las nuevas palabras o las palabras de uso al Diccionario del Habla y el tema era: habían establecido un campo de palabras con Twitter y habían estudiado esas; entonces podían saber cuáles eran de uso regional. Es decir, la herramienta está ahí, el tema es cómo usar.
—Un ejemplo claro de eso son los proyectos mundiales de Google Books, que analizan el uso de ciertas palabras y sus cambios en el tiempo. Pero el tema es también la formación y la ayuda técnica para lograr un conocimiento científico. Yo creo que un historiador hoy en día -por ejemplo, lo estoy pensando más desde mi carrera-, no está pensando en ese diálogo interdisciplinario, nosotros no tenemos una formación específica en ciertas cuestiones más técnicas; entonces, es imposible pensar que otro cientista me puede ayudar con algo que tiene un límite para mi capacidad de análisis. 
De ahí deviene la idea de establecer ese diálogo con otros que saben sobre esas herramientas técnicas y poder establecer esas conexiones y pensar en proyectos interdisciplinarios.
En el mundo, por ejemplo en Europa hay muchísimos proyectos interdisciplinarios donde están trabajando constantemente historiadores con arqueólogos, con informáticos, con ingenieros en sistemas, que están mostrando que ese es el camino hacia dónde va la investigación, en proyectos que son sumamente interesantes. Hay un caso muy paradigmático en España de millones de euros, financiado por la Unión Europea, en donde se está pensando el recorrido de la alimentación y los procesos de mestizaje en Cartagena de Indias y para eso están trabajando muchísimos científicos. Entonces, no sólo se está pensando en el dato que sacamos del archivo sino también en el dato arqueológico, en el análisis arqueológico en donde involucran a biólogos -por ejemplo-; entonces, un trabajo más interdisciplinario que rompe con nuestra clásica visión que en el archivo únicamente vamos a sacar nuestra fuente y nuestros documentos.
—Claro, no sólo el dato tecnológico, sino también el trayecto, el camino.
—Sí, es el camino en donde muchos individuos están operando y diversos actores que vienen de distintas disciplinas pueden generar conocimiento holístico de un proceso histórico.  
—Los estados en general han ido avanzando en -por ejemplo- las bibliotecas nacionales. Han digitalizado bibliotecas nacionales. ¿Cuál es el recorrido de la Argentina en estos campos?, tanto público como privado.
—En Argentina hay muchos casos interesantes y paradigmáticos pensar en bibliotecas que están digitalizadas, incluso tenemos que pensar en la Ley de Acceso Abierto que firmó la Argentina no hace mucho tiempo, con lo cual obliga a que los datos generados por investigaciones científicas estén al acceso de cualquier investigador. Por otro lado, están las bibliotecas digitalizadas, como por ejemplo, proyectos de algunas universidades que son muy importantes, avalados por la ley generan sus propios repositorios digitales. Entonces, hay un camino que está realizado también.
En nuestra universidad se está creando el repositorio denominado Riunne, en donde se están cargando las publicaciones de los investigadores de la Casa de Estudios. También en el Conicet tenemos un repositorio muy interesante que se denomina Conicet digital. Es decir, hay muchos casos muy importantes, pero creo que hay un camino por hacer en el cual nos tenemos que involucrar nosotros los investigadores y los becarios y la gente en formación más que nada.
—Y también me parece que hay una instancia que tiene que ver con la decisión de qué digitalizar.
—Sí, totalmente. En realidad tiene que ver con definir ciertas líneas y políticas de acción, qué digitalizar en función de qué está en peores condiciones, qué es fundamental para digitalizar. 
El tema es que siempre el dinero estatal no se piensa en destinarlo para esas cuestiones; entonces, es necesario pensar en políticas de estado a largo plazo en donde la digitalización se vea como una cuestión de conservación y preservación de la memoria e historia colectiva de una comunidad. Por lo cual, no puede ser entendido como un gasto; al contrario, es una inversión en conocimiento a futuro y sobre todo para las generaciones futuras que querrán saber sobre su pasado y sus orígenes. 
—Se me ocurre pensar en tu trabajo específico. ¿Es posible pensar en estos términos?  ¿Cómo usás esas herramientas en tu investigación? Y contanos primero ¿cuál es?
