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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Sindicalismo que paraliza y atrasa

Varios acontecimientos de suma gravedad ponen de manifiesto, una vez más, que la ciudadanía se ha convertido en rehén de algunos sindicatos, sin que el Gobierno ejerza eficazmente el poder de policía que tiene delegado a través del Ministerio de Trabajo.

El último, pero no único de los conflictos que se vienen registrando a ritmo acelerado, ha adquirido una proporción impensada y habla a las claras del fracaso de la intermediación oficial y del avance desproporcionado y nocivo de gremios que solo parecen haber sido creados para provocar conflictos, ya que ni siquiera se puede decir que defiendan eficientemente los intereses de sus representados. Las diferencias que mantienen los fabricantes de neumáticos y el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (Sutna) cruzaron recientemente un límite cuando el gremio tomó una oficina de la cartera de Trabajo, seguido de un acampe en la sede oficial, en la Capital.

De forma simultánea, los gremialistas lanzaron un paro hasta nuevo aviso en las tres fábricas de neumáticos del país, con bloqueos en los portones de acceso en reclamo de una recomposición salarial y de aumentos por las horas trabajadas durante los fines de semana. Las consecuencias no se hicieron esperar. La multinacional Bridgestone, de capitales japoneses, anunció que suspende temporalmente todas sus operaciones en la Argentina. Lo mismo hizo Pirelli al paralizar su actividad por falta de insumos, ya que el bloqueo impide el ingreso del camión con nitrógeno, suministro clave para la producción de neumáticos. Y se sumó Fate.

Esta parálisis en la producción de neumáticos podría derivar en breve en un parate de la producción de automóviles, especialmente en las empresas fabricantes de pickups, que son las que utilizan los neumáticos fabricados localmente. Fuentes del sector automotor hablan de una “tormenta perfecta”, ya que este nuevo conflicto se suma a las dificultades para importar y la escasez global de semiconductores, piezas claves para las computadoras y las conexiones del tablero de los vehículos.

Otro de los conflictos tuvo como protagonista a la Fragata Libertad, emblema nacional que, como consecuencia de un paro gremial sorpresivo, quedó varada a la altura de la ciudad de La Plata durante casi toda una jornada. La llegada fue posible luego de que el Gobierno dictó la conciliación obligatoria y el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (Somu) levantó temporalmente el paro de remolcadores. Un nuevo papelón que usa de rehén a este indiscutido símbolo nacional.

En otro caso escandaloso, al menos seis trabajadores, entre ellos una mujer, fueron heridos durante una violenta agresión cometida por cerca de 30 hombres identificados como integrantes del gremio de camioneros. El hecho ocurrió en la empresa de transporte Milo Logística, en Avellaneda, al abrirse el portón de ingreso y entrar el dueño, quien fue groseramente agredido por los inadaptados que lo esperaban para atacarlo, al igual que lo hicieron con el personal de seguridad y otros empleados.

A ese brutal proceder hay que sumar la impotencia padecida ayer por miles de personas que se vieron imposibilitadas de circular por parte de la Capital como consecuencia de varias marchas, entre ellas, la de organizaciones de la denominada Unidad Piquetera, que decidió acampar en la vía pública hasta tanto no recibiera del gobierno nacional respuesta a sus reclamos. Y, también, la de numerosos pasajeros de vuelos de cabotaje a los que se les cancelaron o reprogramaron viajes a raíz del paro nacional decidido por la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) en reclamo de paritarias por encima de la inflación. En este ámbito, la adhesión de la Administración Nacional de Aviación Civil (Anac) provocó que los despegues se vieran afectados porque los paros restan personal para asistir en caso de incendio en los aeropuertos.

Está demostrado que a buena parte del gremialismo poco le importa que el ejercicio de sus derechos conculque los del resto de los ciudadanos. Si a ello se suma la carga extorsiva e ideológica que muchos les imprimen a sus demandas —hasta hubo denuncias referidas a que sectores del kirchnerismo alentaron y coordinaron las últimas tomas de escuelas en la ciudad de Buenos Aires— queda claro cuál es el fin último de estas rémoras gremiales, líderes de la obstrucción y del destrato hacia quienes, en iguales o peores condiciones, se esfuerzan cada día para seguir adelante sin agredir a los demás.

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