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La argentinización de Italia

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Por León Horacio Gutnisky
Especial para El Litoral

En el diario La Nación del día miércoles, página 29, se publica un artículo de opinión del profesor de Historia de la Universidad de Bolonia, Italia, Loris Zanatta, con el título “¿Será la señora Kirchner tan diferente de nosotros?”, que me voy a permitir sintetizar, respetando que escribió “para La Nación”, porque me impresionó la certeza de sus apreciaciones, en especial cuando al comienza dice “no sé si los italianos tenemos la mafia en los genes y los exportamos a donde migramos, según dijo Cristina Kirchner”, y se permite una humorada haciendo una referencia a los antepasados alemanes, maternos y a los ancestros suizos de Néstor, diciendo que “su feudo de Santa Cruz es un ejemplo de rigor luterano: ambos gobernaron la Argentina animados por el más puro puritanismo calvinista” y se pregunta “¿por qué ofender y ofenderse?”, haciendo referencia a la corrupción en Santa Cruz y en nuestro país durante 12 años.
La vicepresidenta, con sus dichos no solo ofendió a toda la inmigración italiana, sino también a todos los que emigraron a nuestra Argentina al llamado de la Constitución Nacional: “Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”, incluso a los descendientes de alemanes, a quienes podemos decir que trajeron el nazismo a la Argentina, y no es así pese a que pudo haber grupos que sí lo hicieron, o a los descendientes de suizos, país que se convirtió en refugio de dineros mal habidos, y por eso condenar a todos los suizos que vinieron a poblarnos, y así seguir con los españoles por franquistas y también a los judíos por judíos. Todos hicieron grande a la Argentina y todos tienen descendientes non sanctos, así que mejor no juzgar a todos con la misma vara.
Sigue el profesor de Bolonia: “Durante mucho tiempo esperé que la Argentina siguiera los pasos de Italia, que en dos generaciones pasó del fascismo a la democracia y del hambre a la prosperidad. Estaba equivocado. Como muchos, hoy observo resignado ‘argentinizarse a Italia’”. Nosotros, por otra parte, de este lado del mundo quisiéramos “italianizar” a Argentina.
Nos preguntamos hasta dónde es así porque desde acá vemos diferencias notables entre Italia y Argentina, lamentablemente en favor de Italia: su infraestructura, sus trenes de alta velocidad, sus aeropuertos, sus buques que nos visitan por carga o con pasajeros, todo ello después de haber pasado la Segunda Guerra que devastó Italia; entonces, ávidos de saber, seguimos leyendo el artículo que comentamos:
Cita a un sociólogo italiano, Luca Rivoli, quien da pie al título de esta nota: “Italia es un país en decadencia, un paso a la vez, una argentinización lenta”, y sigue: “Al igual que Italia, la Argentina se ha acostumbrado a vivir por encima de sus posibilidades, a anteponer las rentas al trabajo, el consumo a la producción. No premiamos el saludable individualismo de quienes intentan emerger con talento y sacrificio, sino el conformismo de quienes corean consignas gastadas. Estamos entre los países menos productivos de nuestras regiones (Italia, lugar 80 después de Fiji; Argentina, 180 después de Gambia), con el mercado laboral más rígido y la administración pública más ineficiente. Pero eso sí, combatimos el neoliberalismo, formamos especialistas de la resistencia antiliberal”.
Y ya en el terreno de la educación, escribe el profesor de la Universidad de Bolonia: “En lugar de exigir más y preparar mejor nuestras universidades, asignan títulos cada vez más devaluados, irrelevantes para la vida real”.
No es esto lo que está pasando en nuestro país, nos preguntamos; era necesario multiplicar las universidades con criterio político pero con una falencia de profesores para atender la demanda de cátedras, superponiendo carreras en vez de concentrar en busca de la eficiencia.
Tomemos el caso de nuestra Universidad, con 2.000 aspirantes en las carreras de Medicina. ¿Estamos en condiciones de atender eficientemente esta demanda? Y si hablamos de exámenes de ingreso para que entren los realmente capacitados, se nos tilda de limitacionistas, de clasistas. Pero qué saldrá de nuestras universidades si domina en ellas la política y no las posibilidades reales de dar una adecuada formación.
Y leemos el final que nos comprende a todos los argentinos: “Cuando llega la hora del ajuste de cuentas, los italianos y los argentinos somos campeones en compadecernos, en hacernos las víctimas, en acusar al destino y a los enemigos. La culpa es del Euro y de Europa dicen los italianos, mientras los otros europeos siguen progresando. La culpa es de las deudas, les hacen eco los argentinos, confundiendo el efecto con la causa. No es sorprendente que no crezcamos, que el ascensor social esté roto, que corramos cantando y batiendo el parche hacia el barranco. Pero al final nos absolvemos a nosotros mismos y seguimos nuestro camino”.
Cuánto de verdad hay en la opinión de Loris Zanatta y cuánto tenemos que aprender viendo que en el rango de la libertad económica del mundo, Italia está detrás de Fiji y Argentina detrás de Gambia.
Nos imaginamos algo así hace unos años, que después de 200 años Gambia nos supere.
Argentinos a las cosas dijo Ortega y Gasset en la década del 30.
¿Debemos seguir esperando qué?