—Pensando que mi tesis de investigación era sobre “Esclavizados y descendientes libres de Corrientes entre 1750 y 1850”, yo realicé un trabajo arduo en el Archivo General de la Provincia de Corrientes. Este archivo es fundamental para mi tema de investigación. He encontrado con los años numerosos datos en muchos fondos que he revisado arduamente. La posibilidad de que el doctor Deniri y el doctor Dardo Ramírez Braschi me abrieran las puertas, ha sido muy beneficioso para la investigación. 
En el transcurso de mi carrera doctoral tuve la posibilidad de irme a Sevilla con una beca financiada por la universidad y porque la facultad me permitió eso también. Y ahí aprendí un montón de herramientas digitales que existen en el mundo a partir de un máster en humanidades digitales. Yo intenté usar esas herramientas pero ya mi trabajo de archivo estaba muy avanzado; entonces, había ciertas cuestiones que yo ya no podía volver atrás a repensar ese trabajo, a armar mi base de datos como hubiese querido si lo hubiese sabido de antes.
Yo aproveché muchísimo lo aprendido en España, pero ya estaba en una instancia final de mi recorrido. Mi recorrido ya estaba en proceso de elaboración de la tesis, si yo hubiese conocido esas herramienta quizás se me hacía mucho más fácil el trabajo de explotar los datos, más en el análisis de documentales. El análisis de documentales que hay que hacerlo porque esos datos no están digitalizados, pero la explotación de esos datos hubiese sido mucho más rica si yo usaba algún software de estos que existen en la actualidad y que se usan en forma constante. 
—Si tuvieras que decir dos o tres temas sobre los cuales centrás tus conversatorios, ¿cuáles serían esos temas?
—En principio, pensar las tres líneas en las cuales los recursos digitales están haciendo foco para la tarea de un investigador, de un historiador específicamente. Por un lado, la explotación de datos; por otro lado, la sistematización de los datos que ya existen en línea a partir de bases de datos como por ejemplo los repositorio de revistas indexadas o repositorios digitales y por otro lado, la visualización del sistema software. Cómo existen softwares que nos permite digitalizar de forma más efectiva y también buscando y pensando en la atracción del público. Es decir, cómo yo puedo hacer una salida gráfica de todo lo que estoy estudiando a partir de contar con un software específico, básicamente esas serían las tres líneas en las cuales se puede pensar los recursos digitales para la tarea del historiador.

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Hacia las Humanidades Digitales

El Instituto de Investigaciones Geohistóricas dependiente de la Unne, realiza una serie de conversatorios entre los cuales se desarrolló “Los recursos digitales para la investigación histórica” con la participación de Camilo Kawerin, Luis Avilán y Fátima Valenzuela durante la cual Gabriela Bissaro entrevistó a los especialistas. Aquí, una síntesis de lo ocurrido.

Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral

El espacio de conversación pautado por el Instituto de Investigaciones Geohistóricas de la Unne, convocó a Camilo Kawerin, Luis Avilán y Fátima Valenzuela para pensar cuáles son los recursos que hoy en día el historiador utiliza y que existen en la web, llámese software, base de datos, revistas indexadas, entre muchos otros recursos que tiene un investigador que está en formación.
Por ello entrevistamos a Fátima Valenzuela y accedimos a un escrito suyo sobre el tema titulado “Recursos digitales para las humanidades digitales”, donde plantea conceptualmente el tema y sostiene: “En la actualidad, las humanidades digitales van incorporado herramientas digitales al desarrollo de cualquiera de las actividades relacionadas con las humanidades (no sólo a la historia): la gestión y análisis de la información, la gestión del patrimonio, la difusión, la docencia, el trabajo colectivo en línea, etc. Las humanidades digitales afectan también a la gestión de objetos culturales, tanto digitalizados como creados directamente en formato digital. Ya sea a través de la creación y gestión de bases de datos, la utilización de herramientas de análisis derivados de o la utilización de los recursos de la web y las redes sociales para la difusión de resultados de investigación o la docencia y la puesta en valor del patrimonio. 
Antes que ser programador, el historiador tiene que ser «digital», es decir, hábil en la capacidad de alimentarse de las «comunidades digitales», aunque sin perder la audacia de trascender el nivel de usuario y pasar a las prácticas digitales, desde la edición digital hasta la programación”.

—¿Cómo se trabaja? ¿Cómo es el vínculo entre estas nuevas tecnologías y el trabajo de investigación histórica?
