El teletrabajo: un modelo salvador
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El teletrabajo: un modelo salvador

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Por Juan Pablo Chiesa*
Publicado en Télam


La inexistencia de normativa específica para el teletrabajo debe ser objeto de materia para los expertos en derecho laboral, para dirimir las dificultades que presenta su regulación en la práctica y lograr la implementación de políticas que lo promuevan.
Las propuestas de intervención legislativa son un avance en esa dirección. Aprovechando la coyuntura propiciada por la pandemia, debemos iniciar una sana discusión acerca de un texto legislativo que, sin establecer una nueva categoría contractual para el teletrabajo, incluya al teletrabajo autónomo, dotándolo de cierto marco mínimo de protección, teniendo en cuenta las similitudes que en el plano fáctico presenta con el teletrabajo en relación de dependencia. Esto podría reducir el riesgo de una eventual fuga hacia la subcontratación “autónoma” para eludir los costos vinculados a la dependencia laboral.
Otra solución interesante sería plantear el derecho de reversión como opción del trabajador (aunque pueda surgir también de una propuesta del empleador), lo que podría generar mayor confianza en la figura, presentándose como una garantía de inalterabilidad de las condiciones laborales.
Por último, debemos ponderar las ventajas del teletrabajo, máxime en el marco de una emergencia sanitaria global, ya que además de permitir mantener las economías a flote:
l Resguarda la seguridad sanitaria del trabajador.
l Posibilita el ahorro de dinero y tiempo de traslados.
l Es una solución ideal para padres con hijos pequeños.
l Reduce los niveles de estrés.
l Facilita la continuidad laboral.
La OIT se ha expresado en favor del teletrabajo manifestando que incrementa la satisfacción personal del empleado, ya que pueden encontrar más fácilmente un equilibrio entre la vida privada y el trabajo, y el tiempo que habrían perdido bloqueados en el tráfico puede ser dedicado a trabajar para la empresa.
El teletrabajo permite, además, que los empleadores ahorren dinero en el consumo de energía, bienes inmuebles y costos de reubicación. También permite ahorrar el tiempo que se pierde en reuniones innecesarias o mal organizadas, permitiendo una mejor planificación de las teleconferencias.
Pero, probablemente, uno de los argumentos más fuertes a favor del teletrabajo puede ser expresado en una palabra: diversidad. El teletrabajo también ofrece mejores posibilidades a personas con discapacidad que tienen dificultades para llegar al lugar de trabajo. Algunos empleadores completamente virtuales contratan personal a distancia sin haberlo visto, reduciendo la eventual discriminación.
Permite enriquecer la reserva de talentos a disposición de los empleadores.
Los horarios de trabajo deben ser programados en base a las necesidades de la familia. También es necesario disponer de políticas en materia de permisos flexibles y bien remunerados, así como servicios sociales accesibles y de calidad, tanto para las mujeres como para los hombres. Pero con la cantidad de innovación tecnológica que disponen las empresas, como videoconferencias, mensajería instantánea, correo electrónico y hasta el tradicional teléfono, así como el contacto directo ocasional y los sistemas de evaluación basados en el rendimiento, el teletrabajo ofrece argumentos muy convincentes.
Por todo esto, pero sobre todo porque se presenta como una alternativa viable ante la crisis sanitaria, es que empleadores, trabajadores y Estados deben tomar medidas para impulsar el teletrabajo en esta época de incertidumbre.
* El autor es abogado laboralista.

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El teletrabajo: un modelo salvador

Por Juan Pablo Chiesa*
Publicado en Télam


La inexistencia de normativa específica para el teletrabajo debe ser objeto de materia para los expertos en derecho laboral, para dirimir las dificultades que presenta su regulación en la práctica y lograr la implementación de políticas que lo promuevan.
Las propuestas de intervención legislativa son un avance en esa dirección. Aprovechando la coyuntura propiciada por la pandemia, debemos iniciar una sana discusión acerca de un texto legislativo que, sin establecer una nueva categoría contractual para el teletrabajo, incluya al teletrabajo autónomo, dotándolo de cierto marco mínimo de protección, teniendo en cuenta las similitudes que en el plano fáctico presenta con el teletrabajo en relación de dependencia. Esto podría reducir el riesgo de una eventual fuga hacia la subcontratación “autónoma” para eludir los costos vinculados a la dependencia laboral.
Otra solución interesante sería plantear el derecho de reversión como opción del trabajador (aunque pueda surgir también de una propuesta del empleador), lo que podría generar mayor confianza en la figura, presentándose como una garantía de inalterabilidad de las condiciones laborales.
Por último, debemos ponderar las ventajas del teletrabajo, máxime en el marco de una emergencia sanitaria global, ya que además de permitir mantener las economías a flote:
l Resguarda la seguridad sanitaria del trabajador.
l Posibilita el ahorro de dinero y tiempo de traslados.
l Es una solución ideal para padres con hijos pequeños.
l Reduce los niveles de estrés.
l Facilita la continuidad laboral.
La OIT se ha expresado en favor del teletrabajo manifestando que incrementa la satisfacción personal del empleado, ya que pueden encontrar más fácilmente un equilibrio entre la vida privada y el trabajo, y el tiempo que habrían perdido bloqueados en el tráfico puede ser dedicado a trabajar para la empresa.
El teletrabajo permite, además, que los empleadores ahorren dinero en el consumo de energía, bienes inmuebles y costos de reubicación. También permite ahorrar el tiempo que se pierde en reuniones innecesarias o mal organizadas, permitiendo una mejor planificación de las teleconferencias.
Pero, probablemente, uno de los argumentos más fuertes a favor del teletrabajo puede ser expresado en una palabra: diversidad. El teletrabajo también ofrece mejores posibilidades a personas con discapacidad que tienen dificultades para llegar al lugar de trabajo. Algunos empleadores completamente virtuales contratan personal a distancia sin haberlo visto, reduciendo la eventual discriminación.
Permite enriquecer la reserva de talentos a disposición de los empleadores.
Los horarios de trabajo deben ser programados en base a las necesidades de la familia. También es necesario disponer de políticas en materia de permisos flexibles y bien remunerados, así como servicios sociales accesibles y de calidad, tanto para las mujeres como para los hombres. Pero con la cantidad de innovación tecnológica que disponen las empresas, como videoconferencias, mensajería instantánea, correo electrónico y hasta el tradicional teléfono, así como el contacto directo ocasional y los sistemas de evaluación basados en el rendimiento, el teletrabajo ofrece argumentos muy convincentes.
Por todo esto, pero sobre todo porque se presenta como una alternativa viable ante la crisis sanitaria, es que empleadores, trabajadores y Estados deben tomar medidas para impulsar el teletrabajo en esta época de incertidumbre.
* El autor es abogado laboralista.