Oración y silencio -- Por José Ceschi
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Oración y silencio -- Por José Ceschi

¡Buen día! “Nada fortifica tanto las almas como el silencio. Es como una oración íntima en que ofrecemos a Dios nuestras tristezas”, escribió Jacinto Benavente.
Y no sólo las tristezas sino también las alegrías, las incertidumbres, las esperanzas, los miedos: todo. El silencio es indispensable para que una oración llegue a ser profunda. Incluso para poder entrar en comunicación profunda con otro. En “La aventura apasionante de orar”, Emilio Mazariegos decía al respecto:
“El silencio hace al hombre salir de sí mismo y entrar en el otro, en los otros, y descubrir el mundo que queda en el silencio, en el misterio, en el otro. El otro es silencio profundo en quien se entra desde un silencio profundo. El silencio es cercanía, encuentro.
El silencio es el pie descalzo en la tierra llamada Dios. Porque el nuevo hombre de Dios es “Silencio”. Dios se ha hecho silencio profundo en su Espíritu que habita el silencio más profundo del hombre. En la zona más silenciosa del ser allí habita Dios. El silencio es el diálogo de enamorados, es el clima de la unión, es el momento del éxtasis, es la pérdida del yo y la fuerza presente del Tú. La oración es un camino hacia el silencio profundo. Desde la palabra, desde el pensamiento, desde la imagen, desde el concepto, desde el sentimiento, desde... hasta la presencia amorosa de dos en el amor.
La oración exige un clima de silencio. Porque la oración cristiana no se queda en el silencio-vacío sin más. La oración cristiana exige un silencio-escucha. Se hace silencio para la “gran audición” de Dios. La oración cuando entra en la gratitud no tiene palabras: se hace vida. La palabra oída en el silencio tiene una resonancia diferente. La palabra escuchada en clima de oración silenciosa sabe a voz-palabra de alguien que la ha pronunciado para el que escucha. Es una palabra para mí.
El silencio hace todo grande. El silencio agiganta las cosas. El silencio hace descubrir la armonía de la existencia y situar cada cosa en su sitio unida en su conjunto. El hombre silencioso es un hombre que crece hacia adentro...”.
¡Hasta mañana!

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Oración y silencio -- Por José Ceschi

¡Buen día! “Nada fortifica tanto las almas como el silencio. Es como una oración íntima en que ofrecemos a Dios nuestras tristezas”, escribió Jacinto Benavente.
Y no sólo las tristezas sino también las alegrías, las incertidumbres, las esperanzas, los miedos: todo. El silencio es indispensable para que una oración llegue a ser profunda. Incluso para poder entrar en comunicación profunda con otro. En “La aventura apasionante de orar”, Emilio Mazariegos decía al respecto:
“El silencio hace al hombre salir de sí mismo y entrar en el otro, en los otros, y descubrir el mundo que queda en el silencio, en el misterio, en el otro. El otro es silencio profundo en quien se entra desde un silencio profundo. El silencio es cercanía, encuentro.
El silencio es el pie descalzo en la tierra llamada Dios. Porque el nuevo hombre de Dios es “Silencio”. Dios se ha hecho silencio profundo en su Espíritu que habita el silencio más profundo del hombre. En la zona más silenciosa del ser allí habita Dios. El silencio es el diálogo de enamorados, es el clima de la unión, es el momento del éxtasis, es la pérdida del yo y la fuerza presente del Tú. La oración es un camino hacia el silencio profundo. Desde la palabra, desde el pensamiento, desde la imagen, desde el concepto, desde el sentimiento, desde... hasta la presencia amorosa de dos en el amor.
La oración exige un clima de silencio. Porque la oración cristiana no se queda en el silencio-vacío sin más. La oración cristiana exige un silencio-escucha. Se hace silencio para la “gran audición” de Dios. La oración cuando entra en la gratitud no tiene palabras: se hace vida. La palabra oída en el silencio tiene una resonancia diferente. La palabra escuchada en clima de oración silenciosa sabe a voz-palabra de alguien que la ha pronunciado para el que escucha. Es una palabra para mí.
El silencio hace todo grande. El silencio agiganta las cosas. El silencio hace descubrir la armonía de la existencia y situar cada cosa en su sitio unida en su conjunto. El hombre silencioso es un hombre que crece hacia adentro...”.
¡Hasta mañana!