—En realidad el vínculo empieza con el concepto nuevo y disparador de todo, que tiene que ver con las humanidades digitales. Un mundo interdisciplinario en donde la historia y otras ciencias humanas están vinculándose con toda un área más técnica que viene del área informática, la ingeniería y que se plasma en sistemas para explotar grandes masas de datos a partir de la minería de datos e inteligencia artificial. En este sentido, debemos señalar que las Ciencias Humanas siempre estuvieron relacionadas con los cambios tecnológicos que se daban en la Humanidad, porque cualquier innovación genera transformaciones en la forma de trabajar del investigador (por ejemplo, el uso de la máquina de escribir, la aparición del ordenador y la computadora posteriormente). No obstante, hoy en día, las innovaciones requieren una cualificación técnica y teórica mayor por parte de los humanistas. En ese escenario aparece la noción de humanidades digitales, principalmente en el mundo anglosajón. En Argentina y en nuestra región, la tendencia mundial aún es muy incipiente y nos falta todavía mucho por ahondar en el camino de las humanidades digitales.
Justamente este conversatorio busca poner en discusión estos conceptos, teorías, campos disciplinares para potenciar estas relaciones y esos conocimientos que todavía estamos lejos de obtenerlos y de potenciarlos.
—Estas herramientas, ¿pueden ser fuentes o son solamente herramientas metodológicas? 
—Son las dos cosas, porque en la red uno puede encontrar fuentes digitalizadas, hay que pensar en la existencia fondos documentales digitalizados, como por ejemplo los archivos españoles tienen su repositorio a partir del e-archivo conocido como Pares que es un portal que ofrece en acceso libre y gratuito los documentos con imágenes digitalizadas de diferentes archivos. Un caso más cercano es el Archivo Nacional de Asunción que posee una base de datos en línea, donde se pueden leer y explorar distintas fuentes de la Sección Historia, por ejemplo. No podemos olvidar el proyecto mundial de la Iglesia de los últimos días que tienen en línea fondos parroquiales (actas de bautismo, matrimonio y defunción). De ese modo, estamos hablando que el historiador o interesado por la historia puede encontrar en línea fuentes digitalizadas. No obstante, por otro lado tenemos el acceso abierto a material bibliográfico, a partir de la búsqueda de repositorios digitales de las revistas científicas de todo el mundo. El conocimiento científico está en nuestras manos todo el tiempo, en donde el individuo puede obtener acceder a las publicaciones más recientes que reflejan los avances científicos más importantes. Pero también existe una serie de software que tiene el historiador hoy en día, en la mayoría de los casos acceso libre y donde podemos usar para explotar esos datos que provienen de esas fuentes digitalizadas que existen en la web.
—¿Cómo actúan nuestros investigadores con respecto a estas nuevas tecnologías? ¿Cómo estás viendo ese vínculo? Existe pero,  ¿es fluido o no?
—El historiador como cualquier otro humanista o cientista social esta imbuido en este mundo de la información. No estamos ajenos a los cambios que movilizan las formas de trabajo, acceso a los datos. No obstante, aún nos falta mucho para cambiar las clásicas formas de trabajo que nos alejan de los requerimientos del mundo digital.  Por lo cual, considero que hay una serie de acciones que debemos fomentar en la universidad para que la nueva generación sea la que motorice las transformaciones en las formas de desempeñarse el investigador en el campo.  
Justamente en Argentina, los proyectos de humanidades digitales son muy pocos y escasos, creo que hay algunos en la UBA, también hay un Laboratorio de Humanidades Digitales vinculado a Conicet y las universidades. Pero son pocos los espacios formativos, académicos y de discusión en torno a estas nociones que interpelan la formación y el trabajo de los investigadores que hay en Argentina. Para el investigador implica poner a prueba nuestras capacidades y nos invita a pensar en una serie de herramientas que tenemos al alcance y que nutren el diálogo interdisciplinario con otros profesionales, por ejemplo, ingenieros en sistema, analistas, archivistas, entre otros. 
Si bien está en boga el trabajo interdisciplinario en las Ciencias Sociales y Humanas, existen numerosos ejemplos de esta forma de producción de conocimiento. En la actualidad, pueden surgir proyectos de gran envergadura en donde el historiador pueda trabajar a la par con un geógrafo o un sociólogo y sume a otros científicos;  discuta y se relacione con un informático, con un diseñador, con un ingeniero en minería de datos. Es decir, creo que ese el camino que se está abriendo hoy en la investigación. 
