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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

¿Y si elige ser exitoso?

Por Lic. Horacio V. Pozo

Diputado de ELi

Especial para El Litoral

En la edición del domingo 15 el diario El Litoral de Corrientes reprodujo una editorial de La Nación titulada “Provincias dispendiosas y un Estado otario”, muy interesante por cierto y con una buena cantidad de datos de nuestra realidad, más una referencia al tango “Mano a mano”, al referirse a la amante descariñada del rico bobo: “Los morlacos de ese otario los tirás a la marchanta”.

Se me ocurrió pensar en la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si el presidente de la Nación tuviera como objetivo ser exitoso porque impulsa el incremento del producto bruto y el ingreso de los argentinos, además de disminuir la pobreza? Porque por lo que vemos todos los días, él elige fracasar. Arma un conjunto de medidas y un ramillete de explicaciones (relatos) que refuerzan las políticas que fracasan desde hace 70 años.

La lógica dice que si eligiera ser exitoso, con las condiciones de la Argentina lo lograría. No por arte de magia, sino por un liderazgo lúcido y el esfuerzo normal del trabajo de todos los argentinos.

Cuando se terminó la Segunda Guerra Mundial, en Alemania y Japón, que estaban literalmente destruidas por los bombardeos, me imagino que a nadie se le ocurrió mantener los edificios en ruina, las carreteras destrozadas, las instituciones vacías y fracasadas. Yo aún no nacía, pero por los libros algo sabemos de lo que pasó y cómo salieron. A nadie se le habría ocurrido reclamar planes para comer sin trabajar, ni préstamos internacionales que no serían devueltos, ni cobrar impuestos a las empresas destruidas y quebradas. Proyectaron construir nuevo, bueno, diferente para progresar.

Harry Truman consiguió que se apruebe el Programa de Reconstrucción Europea (European Recovery Program), popularmente conocido como el Plan Marshall.  

En Alemania, en apenas cuatro años, la producción ya había recuperado el nivel previo a la guerra.

Ludwig Erhard, un economista de tendencia liberal que, con la venia de las autoridades aliadas, revolucionó Alemania al tomar tres medidas importantes. Implantó una nueva moneda en tan solo 48 horas; se trataba del marco alemán que nacía para ser una moneda fuerte. La segunda decisión fue eliminar los precios fijos de Hitler; se terminó el desabastecimiento, surgieron oportunidades para producir y creció la demanda de trabajo, o sea, se creó empleo. Y la tercera, una reforma fiscal: del 80 % de impuestos sobre los salarios bajaron al 18 % y las empresas contribuían más. El resultado fue lo que se denominó más tarde el “Milagro alemán”. Como perla adicional está la diferencia a ambos lados del muro, donde se podía observar la del milagro y la liderada por la Urss que cada día era más pobre, hasta la caída del muro en 1989. 

El proceso en Japón fue distinto. Terminada la guerra, también estaban materialmente destruidos y sus instituciones también; enorme pobreza, muchos militares regresando de los diversos escenarios. La ocupación norteamericana se ocupó solo de desmilitarizar y democratizar la sociedad nipona. No asumió ni el costo de la reparación de los daños ni la elaboración de una política estratégica para la reconstrucción económica. 

Los japoneses eligieron un modelo de capitalismo de estado planificado y promotor de empresas vigorosas en la competencia y para exportar. 

El contexto de funcionamiento del capitalismo japonés se diseñó por la reforma política de las naciones aliadas. Esta reforma abarcaba ámbitos como la tierra, la educación, la protección de los sindicatos, la desmilitarización y la disolución de los zaitbatsus (agrupación entre empresas) para provocar competencia. 

El departamento de empresas del Ministerio de Industria y Comercio Internacional (Miti) jugó un papel fundamental en la reorganización empresarial y la competencia inducida, interviniendo el Estado de forma activa en el entorno competitivo que había creado para estimular el crecimiento económico.