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La argentinización de Italia

Por León Horacio Gutnisky
Especial para El Litoral

En el diario La Nación del día miércoles, página 29, se publica un artículo de opinión del profesor de Historia de la Universidad de Bolonia, Italia, Loris Zanatta, con el título “¿Será la señora Kirchner tan diferente de nosotros?”, que me voy a permitir sintetizar, respetando que escribió “para La Nación”, porque me impresionó la certeza de sus apreciaciones, en especial cuando al comienza dice “no sé si los italianos tenemos la mafia en los genes y los exportamos a donde migramos, según dijo Cristina Kirchner”, y se permite una humorada haciendo una referencia a los antepasados alemanes, maternos y a los ancestros suizos de Néstor, diciendo que “su feudo de Santa Cruz es un ejemplo de rigor luterano: ambos gobernaron la Argentina animados por el más puro puritanismo calvinista” y se pregunta “¿por qué ofender y ofenderse?”, haciendo referencia a la corrupción en Santa Cruz y en nuestro país durante 12 años.
La vicepresidenta, con sus dichos no solo ofendió a toda la inmigración italiana, sino también a todos los que emigraron a nuestra Argentina al llamado de la Constitución Nacional: “Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”, incluso a los descendientes de alemanes, a quienes podemos decir que trajeron el nazismo a la Argentina, y no es así pese a que pudo haber grupos que sí lo hicieron, o a los descendientes de suizos, país que se convirtió en refugio de dineros mal habidos, y por eso condenar a todos los suizos que vinieron a poblarnos, y así seguir con los españoles por franquistas y también a los judíos por judíos. Todos hicieron grande a la Argentina y todos tienen descendientes non sanctos, así que mejor no juzgar a todos con la misma vara.
Sigue el profesor de Bolonia: “Durante mucho tiempo esperé que la Argentina siguiera los pasos de Italia, que en dos generaciones pasó del fascismo a la democracia y del hambre a la prosperidad. Estaba equivocado. Como muchos, hoy observo resignado ‘argentinizarse a Italia’”. Nosotros, por otra parte, de este lado del mundo quisiéramos “italianizar” a Argentina.
Nos preguntamos hasta dónde es así porque desde acá vemos diferencias notables entre Italia y Argentina, lamentablemente en favor de Italia: su infraestructura, sus trenes de alta velocidad, sus aeropuertos, sus buques que nos visitan por carga o con pasajeros, todo ello después de haber pasado la Segunda Guerra que devastó Italia; entonces, ávidos de saber, seguimos leyendo el artículo que comentamos:
Cita a un sociólogo italiano, Luca Rivoli, quien da pie al título de esta nota: “Italia es un país en decadencia, un paso a la vez, una argentinización lenta”, y sigue: “Al igual que Italia, la Argentina se ha acostumbrado a vivir por encima de sus posibilidades, a anteponer las rentas al trabajo, el consumo a la producción. No premiamos el saludable individualismo de quienes intentan emerger con talento y sacrificio, sino el conformismo de quienes corean consignas gastadas. Estamos entre los países menos productivos de nuestras regiones (Italia, lugar 80 después de Fiji; Argentina, 180 después de Gambia), con el mercado laboral más rígido y la administración pública más ineficiente. Pero eso sí, combatimos el neoliberalismo, formamos especialistas de la resistencia antiliberal”.
Y ya en el terreno de la educación, escribe el profesor de la Universidad de Bolonia: “En lugar de exigir más y preparar mejor nuestras universidades, asignan títulos cada vez más devaluados, irrelevantes para la vida real”.
No es esto lo que está pasando en nuestro país, nos preguntamos; era necesario multiplicar las universidades con criterio político pero con una falencia de profesores para atender la demanda de cátedras, superponiendo carreras en vez de concentrar en busca de la eficiencia.
Tomemos el caso de nuestra Universidad, con 2.000 aspirantes en las carreras de Medicina. ¿Estamos en condiciones de atender eficientemente esta demanda? Y si hablamos de exámenes de ingreso para que entren los realmente capacitados, se nos tilda de limitacionistas, de clasistas. Pero qué saldrá de nuestras universidades si domina en ellas la política y no las posibilidades reales de dar una adecuada formación.
Y leemos el final que nos comprende a todos los argentinos: “Cuando llega la hora del ajuste de cuentas, los italianos y los argentinos somos campeones en compadecernos, en hacernos las víctimas, en acusar al destino y a los enemigos. La culpa es del Euro y de Europa dicen los italianos, mientras los otros europeos siguen progresando. La culpa es de las deudas, les hacen eco los argentinos, confundiendo el efecto con la causa. No es sorprendente que no crezcamos, que el ascensor social esté roto, que corramos cantando y batiendo el parche hacia el barranco. Pero al final nos absolvemos a nosotros mismos y seguimos nuestro camino”.
Cuánto de verdad hay en la opinión de Loris Zanatta y cuánto tenemos que aprender viendo que en el rango de la libertad económica del mundo, Italia está detrás de Fiji y Argentina detrás de Gambia.
Nos imaginamos algo así hace unos años, que después de 200 años Gambia nos supere.
Argentinos a las cosas dijo Ortega y Gasset en la década del 30.
¿Debemos seguir esperando qué?