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/Ellitoral.com.ar/ Sociedad

Los Ghelardi en Malvinas: dos hermanos, una trinchera y un eterno abrazo de final de guerra 

Miguel Angel hizo el servicio militar en el 81, pero al año siguiente lo volvieron a convocar para ir a combatir. Roberto había comenzado a hacer la colimba en febrero del 82. En un caso muy peculiar, ambos fueron a las islas formando parte del mismo regimiento y estuvieron apostados en igual zona de combate. Sobrevivieron al horror y juntos regresaron a casa. Después, cada uno siguió su camino para poder sobrevivir a la posguerra.
Juntos. Roberto (izquierda) y Miguel Angel (derecha), los hermanos que combatieron juntos en Malvinas.
Honor. Mural del centro malvineros de Libres que rinde tributo a los veteranos de guerra.
Unidad. Los ex combatientes reciben el reconocimiento de la sociedad en cada acto libreño por Malvinas.
Familia. Roberto junto a su esposa, sus tres hijas y dos nietas. A la derecha: los Ghelardi en Estación Solari.

Gustavo Lescano

glescano@ellitoral.com.ar

Roberto dice que no recuerda muchos detalles específicos de la guerra de Malvinas porque todo lo vivido fue como un complejo torbellino de escenas angustiantes, muy duras. Pero también admite que en su vuelta a casa dejó todos esos recuerdos en un rincón de su memoria, salvo un hecho: aquel aliviador abrazo con su hermano Miguel Angel que se dieron apenas desembarcaron en el puerto de Buenos Aires, en el final del conflicto bélico de 1982. 

Los Ghelardi fueron juntos al sur desde su pueblo natal Mariano I. Loza (Estación Solari), en el mismo regimiento y prácticamente compartieron trincheras en Monte Kent. Estaban pendiente uno del otro y se veían con cierta frecuencia, aunque sea unos minutos, siempre y cuando los perturbadores bombardeos de la flota inglesa se los permitiera.  

También se vieron durante los desolados días como prisioneros en un corral de ovejas, en el posterior viaje a Puerto Argentino y en el trayecto en barco hasta el continente. Sin embargo, el verdadero final de la guerra lo marcó el inolvidable abrazo: se sintieron sobrevivientes y recobraron las fuerzas suficientes para enfrentar la posguerra, que fue más dura que la misma guerra. 

De eso no tiene dudas Roberto Ramón Ghelardi, actual presidente del Centro de Ex Combatientes de Paso de los Libres, la ciudad que lo cobijó a su regreso de Malvinas. Y él sabe bien lo difícil que fue ese sombrío período, en particular por las constantes batallas que protagonizó junto con sus pares para lograr el reconocimiento estatal por el abandono al que fueron sometidos los ex soldados. 

“Pasamos muchas cosas difíciles, tanto en la guerra como en la posguerra, que a veces te ponés a charlar y ahí recién brotan los recuerdos. Pero la guerra en sí fue muy dura. A veces escuchás hablar a alguien sobre lo que pasamos y te hace una cargada. Entonces ahí pensamos: ‘la pucha, ¿qué está diciendo?’… Te dice eso porque no sabe… no sabe todo lo que pasamos...”, resaltó Roberto y se quedó en silencio, sin palabras, quebrado por el recuerdo. No es fácil sintetizar Malvinas. Menos aún después de todo lo que pasó desde el final del conflicto que marcó para siempre sus vidas. 

La historia de los hermanos Ghelardi expone todas esas cicatrices y convoca a la reflexión al cumplirse hoy 38 años de aquel 14 de junio en que finalizó el conflicto bélico. 

“Cuando el regimiento estaba embarcando, vi que mi hermano iba y me fui. Así de una: me subí al avión y cuando me di cuenta ya estábamos en Malvinas”.  

Los días en Solari 

Roberto habló sobre Malvinas, de su hermano Miguel Angel y también del combate interminable que siguen librando los ex conscriptos por el reconocimiento adeudado y para mantener viva la memoria malvinera. En el comienzo de la charla telefónica mantenida con El Litoral desde su casa de Paso de los Libres, se remontó a principios de 1982, a la vida de los Ghelardi en la localidad de Mariano I. Loza, un pueblo del departamento de Mercedes que es más conocido por su raíz ferroviaria: Estación Solari. 