Fue vital el papel del Estado en la creación del movimiento por la productividad y los círculos de control de la calidad. Creó en la primera mitad de los años 50 el movimiento por la productividad con ayuda del gobierno de los Estado Unidos.

Los tres principios del movimiento eran los siguientes: cooperación entre el pueblo y el gobierno; cooperación entre empresarios y trabajadores; y distribución de los beneficios derivados del aumento de la productividad.

Impulsaron cambios en las relaciones laborales y humanas en las empresas, con lo cual se generalizó el salario con antigüedad, el empleo de por vida y el sindicato por empresas, llamados “las tres joyas” de la gerencia japonesa.

Nuestra reconstrucción

Si el presidente argentino quisiera ser exitoso debería impulsar un plan que apunte  a los objetivos deseables, por ejemplo, los que están en el preámbulo de la Constitución, y no a profundizar la decadencia, a repetir los errores históricos, a engañar a los pobres, a ahuyentar a los inversores, a profundizar los conflictos lamentables como la inflación, la pobreza, la caída del PBI, la pérdida de reservas, la cuarentena y la desesperanza.

Si quisiéramos imitar a algún país exitoso podríamos hacer como Japón, que es la tercera potencia detrás de Estados Unidos y China, o Alemania que es la cuarta. Un país vecino como Brasil, en 1974 tenía un PBI similar al de Argentina; hoy tiene cuatro veces más. ¿Qué pasó en estos 45 años en Argentina? 

Todos los países cuidan el valor de su moneda  y eso solo se logra si no hay déficit fiscal financiado con emisión monetaria. Cuando Australia y Nueva Zelanda se enteraron de que Inglaterra ingresaba a la UE, no se pusieron a llorar, ni la declararon persona no grata a la reina, ni se volvieron pobres. Salieron a buscar nuevos clientes para sus productos, en los países más cercanos de Asia no tenían ni un consulado. Desde hace varios años venden más que vendiendo a Inglaterra, crecen en sus ingresos y tienen más reservas.

Repitiendo errores tendremos los mismo resultados. Es hora de hacer lo que se sabe que es bueno en cualquier lugar del mundo. Me niego a hablar de “ajuste”, palabra que representa al demonio y desata la locura en Argentina; ajuste sí, ajuste no, le saco a este para darle a otro, o cierro, anulo y empobrezco. Si nos ponemos de acuerdo en que deseamos vivir mejor, la economía debe crecer. Para poder producir y consumir bienes y servicios compatibles con el desarrollo sustentable del siglo XXI hay que generar divisas/reservas para poder comprar todo lo necesario en el mundo globalizado.

Si recordamos el caso de Japón, que es llamativo por ser un país que tiene pocos recursos naturales, ellos pusieron énfasis en que debían producir bienes para el mundo y gran parte eran metales y debieron traerlos porque no los tenían; los procesaron y exportaron. 

Si recordamos a Alemania, crearon la moneda -el marco- sin inflación y sin déficit fiscal. Bajaron los impuestos y sacaron los precios máximos. Pero no se puede vender en el mundo sin ser competitivos. Y para eso deben desaparecer las vivezas de exportar bienes con impuestos o retenciones. Hace 200 años los ingleses establecieron el “drawback” y no se exportan impuestos. Los salarios deben estar en línea con la productividad. Esta se incrementa cuando se exporta más y los salarios crecen (recordar a Japón).

Presidente, le quedan tres años de mandato, elija ser exitoso y seguro el pueblo lo reelige, y además el bronce. Si seguimos como hasta hoy vivirá complicado todos los días con conflictos inútiles, cayendo, empobreciendo, viendo cómo emigran los inversores; los niños con hambre. Si es peronista, imítelo; él copió de Italia y Alemania lo que era bueno en aquel tiempo (1945), fue innovador, después se equivocó cuando el mundo cambió y no se adaptó.

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