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De técnicas ancestrales a nuevos diseños

Por El Litoral

Domingo, 02 de enero de 2022 a las 02:46

Por Carlos Lezcano y Hada Irastorza
Especial para El Litoral

La soguería criolla, una de las técnicas de la artesanía tradicional más representada en todo el país, se manifiesta de diferentes maneras en cada región, que hunde sus huellas de la vida en la colonia, ya que el ganado llega a América con ella.
La inmensidad territorial produjo abundante ganado vacuno cimarrón que fuera luego explotado de manera sistemática a través de permisos para los llamados accioneros; a través de las vaquerías y en otros a través de la ganadería de rodeos. El cuero producido por este ganado se convirtió en el principal producto de exportación en el Río de la Plata, lo que llevó a que algunos historiadores denominaran a esta época, la “edad del cuero”.
Esta forma de actividades de caza de ganado, faena y posterior venta pasará a ser hecha por accioneros a estancieros. Es decir que el trabajo nómada en un momento de la historia se queda, se detiene. El accionero se convierte al afincarse en estanciero, es decir alguien que se detiene.
La abundancia del mismo y el relativo fácil acceso a este material para los pueblos originarios y gauchos lo convierte en un material utilizado para generar soluciones prácticas a la vida cotidiana como cintos anchos, que sostendrán prendas y servirán también como defensa; botones, arreos, mobiliario y hasta en la arquitectura para amarre de tacuaras, puertas y hasta techos.  En este ámbito nace la figura del soguero, un artesano que trabaja el cuero crudo.
No resulta difícil imaginar la rueda de los paisanos los días de lluvia en la matera con cuchillo filoso trabajando el cuero. Así mirando, compartiendo y también haciendo alarde de habilidades este oficio se fue transmitiendo de manera empírica.
Como en la mayoría de las técnicas de la artesanía tradicional, el artesano se sirve de unas pocas herramientas manuales que en muchos casos están hechas por él mismo. Un cuchillo de afiladísima hoja, alguna lezna, un mazo son de los pocos elementos que se necesitan, luego viene la habilidad, el pulso y el tiempo.
La tarea comienza al elegir el cuero, estaquearlo, cortar las lonjas,  sacar el pelo o no y es dable de destacar lo más dificultoso de entonces: sobar el cuero, es decir ablandarlo ya que no se trataba de curtirlo (ablandado pero no por métodos químicos) sino de lograr por métodos mecánicos o físicos la consistencia y resistencia requerida, labor que consistía en golpear y torcer el material.
Volviendo a los mil usos dados a este material cabe señalar su uso en medios de transporte como los toldos de carretas o bien las “pelotas”, muy usadas en Corrientes para cruzar alguno de sus tantos ríos o arroyos o como carretilla tirada por un caballo para acarrear tierra u otros elementos asociadas a la labranza. En este sentido el Museo de Concepción exhibe dentro de su patrimonio un ejemplar de estas rústicas embarcaciones usadas en esa zona de esteros en el corazón de Corrientes.
Agostina Branchi, una correntina que en la actualidad ha ganado mercados internacionales con sus sofisticados objetos, tomando ese antiguo y noble oficio de nuestros sogueros como punto de partida de sus diseños contemporáneos.
Los objetos que trabaja Branchi vienen sin duda de nuestras más hondas tradiciones pero toman del diseño contemporáneo otras formas, otros caminos y claro, otros destinos.
Hay diferencias obvias y visibles en el trabajo de la creadora aunque no se puede afirmar que haya ruptura sino continuidades del oficio con tramas creadas de otro modo.
Por ejemplo, las sogas tradicionales no son tan gruesas pero en el diseño contemporáneo se vuelven más consistentes, con más volumen para estilizar más allá de la función, adquieren otros colores y otras materialidades. El diseño actual por lo tanto permite nudos puramente ornamentales ofreciendo oportunidades de atraer nuevos públicos.
La diseñadora crea a partir de un vínculo con los sogueros tradicionales y valora lo que se produce en el encuentro, en los intercambios de conocimiento; esto le permite saber cómo son los procesos del oficio y tener fundamentos para su propuesta.
La preparación del material vacuno, y ese lento camino que culmina con las trenzas y nudos son algunos pasos que necesariamente hay que conocer.
Los diseñadores actuales se enfrentan con la posibilidad de trabajar con materiales naturales y nobles como el cuero, tienen acceso a otros industrializados, pero con cualidades prácticas y plásticas y a partir del conocimiento y experiencia aportados por los maestros artesanos, crear nuevas propuestas estéticas y funcionales.
Cuando este vínculo esta visibilizado y jerarquizado se logran productos con valor diferencial que abre la puerta a un mercado de objetos de “lujo sostenible” donde tanto las horas de diseño y de trabajo del artesano están contempladas.
Históricamente los artesanos eran seres anónimos, se valoraba la pieza, pero no el autor cuyos nombres se perdían en el tiempo. Hoy poco a poco esto se va revirtiendo y empieza a vislumbrarse una posibilidad donde el saber hacer y el buen diseño vayan de la mano.