Su familia era numerosa. Estaba compuesta por once hermanos -siete varones y cuatro mujeres-, la madre Eva Alegre (que hoy, a sus 81 años, vive en Solari) y el padre, José Fermín (quien falleció hace un tiempo). En ese comienzo de la década del 80, para los mayores del núcleo familiar, los trabajos rurales se conjugaban con los del comercio en el pequeño poblado. Y el destino de Miguel Angel y Roberto (quienes se llevaban un año de diferencia) comenzaba ya a trazar llamativas paradojas. 

Los tres primeros hermanos fueron exceptuados -por distintos motivos- de hacer el servicio militar obligatorio, pero el cuarto, Miguel Angel, tuvo que hacerlo. Al comenzar 1982 también Roberto se tuvo que alistar para la colimba, ante la convocatoria a la clase 1963. “Me incorporé el 8 de febrero del 82, con la particularidad de que justo en ese momento mi hermano salió de baja con una tanda de la clase 62”, resaltó Roberto. 

Menos de dos meses después llegaron las noticias de que el 2 de abril se recuperaron las islas Malvinas. En esos días agitados volvieron a convocar a la clase 62 y así los hermanos Ghelardi formaron parte del Regimiento 12 “General Arenales” de Mercedes, Compañía B, Infantería. 

Al recibir la orden de viajar a Malvinas, “nos embarcamos los dos y en todo momento estuvimos juntos”, indicó y recordó luego que, si bien tuvo la posibilidad de quedarse en el continente, prefirió ir a la guerra. “Era motorista y por esa especialidad no tenía que cruzar a las islas. Pero cuando el regimiento estaba embarcando, vi que mi hermano iba y me fui. Así, de una: me subí al avión y cuando me di cuenta ya estábamos en Malvinas”, apuntó Roberto. 

  

Juntos en lo peor 

Los dos hermanos fueron asignados al mismo lugar, Monte Kent. Miguel Angel en la sección de tiradores, y Roberto como apoyo a morteros. “Estábamos muy cerca”, acotó este último y agregó: “En un momento dado, durante la guerra, parte del regimiento se trasladó a Darwin, a unos 70 kilómetros del primer destino. Y los dos fuimos seleccionados y permanecimos juntos: ¡una cosa increíble!”. 

“Para nosotros, la guerra fue muy difícil. En Monte Kent, si bien no estuvimos en el mismo puesto, mantuvimos contacto con cierta frecuencia. Y durante y después de los bombardeos siempre pensábamos cómo estará el otro hermano, qué será que pasó. Hasta que cesaban los ataques y podíamos vernos, manteníamos esa preocupación permanente por el otro”, contó Roberto. 

Una escena que no olvida el ex combatiente sobre su hermano se presentó en Darwin tras un permanente ataque británico y tres o cuatro días de no saber del otro. “En un momento dado me llama un suboficial, quien venía acompañado por un soldado al que apenas distinguía. Esa silueta, en realidad pertenecía a mi hermano: estaba zaparrastroso, sucio, con todo eso que sólo en la guerra sucede… y la verdad que me sorprendió sobremanera verlo así. La guerra fue muy dura…”, indicó sin más detalles sobre aquella situación que lo sacudió internamente. 

“En la guerra pasa de todo. En mi caso, la situación más complicada que me tocó vivir en Malvinas se presentó cuando caímos prisioneros y un día me encomendaron recuperar los cuerpos de nuestros camaradas… fue la parte más difícil, más dura, que tuve que atravesar…”. 

La vuelta a casa 

Tras el final de la guerra, los dos hermanos regresaron como se habían ido al sur, juntos. Al bajar de las escalinatas del buque que amarró en el puerto de Buenos Aires, se dieron el inolvidable abrazo y tras un tiempo en Campo de Mayo, emprendieron el viaje de regreso a Mercedes. “De ahí, cada ex combatiente fue a su lugar de origen y como muchos tuvimos que salir a buscar nuestro destino, a conseguir trabajo y tener salud”, recordó Roberto Ghelardi sobre esos primeros días de posguerra en los que los ex combatientes estuvieron sin ninguna contención social ni sanitaria. 

