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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Diplomacia, materia pendiente

Las improcedentes declaraciones del embajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja, al calificar de “provocación” para ese país la visita de la parlamentaria norteamericana Nancy Pelosi a Taiwán, son otra muestra más de las barbaridades que en materia diplomática sigue apuntándose la Argentina.

No es la primera vez que un embajador de nuestro país comete semejante disparate entrometiéndose en los asuntos internos de otra nación. Tampoco lo es que el Gobierno haya tenido que “disimular” ante los ojos del mundo que contamos con embajadores que dicen lo que se les cruza por la cabeza, sin el menor respeto por las relaciones internacionales y los protocolos que las rigen.

Ante el pésimo impacto que provocaron los dichos de Vaca Narvaja, fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores local aseguraron que el país reivindica el principio de “una sola China”, esgrimido por el embajador en defensa de la posición de Pekín, pero que no suscribe los ataques a Pelosi. ¿Cómo podría rubricarse tamaño atropello?

Como bien ha dicho el exsecretario de Relaciones Exteriores de la Nación y exembajador ante las Naciones Unidas, Fernando Petrella, “el léxico y las palabras entre los países son muy importantes”. Se trata de una verdad de Perogrullo que, a la luz de los hechos, parece desconocer tanto Vaca Narvaja como, en su momento, lo ha hecho el embajador argentino ante la OEA, Carlos Raimundi, al sostener públicamente que la Argentina “no hace una lectura ideológica de los derechos humanos”, en referencia a las aberraciones que ocurren en Venezuela. Si bien Raimundi intentó posteriormente suavizar esos dichos, ya era tarde para reparar el daño de habernos dejado en ridículo en el concierto de naciones que ejercitan y protegen sus democracias.

Vaca Narvaja fue designado en 2021 como representante especial para la promoción comercial e inversiones, con la categoría de embajador extraordinario y plenipotenciario. “Simplemente, fue una cuestión de, si me permiten, pragmatismo militante; era mucho más fácil hablar con Sabino y decirle ‘arreglame esto’. Muchos problemas que tuvimos con China me los resolvió de un modo maravilloso”, había dicho por entonces Alberto Fernández. Poco se puede agregar a tal definición en la que se antepone la militancia a la sólida preparación que reciben los numerosos embajadores de carrera que no pueden menos que horrorizarse ante este tipo de banalizaciones.

Con anterioridad, Vaca Narvaja había opinado que China sería en pocos años “el principal socio comercial” de la Argentina mientras nuestro país llevaba adelante arduas negociaciones con el FMI para no caer en un nuevo default. No puede alegar nuestra Cancillería que la sorprende cada nueva y polémica declaración de quienes están usufructuando representaciones que les quedan demasiado holgadas. Tampoco, naturalizar y dejar pasar sin más que esos funcionarios se expresen a título personal y no en representación del país.

Verse obligada a “interpretar” públicamente a los embajadores cada vez que dan pasos en falso habla más mal que bien de nuestra Cancillería. Debemos exigir a nuestras autoridades que hagan primar el profesionalismo por sobre la improvisación.

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