—El punto con la cantidad de información es la saturación. ¿Cómo se hace para hacer curaduría de eso? Un recorte de eso, ¿cómo se trabaja?
—Esa es la percepción que tienen muchas disciplinas. Hay saturación en datos que provienen de medios periodísticos, redes sociales. Pero nosotros en historia manejamos muchos datos, aunque no alcanzamos la “saturación”. Eso no signifique que los podemos manejar con un lápiz y un papel, necesitamos claro algún sistema para manejarlo desde un Excell, un Access o algún software para explotar nuestros datos primarios.  Nuestro trabajo es arduo porque el material documental requiere un trabajo de lectura y análisis constante, no tenemos material digitalizado en los archivos locales. Los archivos locales necesitan seguir esos caminos más digitales, pero en realidad existen numerosas fuentes y software, más que nada de acceso libre de una metodología cualitativa que permiten esa minería de datos y ese expurgo de datos de establecer qué sirve y qué no.
—Claro, el punto es ese.
—El punto es ese. Cómo exploto los datos y cómo esos datos que son cada vez más amplios y más cantidad, porque en realidad se cree que los datos son geométricamente cada vez más inalcanzables para la mente de una persona; entonces, lo que estamos pensando es usar ciertos sistemas informáticos para explotar esos datos. 
En realidad esta trayectoria viene de sociología más que nada. La sociología ha dado muchas muestras de las potencialidades que hay entre los vínculos entre la informática y la sociología para la explotación –por ejemplo- de diarios, de datos que provienen -por ejemplo- de Facebook, de Twitter. Entonces, está dando, el tema es que la otras ciencias humanas todavía no están haciendo ese recorrido, creo que la geografía sí lo está haciendo con el sistema de información geográfica, pero no la historia. La historia usa clásicos sistemas pero existen otros, que pueden potenciar más aún sus resultados. 
—Bueno, hace poco conversábamos con alguien que participó del Congreso de la Lengua, nos decía cómo se incorporaban las nuevas palabras o las palabras de uso al Diccionario del Habla y el tema era: habían establecido un campo de palabras con Twitter y habían estudiado esas; entonces podían saber cuáles eran de uso regional. Es decir, la herramienta está ahí, el tema es cómo usar.
—Un ejemplo claro de eso son los proyectos mundiales de Google Books, que analizan el uso de ciertas palabras y sus cambios en el tiempo. Pero el tema es también la formación y la ayuda técnica para lograr un conocimiento científico. Yo creo que un historiador hoy en día -por ejemplo, lo estoy pensando más desde mi carrera-, no está pensando en ese diálogo interdisciplinario, nosotros no tenemos una formación específica en ciertas cuestiones más técnicas; entonces, es imposible pensar que otro cientista me puede ayudar con algo que tiene un límite para mi capacidad de análisis. 
De ahí deviene la idea de establecer ese diálogo con otros que saben sobre esas herramientas técnicas y poder establecer esas conexiones y pensar en proyectos interdisciplinarios.
En el mundo, por ejemplo en Europa hay muchísimos proyectos interdisciplinarios donde están trabajando constantemente historiadores con arqueólogos, con informáticos, con ingenieros en sistemas, que están mostrando que ese es el camino hacia dónde va la investigación, en proyectos que son sumamente interesantes. Hay un caso muy paradigmático en España de millones de euros, financiado por la Unión Europea, en donde se está pensando el recorrido de la alimentación y los procesos de mestizaje en Cartagena de Indias y para eso están trabajando muchísimos científicos. Entonces, no sólo se está pensando en el dato que sacamos del archivo sino también en el dato arqueológico, en el análisis arqueológico en donde involucran a biólogos -por ejemplo-; entonces, un trabajo más interdisciplinario que rompe con nuestra clásica visión que en el archivo únicamente vamos a sacar nuestra fuente y nuestros documentos.
—Claro, no sólo el dato tecnológico, sino también el trayecto, el camino.
—Sí, es el camino en donde muchos individuos están operando y diversos actores que vienen de distintas disciplinas pueden generar conocimiento holístico de un proceso histórico.  
—Los estados en general han ido avanzando en -por ejemplo- las bibliotecas nacionales. Han digitalizado bibliotecas nacionales. ¿Cuál es el recorrido de la Argentina en estos campos?, tanto público como privado.
