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Asado e historia en La Raquel

A menos de 200 km de Caba está el “castillito de Guerrero”. Allí diferentes asadores preparan sus especialidades al carbón o a leña. Después del almuerzo hay una recorrida por el nutrido parque y el relato de la historia de la familia Guerrero contado por uno de sus integrantes. 

Manuel Guerrero, hermano de Felicitas, poseía 40.000 hectáreas, afectadas a la producción desde 1888. Precursor de la lechería en la Cuenca del Salado, con técnicas de avanzada, despachaba por tren a Buenos Aires unos 18.000 litros diarios desde la Estación Guerrero.

En la estancia ha quedado el reflejo de una familia que con gran dedicación contribuyó al crecimiento del país. A Manuel Guerrero le sucede su hija Valeria quien, junto con su marido Juan Pablo Russo, deciden formar una Fundación a fines de preservar el lugar y mantener viva esa voluntad precursora de contribuir al desarrollo.

En la estancia La Raquel tiene un ambiente familiar. Es un hermoso castillo que se ve en la Autovía 2 al cruzar el río Salado por dos pasillos estratégicamente pensados siempre tienta a hacerle una visita, conocer su historia y disfrutar de su presente. Pensando en estas cosas es que los actuales representantes de la Fundación Russo Guerrero, Cecilia Guerrero y Juan Pablo Russo, organizan un Día de Campo los domingos que vale la pena disfrutar.

Cada fin de semana convocan a un especialista diferente para que, en el hermoso parque del predio, preparen a la vista de todas sus especialidades cárnicas, así como verduras y ensaladas de autor. El postre siempre es el de la casa: flan casero con dulce de leche y crema. Pero antes hubo empanadas fritas, choripán, mollejas y provoleta, una colaboración entre el asador de ese día, Luciano Hernández de Quebracho & Hierro, y el personal habitual de La Raquel. Una tradición flamante: comenzó en diciembre pasado.  

Cabe destacar que la Fundación Manuel Guerrero, Juan Pablo Russo y Valeria Guerrero Cárdenas de Russo es una Institución sin fines de lucro comprometida con el desarrollo de la cultura, las actividades solidarias y la producción agrícola sostenible. 

Los ingresos que se generan por las actividades y eventos sociales que se hacen en la estancia le permiten afrontar esos objetivos y las obras de conservación de su casco histórico. Y justamente eso es lo que están haciendo: restaurando el “castillito de Guerrero” desde hace siete años, para que sea habitable y pronto sumar los encantadores dormís que están a un costado del edificio principal, para volver a ofrecer el servicio de pernocte. 

Mientras tanto, todo lo que se hace es al aire libre, tanto el almuerzo y la merienda como las charlas históricas y botánicas que completan la tarde. No se puede entrar al casco ubicado en el Km. 168 de la Ruta 2 y el río Salado (Estación Guerrero) porque todavía está en proceso de reparación.

Como los grandes anfitriones que son Cecilia y Juan Pablo organizan junto a sus hijos una jornada ideal: ponen las mesas debajo de los árboles con la casona y el río como fondo. A partir de las 11.30, cuando se abre la tranquera, la gente va llegando de a poco en su propio vehículo, que quedará a la sombra de añosos árboles. Quizás los mismos que también le brindaron su sombra a Martín de Alzaga y a su esposa, Felicitas Guerrero. La estancia formaba parte de la cuantiosa herencia que recibió la joven viuda y que comprendía muchas localidades de la costa de hoy.

Pero si bien la vecina estancia La Postrera fue una de las sedes que Felicitas usaba en su tiempo (y que fue el motivo por el que conoció a su gran amor Samuel Sáenz Valiente) el edificio de La Raquel es posterior a la muerte de la vecina más ilustre de Barracas: cuando Manuel Guerrero (hermano de Felicitas) hereda estas tierras, decide hacer una edificación sobre un antiguo puesto de carretas y le pone ese nombre en homenaje a su esposa. Así nació el castillito, en 1894, con un parque diseñador por Frederic Forkel (discípulo de Thays), quien pensó estratégicamente esos cinco caminos que desembocan en la casa para favorecer su aireación. Puso plantas de todo el mundo y hasta les dijo dónde debían ubicar una pileta o un estanque con el secreto interés de que reflejara la casa tal como se ve hoy.

En su Estancia, ubicada en el Km. 168 de la Ruta 2 y el Río Salado (Estación Guerrero), se realizan eventos sociales y empresariales. Los ingresos que se generan le permiten afrontar con mayor solidez los objetivos fundacionales y las obras de conservación de su casco histórico.

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