ellitoral.com.ar

Viernes 28de Febrero de 2020CORRIENTES15°Pronóstico Extendidoclima_sol_noche

Dolar Compra:$58,75

Dolar Venta:$63,75

Deformidades

Por José Ceschi

¡Buen día! La primera vez que vi a una persona deforme fue en el pueblito donde nací. El hombre tenía un cuerpo normal, pero uno de sus pies estaba vuelto hacia arriba y mostraba algo así como una bocha. La gente decía que era un “pie-bola”.
Otras deformidades mayores las fui conociendo mientras visitaba algunos cotolengos en varios puntos del país.
Revisando mis archivos di con un viejo recorte periodístico en el que se recuerda la muerte de John Merrick, “el hombre elefante”, llamado así por el tamaño de su cabeza y por un extraño bulto que tenía por nariz. Sucedió el 7 de abril de 1890.
Nacido en Londres en 1863, fue abandonado por su madre y criado en un asilo. Ya de chico fue exhibido y explotado como un monstruo en circos y ferias; hasta que un alma piadosa y competente comenzó a mirarlo con otros ojos. Reproduzco la secuencia de la nota: “A los 21 años fue visitado por un médico, interesado en estudiar sus anomalías. Pero el doctor se apiadó del monstruo, aprendió a comunicarse con él y le buscó vivienda en el fondo del hospital. La vida del “hombre elefante” cambió. Por primera vez tenía a alguien que lo escuchaba y su caso se hizo famoso en la ciudad. A pesar de su aspecto, Merrick era un hombre inteligente, gentil y afectuoso, y resultó un apasionado lector de novelas. Sus últimos años fueron felices. Era visitado por los personajes más famosos, recibía innumerables regalos y pudo satisfacer sus dos mayores ambiciones: ir a una función de teatro y visitar el campo. Se desplazaba cubierto por un largo capote y una máscara de tela.
Todos tenemos algún defecto físico, visible o no. Lo malo es obsesionarse por él, como si fuera lo más importante de la persona. No viene mal ver o imaginar a los que padecen discapacidades mucho mayores. ¿Mal ajeno, consuelo de tontos? Tal vez. Pero algo de tontos también tenemos...
¡Hasta mañana!

¿Te gustó la nota?
Comentarios
Logo

Deformidades

Por José Ceschi

¡Buen día! La primera vez que vi a una persona deforme fue en el pueblito donde nací. El hombre tenía un cuerpo normal, pero uno de sus pies estaba vuelto hacia arriba y mostraba algo así como una bocha. La gente decía que era un “pie-bola”.
Otras deformidades mayores las fui conociendo mientras visitaba algunos cotolengos en varios puntos del país.
Revisando mis archivos di con un viejo recorte periodístico en el que se recuerda la muerte de John Merrick, “el hombre elefante”, llamado así por el tamaño de su cabeza y por un extraño bulto que tenía por nariz. Sucedió el 7 de abril de 1890.
Nacido en Londres en 1863, fue abandonado por su madre y criado en un asilo. Ya de chico fue exhibido y explotado como un monstruo en circos y ferias; hasta que un alma piadosa y competente comenzó a mirarlo con otros ojos. Reproduzco la secuencia de la nota: “A los 21 años fue visitado por un médico, interesado en estudiar sus anomalías. Pero el doctor se apiadó del monstruo, aprendió a comunicarse con él y le buscó vivienda en el fondo del hospital. La vida del “hombre elefante” cambió. Por primera vez tenía a alguien que lo escuchaba y su caso se hizo famoso en la ciudad. A pesar de su aspecto, Merrick era un hombre inteligente, gentil y afectuoso, y resultó un apasionado lector de novelas. Sus últimos años fueron felices. Era visitado por los personajes más famosos, recibía innumerables regalos y pudo satisfacer sus dos mayores ambiciones: ir a una función de teatro y visitar el campo. Se desplazaba cubierto por un largo capote y una máscara de tela.
Todos tenemos algún defecto físico, visible o no. Lo malo es obsesionarse por él, como si fuera lo más importante de la persona. No viene mal ver o imaginar a los que padecen discapacidades mucho mayores. ¿Mal ajeno, consuelo de tontos? Tal vez. Pero algo de tontos también tenemos...
¡Hasta mañana!