En los días de la fundación de nuestra ciudad no existía comunidad aborigen estable en la zona, hoy ciudad de Corrientes. Los grupos se trasladaban constantemente, según la época del año, en búsqueda de lugares más aptos, ya sea para la cosecha, la caza, la pesca, etc. Sin embargo se consideraban los dueños de estos territorios. Por lo que, ante la presencia de un grupo español, se pusieron a la defensiva.
Corría el año 1588, durante los meses de asentamiento, y de exploración del terreno para la fundación de nuestra ciudad de Corrientes.
Según la tradición, unánime y constante, los naturales decidieron el desalojo de los españoles por medio de acciones bélicas. A la hora elegida llevaron adelante el ataque. Al no conseguirse el objetivo, los intentos se suceden. Pero el esfuerzo y la pericia de los naturales resultaban insuficientes. Estos sospecharon que la cruz, plantada en la cercanía, podría tener algo que ver: ¿sirve de protección del grupo español? Ante esa posibilidad decidieron incinerarla. Armaron fuego alrededor de su base, pero la cruz no entró en combustión. Los intentos se sucedían, y -¡asombrosamente!- la cruz no sufrió las consecuencias de las llamas.
La incombustión sorprendió, asombró y maravilló, tanto a naturales como a españoles. Más allá de las explicaciones e interpretaciones de naturales, por un lado, y de españoles, por otro, ambos bandos lo asumieron como un prodigio, como “el Milagro de la Cruz”.
La común contemplación del prodigioso suceso de la incombustión: por una parte, permitió tregua y acercamiento; y, por otra, ejerció una saludable influencia en el ánimo de los originarios, ya que estos desistieron de su propósito, dejando en paz a los españoles.
El Milagro de la Cruz, por tanto, favoreció el encuentro, facilitó grandemente el inicio de la evangelización de los naturales, y promovió la difusión de la fe cristiana en todas estas tierras.
Después del prodigioso suceso de la incombustión de la cruz, confeccionada según la tradición con palos de urunday, esta recibe el nombre de la “Cruz del Milagro” por parte de naturales y españoles. Incombustión, y convivencia pacífica, es el Milagro de la Cruz. Problemas y dificultades, ¡los hubo y los habrá! Pero los correntinos, inspirados por esta Cruz, siempre salen adelante.
Con el paso del tiempo, al núcleo de la tradición unánime y constante, se le añadió otros elementos como el rayo, el arcabuz, el meteorito, etc. Estos añadidos, aunque se popularizaron ampliamente, no ayudaron ni ayudan a centrarse en lo fundamental; además de transmitir un cierto menosprecio por los naturales de estas tierras.
La fiesta del 3 de mayo de cada año nos vincula con el Milagro de la Cruz, con la intervención providencial que posibilitó la fundación de la ciudad y el encuentro. Nuestra fiesta, por ello, es jornada de gratitud y de renovada esperanza en una comunidad correntina cada vez más fraterna.
Bajo la sombra de la Cruz de los Milagros anualmente los correntinos celebramos el milagro del encuentro, el prodigio de la paz, el surgimiento de la “Ciudad de Vera”, y nuestra peregrinación en la fe.
Además, desde su retablo, la Cruz de los Milagros es un recordatorio permanente de que Jesús fue elevado en alto, y que si creemos en él tendremos vida eterna. La Cruz no es un fetiche ni un amuleto: es el símbolo de nuestra redención en Cristo Jesús. Este es el nombre que nos fue dado para la salvación del pecado y de la muerte.
¡Feliz y bendecido día de la Cruz de los Milagros!
Corrientes, 3 de mayo del 2020, día en el que El Litoral cumple sesenta años de servicio de la comunicación. ¡Muchas felicidades!
P. Ramón Billordo. Sacerdote del santuario de la Cruz de los Milagros.