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El 2020 no terminó

Por Paulo Falcon (*)

Publicado en perfil.com 

Mientras todo el mundo festeja que el 2020 quedó atrás, los educadores, que nos manejamos con el calendario regular que va de marzo a marzo, estamos iniciando la última parte del ciclo lectivo 2020. Sí, para nosotros -mal que nos pese- lo que para muchos es memoria de un pasado difícil, es triste presente, el 2020 no terminó.

Los educadores lo sabemos, pero conviene recordar, que en estos meses siempre debemos retomar las acciones educativas y en especial las evaluaciones de curso, en definitiva, tenemos que ver en qué estado están las instituciones educativas y en particular, ver quiénes aprueban sus asignaturas pendientes, quiénes pasan de curso y terminan niveles para pasar a la Secundaria o Educación Superior, o bien, preparar los dispositivos de ingreso.

El sistema educativo en pleno debería estar preocupado por que las trayectorias estudiantiles sean realmente exitosas y permitan el mejor desarrollo en el nuevo año.

Cada institución sabe qué es lo que ocurrió durante el 2020, si los aprendizajes fueron buenos o no, qué estudiantes se pudieron sostener en la distancia y virtualidad y quiénes no.

Después de un proceso tan caótico como el que vivimos en el 2020, debemos concentrarnos hoy en desplegar estrategias de contención, estímulo y preparación para las evaluaciones, en particular de aquellos que terminan niveles, de modo que puedan seguir progresando.

Los resultados del aprendizaje son en buena medida la prueba de aptitud del sistema. 

Recién cuando inicien los primeros años del Secundario y de la Educación Superior, sabremos en qué condiciones llega el estudiantado.

Preocuparnos por las niñas, niños, adolescentes y jóvenes demanda la comprensión cabal de que estamos ante personas con necesidades de formación, de apoyo. Su desarrollo depende en parte de ellos, pero en gran medida de lo que el sistema educativo, familias y la sociedad en su conjunto puedan ofrecerles en término de libertades, igualdades y solidaridades para su crecimiento como ciudadanas y ciudadanos.

Sin educación, sin comunidad educativa de referencia, la comprensión de sus derechos y responsabilidades es difícil. Las campañas publicitarias no reemplazan al profesorado.

Flaco favor al futuro de estas personas y sus familias le hacemos si hoy todavía no estamos en condiciones de transmitirles un mínimo de previsión en relación a su educación: si vuelven o no a clases, si será gradual o por turnos rotativos, si será parcialmente virtual o parcialmente presencial, etc. Definiciones que los sistemas educativos si realmente quieren iniciar en breve el ciclo lectivo 2021, ya tendrían que tener.

El trabajo de infraestructura y organizativo necesario para poder volver conforme a los protocolos aprobados para las provincias es enorme para la mayoría de las jurisdicciones, y debe ser hecho con tiempo para no llegar a último momento con faltantes que pongan en riesgo a estudiantes, docentes y personal de apoyo.

Gran parte de nuestros problemas se deben a la imprevisión por falta de planificación o por falta de cumplimiento de lo planificado y a la innecesaria postergación de definiciones que, aun correctas, al ser tomadas de modo inoportuno, terminan por inhabilitar las buenas intenciones. No avanzar hoy en esas definiciones educativas solo pone en dudas la real vocación de volver a lo presencial con responsabilidad.

Las comunidades educativas, sus familias y todo lo que requiere la educación precisa de claridad, aun en la incertidumbre de la pandemia. El futuro de los países no encuentra otra actividad más esencial que la educación. La vuelta a lo presencial no puede ser puesta en duda, discutamos los protocolos más adecuados, como ocurrió con otras actividades y en muchos países desde el año pasado, pero no puede haber idas y vueltas en cuanto al valor que docentes y estudiantes se vean la cara y aprendan juntos.

(*) Miembro del Consejo de Gobierno de Unesco-Iesalc.

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