—En Argentina hay muchos casos interesantes y paradigmáticos pensar en bibliotecas que están digitalizadas, incluso tenemos que pensar en la Ley de Acceso Abierto que firmó la Argentina no hace mucho tiempo, con lo cual obliga a que los datos generados por investigaciones científicas estén al acceso de cualquier investigador. Por otro lado, están las bibliotecas digitalizadas, como por ejemplo, proyectos de algunas universidades que son muy importantes, avalados por la ley generan sus propios repositorios digitales. Entonces, hay un camino que está realizado también.
En nuestra universidad se está creando el repositorio denominado Riunne, en donde se están cargando las publicaciones de los investigadores de la Casa de Estudios. También en el Conicet tenemos un repositorio muy interesante que se denomina Conicet digital. Es decir, hay muchos casos muy importantes, pero creo que hay un camino por hacer en el cual nos tenemos que involucrar nosotros los investigadores y los becarios y la gente en formación más que nada.
—Y también me parece que hay una instancia que tiene que ver con la decisión de qué digitalizar.
—Sí, totalmente. En realidad tiene que ver con definir ciertas líneas y políticas de acción, qué digitalizar en función de qué está en peores condiciones, qué es fundamental para digitalizar. 
El tema es que siempre el dinero estatal no se piensa en destinarlo para esas cuestiones; entonces, es necesario pensar en políticas de estado a largo plazo en donde la digitalización se vea como una cuestión de conservación y preservación de la memoria e historia colectiva de una comunidad. Por lo cual, no puede ser entendido como un gasto; al contrario, es una inversión en conocimiento a futuro y sobre todo para las generaciones futuras que querrán saber sobre su pasado y sus orígenes. 
—Se me ocurre pensar en tu trabajo específico. ¿Es posible pensar en estos términos?  ¿Cómo usás esas herramientas en tu investigación? Y contanos primero ¿cuál es?
—Pensando que mi tesis de investigación era sobre “Esclavizados y descendientes libres de Corrientes entre 1750 y 1850”, yo realicé un trabajo arduo en el Archivo General de la Provincia de Corrientes. Este archivo es fundamental para mi tema de investigación. He encontrado con los años numerosos datos en muchos fondos que he revisado arduamente. La posibilidad de que el doctor Deniri y el doctor Dardo Ramírez Braschi me abrieran las puertas, ha sido muy beneficioso para la investigación. 
En el transcurso de mi carrera doctoral tuve la posibilidad de irme a Sevilla con una beca financiada por la universidad y porque la facultad me permitió eso también. Y ahí aprendí un montón de herramientas digitales que existen en el mundo a partir de un máster en humanidades digitales. Yo intenté usar esas herramientas pero ya mi trabajo de archivo estaba muy avanzado; entonces, había ciertas cuestiones que yo ya no podía volver atrás a repensar ese trabajo, a armar mi base de datos como hubiese querido si lo hubiese sabido de antes.
Yo aproveché muchísimo lo aprendido en España, pero ya estaba en una instancia final de mi recorrido. Mi recorrido ya estaba en proceso de elaboración de la tesis, si yo hubiese conocido esas herramienta quizás se me hacía mucho más fácil el trabajo de explotar los datos, más en el análisis de documentales. El análisis de documentales que hay que hacerlo porque esos datos no están digitalizados, pero la explotación de esos datos hubiese sido mucho más rica si yo usaba algún software de estos que existen en la actualidad y que se usan en forma constante. 
—Si tuvieras que decir dos o tres temas sobre los cuales centrás tus conversatorios, ¿cuáles serían esos temas?
—En principio, pensar las tres líneas en las cuales los recursos digitales están haciendo foco para la tarea de un investigador, de un historiador específicamente. Por un lado, la explotación de datos; por otro lado, la sistematización de los datos que ya existen en línea a partir de bases de datos como por ejemplo los repositorio de revistas indexadas o repositorios digitales y por otro lado, la visualización del sistema software. Cómo existen softwares que nos permite digitalizar de forma más efectiva y también buscando y pensando en la atracción del público. Es decir, cómo yo puedo hacer una salida gráfica de todo lo que estoy estudiando a partir de contar con un software específico, básicamente esas serían las tres líneas en las cuales se puede pensar los recursos digitales para la tarea del historiador.