—¿Qué es Agostina Branchi Studio? 
—Es un universo creativo, donde reina el estudio tanto de las diversas materias primas autóctonas como del patrimonio e identidad cultural latinoamericano, de esas técnicas ancestrales, que algunas están en el olvido y otras que son aplicadas a piezas donde no logran lucirse. ABS es un espacio de unión de artesanos y de diferentes tipologías, donde mezclan técnicas, sobre dimensionándolas, donde se fusiona lo industrial y el arte, buscando lograr que cada pieza sea única, con una historia detrás, y la más complaciente finalidad de ayudar a comunidades. 
—¿El eje es el diseño?
—Siempre, el diseño manda, es el hilo conductor de cada pieza.
—Que sea algo original.
—Exacto, algo único. Estamos tan contaminados de imágenes que nos bombardean las redes constantemente, es muy difícil abstraerse para lograr una pieza original. Es un tremendo trabajo, pero cuando sale, cuánta satisfacción genera.
Los productos como las sillas que son muy trabajadas, también como las obras de artes, van con certificado de autenticidad, que conste que es una pieza única, que es trabajada por tantas manos , y como la cantidad de horas para llevar a cabo ese producto.
—¿Qué piezas trabajás por ejemplo? Hay mucho trabajo de soguería ahora, ¿no? 
—Sí, soguería criolla, las implemente en un principio en las hamacas, comencé diseñandolas  porque estudié que el mercado había un nicho vacío en ese entonces. En el mundo no existía, no estaba bien plasmado o bien ocupado el ítem hamaca y por eso realizarlo fue bastante estratégico. Después cuando comencé a hacerlas y probarlas, pensé que aparte de brindar el producto, también estaba regalando algo emotivo. El adulto puede volver a parte de su  niñez, el hamacarse, el sentir esa sensación de libertad es hermoso, una experiencia. Allí  fui tomando conciencia de eso, de hecho tengo una colección de más de siete diseños de hamacas.  Todo ese proceso fueron dos o tres años de bastante inmersión en ese ítem que después me costó salir. Entonces fueron primero las hamacas y después las sillas... 
—¿Qué material usás para las hamacas? 
—Comencé con madera y fieltro amasado para luego ser trenzado. Fue la primera que llevé a Milán; luego metiéndome mas en ella investigación de soguería criolla, desarrolle un maxitrenzado con cordoné de polipropileno, presentándola en Nueva York y luego para lograr una mayor conexión con mis origen correntino, junto a artesanos desarrollamos la China y Gaucha, completamente realizada en cuero, también presentadas en Wanted Design NY, con un feedback excelente del curadores y el público.
—El cuero,  además de tener cierta fortaleza es dúctil, ¿no?
—Totalmente dúctil y noble. Me conecta mucho con mis raíces realmente, tiene muchos sentimientos más allá del material en sí.
—Pensaba qué increíble ese hallazgo de la hamaca que es un instrumento tan atávico, tan antiguo y tan universal. Con sus particularidades, nosotros en el litoral tenemos las nuestras.  Eso llamó la atención.
—Totalmente y quise erradicar la idea que solo sea para usarla en un patio o galería. La idea es   introducir la hamaca puede brindar como una forma distinta de asiento de interior inclusive.   Cambiar un poquito la cabeza del consumidor, o del usuario, en el sentido de que la hamaca ofrece otras posibilidades. No solamente es una cuestión de los niños que se pueden hamacar, sino que los adultos podemos generar un vínculo emotivo con nuestra niñez y relajarnos, y jugar un poco más que no sólo sea tan estructurado la silla.
—Y después de eso, hay mucha soguería en tu trabajo. Contame cómo fue el descubrimiento de este mundo.
—Siempre me pasa lo mismo, cuando tengo en mente un material a trabajar, simplemente sucede algo energético me hace llegar a cruzarme con la persona precisa y el momento adecuado. 
Cuando se produce ese encuentro, el acercamiento consiste en el diálogo con el artesano, en el entender las técnicas, el material, inclusive pido más allá de ver como trabajan que me enseñen lo básico, para poder estudiarlo y ver sus posibilidades, para luego poder diseñar.
Tengo que recibirlo, trabajarlo de un modo, y luego de los primeros pasos de soguería, tomar distancia para decir “bueno, esto puedo lograr”, y después una charla muy amplia y extensa con los sogueros porque son bastante cerrados.  Les digo “y si cambiamos las dimensiones, y si damos vuelta la textura y usamos no la parte visible del cuero sino la carne”.