“Volvimos a Mariano I. Loza, mi hermano siguió estudiando y se recibió de profesor de Educación Física. Yo había dejado los estudios antes de Malvinas y ya trabajaba en un negocio, por lo cual volví al rubro, pero en esa ocasión me fui a Paso de los Libres donde tenía a mis otros hermanos viviendo. En el 83 me radiqué allí”, señaló. 

“Con 18 años, los ex combatientes seguimos adelante como pudimos y tratamos de retomar nuestras vidas. Pero lamentablemente nos fuimos encontrando con situaciones muy complicadas”, advirtió Roberto. Tras lo cual graficó: “Al principio, para muchos éramos los locos de la guerra. Creo que la mayoría trataba de ignorar eso, pero era algo que nos dolía, y mucho. Por eso, cuando llegué a Paso de los Libres, obviamente fue dificilísimo conseguir trabajo. Y al igual que los demás, cuando buscaba un laburo, no mencionaba que era veterano de guerra”. 

Roberto retomó su vida en la ciudad fronteriza y desde un principio se involucró en el reclamo de los ex combatientes por reconocimiento y asistencia, para lo cual se sumó a sus camaradas para trabajar sectorialmente. En ese camino llegó a ser referente y actualmente es el presidente del centro de ex combatientes local. 

En su faceta personal, a los 27 años se casó con Dora Susana Gutiérrez, la madre de sus tres hijas: Dahiana Belén (1991); Daniela Marlene (1994) y Luzmila Agustina (2004). Además, tiene dos nietas, Marlene y Francesca. 

 

“Por mi parte, borré bastante lo mío en Malvinas. No sé qué pasó dentro de mi cabeza”, contó Roberto Ghelardi.

  

Hablar de Malvinas 

Miguel Angel Ghelardi volvió, retomó sus estudios, se recibió y quedó viviendo y ejerciendo en Mercedes. Hoy en día ya está jubilado y el pasado 11 de junio cumplió 58 años. 

Con su hermano, según contó el propio Roberto, hablaron en contadas ocasiones lo que sucedió en la guerra. “Yo hice mi vida acá en Libres y viajaba a Mariano I. Loza muy esporádicamente”, indicó y reconoció que “en mi caso no me costó tanto hablar de Malvinas, porque desde un principio ya estuve en la causa junto con mis camaradas. A Miguel Angel sí le costó mucho, porque no quiso saber nada del tema: vino, siguió su carrera y dejó atrás la guerra”. 

Sin embargo, “cuando él tenía 44 años hubo un momento en que hizo un clic, al atravesar problemas importantes. A partir de ahí empezó otra vida y tal vez desde ese momento se involucró más en el tema de Malvinas, logró hablar más, aunque nunca nos sentamos a conversar en detalle”, manifestó Roberto dejando abierta la posibilidad de saldar esa deuda mutua. 

“Por mi parte, borré bastante lo mío en Malvinas. No sé qué pasó dentro de mi cabeza, pero prácticamente traté de dejarlo guardado en un lugar de la memoria”, reconoció el ex combatiente. 

“¿Volverías a Malvinas?”, se le consultó y su respuesta fue contundente: “No, y no sé por qué. Mi hermano sí viajó el año pasado con el grupo de ex combatientes invitados por el Gobierno provincial. Miguel Angel vino totalmente emocionado, vio todo de otra manera. Pero en mi caso no, algo me dice que no vaya. Eso no me pasa sólo a mí, sino a muchos. Pasan cosas en la cabeza de uno que no se sabe qué son...”. 

Esa incógnitas aún perduran en el ex combatiente, a 38 años de finalizada la guerra.

En cifras

La guerra duró 74 días, desde el 2 de abril hasta el 14 de junio con la rendición argentina. Murieron 650 argentinos (casi un centenar de correntinos) y 248 británico, y fueron heridos 1.188 y 777 soldados, respectivamente. La derrota precipitó la caída de la dictadura militar.

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