Parece que el próximo turno electoral podría, al fin, refrescar la muy desgastada conexión electoral entre la ciudadanía y su dirigencia.
¿Pero a qué costo? El próximo gobierno nacional tendrá que correr con desventajas que lo obligarán a imprimir un ritmo sin dudas indeseado con ciertas medidas y otra velocidad menor para otras decisiones.
Esto es así, ya que por la polarización observada, es claro que la disputa legislativa repartirá bancas de modo que ninguna fuerza incline de forma certera la conformación de una mayoría.Pero principalmente por los condicionamientos que acarreará la economía.Las crisis de deuda y de reservas, la inflación, la disparidad en los tipos de cambios, entre otros males de la economía a corto y mediano plazo, le pondrán su temperamento a la gestión que viene.
Sin embargo la esperanza de reconectar administradores con electorado tiene otra oportunidad a partir de agosto con las elecciones primarias.
“En la recta final hacia la definición de alianzas y candidaturas, se empiezan lentamente a despejar algunas de las incógnitas del laberíntico paisaje electoral argentino. En las últimas semanas, el expresidente Mauricio Macri anunció que no será parte de la primaria de Juntos por el Cambio. Como en un juego de espejos entre las figuras clave de los principales espacios políticos, Cristina Fernández también había desistido de ser parte del elenco electoral del Frente de Todos”, se animó a decir ayer el director de la carrera de ciencia política, Universidad Torcuato Di Tella, Juan Negri en un artículo de opinión publicado por Clarín.
Vale la pena conocer sus argumentos.
“Este doble renunciamiento es muy significativo. Tanto Macri como Fernández, aunque pareciera que forzados por circunstancias fuera de su control, liberan el terreno para permitir figuras renovadas al interior de sus partidos.
Ambos líderes cumplían un rol idéntico en sus respectivas coaliciones: figuras clave por su trayectoria y experiencia política, eran poseedores de significativos apoyos que les permitían ser competitivos en una interna pero impopulares en el gran electorado general de una eventual segunda vuelta.
Adicionalmente, a ambos aún les cuesta enfrentarse al hecho de que su estrella política no es la de antaño. Así, en su intento de mantener protagonismo, bloqueaban la posibilidad de sus partidos de plantear estrategias a futuro con una segunda generación de liderazgos.
Esta renovación que parece llegar podría, al fin, refrescar a su vez la muy desgastada conexión electoral entre la ciudadanía y su dirigencia. Hoy esa conexión atraviesa un mínimo histórico.
En este sentido, Juntos por el Cambio parece correr con ventaja. El proceso de construcción del espacio de centroderecha permitió la aparición de liderazgos alternativos a los del fundador. Así, hoy la oposición cuenta un puñado de candidatos que resultan más competitivos que el propio Macri: al alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta se le suma la ascendente Patricia Bullrich, con más nombres que aparecen en segunda fila.
Pareciera que el ocaso electoral del expresidente no afecta la existencia de Juntos, a pesar de que el primero se reserve poder de influencia en la oferta electoral. En la otra vereda, por el contrario, el proceso de institucionalización del peronismo es menos completo: a pesar de autodefinirse como el mejor intérprete de la voluntad de los débiles, paradójicamente, el kirchnerismo carece de candidatos capaces de perpetuar el legado de Néstor y Cristina por fuera del matrimonio.
La voluntad (y los vetos) de la vicepresidenta siguen siendo claves. El peronismo, a su vez, quedó atrapado en la disfuncionalidad que supone seguir atado al menguante liderazgo kirchnerista y hasta hoy fue incapaz de llevar adelante estrategias competitivas que superen el progresivo deterioro de la figura de Cristina. El summum de esta disfuncionalidad es el gobierno de Alberto Fernández: un experimento de gobierno que supuso un peronismo unificado del cual el kirchnerismo fue el enemigo más cruel y el que más colaboró para que hoy el sello del Frente de Todos camine hacia la elección con serias posibilidades de terminar tercero.
La mencionada posibilidad de que exista una renovación en ambos espacios es particularmente clave en un contexto profundo de deslegitimación del sistema político como el que estamos viviendo. Como es de esperar, la aparición de candidatos antisistema es sintomática de la incapacidad de la dirigencia política de enderezar el declive argentino. Pero mas allá de sus causas, lo sensible son las consecuencias”.