Muchos me dicen: “Si otro soguero ve mi trabajo y sabe que fui yo, va a decir que mi trabajo está mal hecho”. 
Es como una larga conversa para convencerlos “lo vemos y después si queda mal no va”, pero como la oportunidad ahí es como abrir un poco la cabeza de ciertas personas como para que se animen.
—¿Qué tipo de pieza se hace con la soguería?
—La primera que hice fue con cordón de polipropileno una macro trenza, la sobredimensiona lo necesario para llegar a las medidas del diseño, basándome en un libro de soguería criolla que me regalaron en el campo de Córdoba.
Luego fui metiéndome más en el tema e indagar, investigar, charlando con los artesanos, probando.
Con eso arranqué, y después fui a trabajar a Italia. Hablando con el dueño de esa empresa me dice “cuál es tu techo, porque la hamaca va caerse, tenés límites, no todo el mundo puede colgar hamacas en su casa”. Yo estaba bastante sumergida en el mundo, tenía mucho que explorar y la gente aceptaba mucho ese ítems. Así que volví en pleno avión diseñando una silla y llegué y dije esta silla tiene que tener algo de soguería, tiene que ser una pieza de arte. Entonces, fue así como hice todo el respaldo de una silla trenzada con -no sé- 400 metros de cuero me acuerdo, cortada a cuchillo y demás, con el soguero, que esa pieza como ya tenía la fecha de presentar Nueva York, eso era en enero, en marzo tenía que presentar en Nueva York una pieza sí o sí. Ya había ganado un espacio, entonces dije “este es el momento”, así que aceleré todo, me vine y me instalé un mes en Corrientes, ahí resultó la silla que realmente es una maravilla, un lujo tener esa tradición de la soguería y las manos, realmente es un trabajo muy artístico.
—Esto claramente tiene una fuente, una matriz, que es la artesanía tradicional pero después tiene una terminación que es de diseño ¿no es cierto? ¿Qué significa eso?
—Creo que es darle un guiño de artesano y uno de diseño. Siento que tanto talento de artesanos no puede quedar en piezas básicas y pienso: ¿Por qué no mostrarle a todo el mundo, lo que hacen estás manos y elevar con diseño, con un maximalismo único? 
—A ese nivel de diseño, obviamente, se habla de cierto volumen de ventas. ¿Cómo es ese trabajo? ¿Quiénes son los públicos?, para llamarlo de algún modo.
—Hay cierto volumen de venta, son productos muy exclusivos. La mayoría de mis clientes se encuentran en el exterior, pero también de a poco va creciendo la venta en mi país. 
—¿Dónde vivís ahora Agostina y qué hacés ahí?
—Ahora estoy viviendo en Santiago de Chile. Me considero bastante nómade, generalmente me instalo un tiempo en Corrientes, otro en Italia, o en España, donde la vida, el amor y el trabajo  me lleve. 
—¿Tenés un estudio allí?
—Siempre digo que mi estudio/taller es donde estoy.
—Es muy buena la definición. Y contame…
Nómade.
—Pero todo tiene la inspiración de este lugar, ¿de Corrientes? De esta región…
—Corrientes, exactamente. También me inspiro en la arquitectura, en la naturaleza, y siempre donde esté, busco, investigo, estudio la cultura para poder crear.
—Uno hace lo que hace, pero vuelve aquí.
—Hace 14 años que no vivo en Corrientes, y cada vez que vuelvo lo disfruto, aprecio y valoro más. La paciencia y el amor con que trabajan los artesanos, el atardecer correntino, aquí hay mucha inspiración.. 
—¿La referencia sigue siendo el campo también? 
—Sí, por supuesto. Todo lo que son nuestros orígenes, ya en la rutina de cuando uno camina por la Costanera y ve los artesanos, los paisajes, el olor a campo, recorrer los caminos de tierra, las arboledas, la humedad, todo, creo que tiene su encanto y todo inspira.
—¿Cómo creés que influyó tu estudio arquitectura en esto que hacés ahora?
—Me ha aportado muchísimo, desde las estructuras, las proporciones, la escala, las dimensiones, la escala humana; creo que es una buena base y, estoy muy satisfecha con la formación que tuve en la Unne. 
Si puedo remarcar que más allá de la facultad, me estoy dando cuenta que mi abuela tuvo muchísimo poder en inspiración y en decirme, en enseñarme con mucho amor, sin decirme nada mostrarme el alma tiene que tener cada producto, el olor, el sentido de amor y corazón ¿no? de que cada producto te tiene que contener para hacer algo, que se eleven no.
Hay muchos ingredientes más allá de la facultad, los artesanos, mi abuela… creo que son varias conexiones que generan que el trabajo que realizo.

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