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/Ellitoral.com.ar/ Cultura

Con un estilo “kitsch”, un artista fabrica altares para propagar la devoción popular

Bajo una fuerte impronta del carnaval y el chamamé, el correntino Blas Aparecido realiza  espacios devocionarios de santos canonizados y no canonizados a quienes adorna con lentejuelas, flores, bordados y canutillos. Define a sus trabajos bajo la libertad de crear sin estructuras formales y retomando el reciclaje y la revalorización de objetos que fueron importantes en la vida de las personas.
Entre detalles, medallas y canutillos, Aparecidos crea a través del reciclaje de los elementos con los que se encuentra. Foto extraída de su cuenta de Instagram @blasaparecido.
Campera hecha a mano para el baile del Día de la Virgen del Carmen. Foto extraída de su cuenta de Instagram @blasaparecido.
Altar Señora de la Paz. Foto extraída de su cuenta de Instagram @blasaparecido.
Altar San Roque. Foto extraída de su cuenta de Instagram @blasaparecido.

Blas Aparecido es un artista correntino oriundo de Sauce, una localidad ubicada a 400 kilómetros de la ciudad capital y quien, a modo de devoción, realiza altares de imágenes santas o paganas. 

En el  2013, viviendo en Buenos Aires,  tuvo su primer acercamiento a los altares y fue tras realizar fotografìas a hornacinas, unos nichos pequeños donde las familias ponen una imagen sagrada como forma de demostrar su fe y a lo que definió como “expresiones devocionarias auténticas, lo que hace uno desde el corazón, sin academicismos”.

En contacto con ellitoral.com.ar explicó por qué decidió volcarse a la fabricación de este arte novedoso y que lo entiende como “una torre de energía cósmica, un lugar donde se descansa y las miserias hacen tregua”. 

Aparecido valora que en estas demostraciones, no haya tutoriales ni una estética demasiada prolija, sino que cada detalle, cada gesto,  es una expresión del alma. 

En su trabajo, le gusta mechar la cultura del cual es oriundo: el chamamé y el carnaval. Porque allí, está “lo cargado, lo portable”. Para eso se posiciona bajo el estilo “kitsch” a través de una universalidad de elementos como lentejuelas, bordados, flores de plásticos, mostacillas y todo lo que pueda agregarse. 

El artista recordó un chamamé que se llama El Campiriño y logra confluir estas características que él intenta retomar y dice en sus letras:

“Me llaman el campiriño, porque visto como quiero, bien aludo mi sombrero, cinto ancho y un bordado prolijo hace juego en mi campera (...)”.  Para él, todo eso tiene el gaucho que con toda esa suma de detalles también se posiciona bajo el estilo kitsch.

Aparecido remarcó la importancia de poder crear en libertad, sin estructuras formales. Poner cada detalle, cada elemento como sale “desde el corazón” y es la forma en que cada fiel, puede hacer su entrega sin ser juzgados. 

La fabricación de estas estructuras los hace con santos canonizados o no por la iglesia católica. Así es como hizo un altar de un “buda gaucho”. En sus trabajos borda frases, algunas son de canciones como las de Gilda porque son “parte de esta liturgia popular”. También usa soportes pocos convencionales como una forma de reciclar pero también de hacer entender que un altar, puede caber en cualquier lugar.  

“Por fijar la mirada encuentro llaveros, medallas, estampitas o figuras de santos. A todo yo los pongo en un lugar especial y los incluyo en los altares para que ellos de alguna forma puedan volver”, dijo.

También les agrega lucecitas y allí, comentó, encuentra un anclaje a su infancia ya que en esa  intermitencia recuerda a los bichitos de luz en los pajonales de su pueblo.

“En este frenesí de credos, yo hago una propagación de la fe con la particularidad de trabajar con santos y no santos. Mezclo cosas pero al fin y al cabo, se trata de una propagación y que esté sostenido por el arte para mi es la mejor forma de hacerlo”, explicó.

El entrevistado aclaró que quien le encarga un altar es “necesariamente creyente” y lleva también ese “kitsch” que lo caracteriza y  lo definió como el “arte de la felicidad y la posesión”. Esta particularidad, encaja muy bien con la fe porque allí, explicó, hay una necesidad de apropiación y pertenencia con lo que hace bien.

El artista realiza también camperas bordadas con imágenes de santos. Una manera de demostrar cuán cargada podes llevar encima tu fe. “Hay gente que se las pone y otras que los deja en algún rincón de sus casas colgadas”, sostuvo.

Ante la consulta de qué es lo que le inspira, comentó que es la fe de la gente. El amor que siente esa persona o familia a la hora de encargar ese espacio sagrado. Ellos saben que dentro del mismo tendrán un lugar donde incluir lo que deseen, ya sea la carta de un hijo, fotos, o algún amuleto porque en estas creaciones preside la libertad y no existen “fórmulas”. 

Cada elemento, dibujo, detalle que tienen sus trabajos son hechos a mano y por él mismo. “Mi puntada quizás no es muy prolija, pero lo que para mi cuenta acá es el acto devocional, la conexión que es como una promesa, una agachada o una tocada de bocina”, sostuvo Aparecido quien de esta forma, contribuye a la fe popular para que las personas se conecten, se entreguen y recen.  

 

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