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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Sigue faltando un plan

El clima festivo que rodeó la asunción de Sergio Massa como ministro de Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura contrastó con la triste situación que vive la inmensa mayoría de los argentinos, en un país que una vez más puede quedar al borde del default y que sufre una inflación que carcome los bolsillos de la población y, de manera especial, de los sectores más empobrecidos, incluidos los jubilados.

Resultó insólito ver la platea del Museo del Bicentenario de la Casa Rosada desbordada de empresarios, sindicalistas y militantes entre los aproximadamente 700 asistentes a la ceremonia. Tantas presencias de hombres de empresa y de dirigentes gremiales nos conducen a sospechar si no estaremos ante una nueva fase del capitalismo de amigos, tan consustanciado con el kirchnerismo tiempo atrás, en el cual los emprendedores verdaderos son reemplazados por los cortesanos del poder. No menos llamativos resultaron los cánticos de un grupo de militantes massistas.

No hay nada para festejar en la Argentina de hoy, que vuelve a sucumbir con niveles de riesgo país que no se veían desde la crisis de 2001 y con índices de inflación mensual sin precedente desde 1991.

Tampoco hay motivos para celebrar la llegada, junto al flamante ministro, de un equipo económico que, salvo excepciones como las de Raúl Rigo y Daniel Marx, difícilmente pueda estar por encima de la mediocridad. Tal vez habría que pensar en la designación de un viceministro de la cartera con mayor solvencia y experiencia en materia económica.

Nada hay que festejar incluso después de escuchar los primeros anuncios. Por ahora, solo asistimos a expresiones voluntaristas, combinadas con medidas aisladas que resultan insuficientes —y en buena medida insignificantes— frente a los graves problemas que experimenta el país. No por nada, las opiniones de los especialistas desde Wall Street consideraron que el primer mensaje del nuevo titular del Ministerio de Economía fue otra oportunidad perdida.

Puede destacarse como positivo que Massa haya ratificado su voluntad de mantener la meta de déficit fiscal del 2,5 % del PBI, que el Gobierno argentino se comprometió a concretar en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, hay serias dudas acerca de cómo se alcanzará. Es difícil creer que con la confirmación del plan de aumento y segmentación de tarifas se logrará el ahorro suficiente por la vía de menores subsidios energéticos. Es que, con la estampida inflacionaria de los últimos meses, ninguno de los incrementos previstos en las tarifas parece suficiente para achicar los subsidios en la medida necesaria.

La confirmación por Massa del anuncio de su antecesora, Silvina Batakis, sobre el congelamiento de vacantes en el sector público nacional también es positiva, pero suena a chiste luego de que, en las últimas semanas, se incorporaran a la planta permanente de distintas áreas estatales miles de empleados. También choca con la reciente decisión, en la que intervino el propio Massa como entonces presidente de la Cámara de Diputados, de elevar en un 69 % los sueldos del personal del Congreso. Otra burla a la ciudadanía.

El anuncio de que el Tesoro nacional dejará de requerir más adelantos transitorios del Banco Central (Bcra) resulta básico, teniendo en cuenta que, a lo largo de 2022, ya prácticamente se había llegado al límite de asistencia acordado con el FMI. Incluso, habrá que ver si esta decisión no es burlada con distintos artilugios para que el Estado siga obteniendo esa ayuda de la entidad monetaria.

La grave crisis que vivimos los argentinos no se resolverá con más parches ni con más cargas sobre el sector privado. Nuestra economía exige un plan integral y coherente que contemple medidas fiscales, monetarias, cambiarias, laborales, previsionales, de disminución del gasto público —en particular, el político— y de aliento a la producción, que se ejecuten en forma coordinada y simultánea.

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