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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Internet se ha convertido en un derecho fundamental

Por Hernán Martini*

Publicado en Perfil

Nos encontramos ante una herramienta omnipresente que impide repensar la prehistoria antes de su surgimiento por el cambio radical que generó en nuestras vidas. Pero, más allá de simplemente reconocer su influencia, es un momento propicio para interrogarnos sobre Internet.

Durante el 2023, se registró un hito histórico en la era digital: el número de usuarios de Internet en el mundo alcanzó la cifra de 5160 millones de personas, representando al 64,4% de la población global. Sin embargo, no es un crecimiento homogéneo. Si bien existen regiones donde la población está casi completamente conectada, en otras la penetración de internet es aún incipiente.

Las disparidades presentes aún dentro de un mismo país, profundizan las diferencias socioeconómicas. Pero la brecha digital no se limita a una simple conexión a la red, implica la capacidad de utilizar eficazmente las herramientas digitales y el acceso a contenido de calidad. 

La falta de educación digital puede dejar a las personas en desventaja, aunque estén físicamente conectadas. Falta un enfoque inclusivo y equitativo que garantice las mismas oportunidades de participar en la era digital.

Internet se ha convertido en un espacio donde se puede hacer casi de todo. Pero este "todo" no implica que las actividades en línea sean idénticas a las presenciales, se trata de una transformación en las formas de interacción. Esto no es intrínsecamente bueno o malo, pero sí cambia la manera en que se establecen los vínculos, esto es, aquello que nos define como sociedad.

Ante esto, es crucial tomar conciencia sobre cómo queremos establecer y mantener estas relaciones en la era digital.

Además, el acceso a Internet se ha convertido en un derecho fundamental. Su ausencia crea una desigualdad estructural insalvable. Su acceso, o su falta, establecen límites que definen nuestra inclusión o exclusión de la sociedad misma. 

Por lo tanto, garantizar un acceso universal es imperativo para asegurar una sociedad justa y equitativa.

El ciberespacio, con todo su potencial y alcance, está inundado de estímulos que nos distraen de una reflexión crítica, y que a menudo distorsionan nuestra comunicación. Fenómenos como las fake news, se han convertido en una preocupación importante por su capacidad de influir en la opinión pública y distorsionar nuestra percepción de la realidad. El lenguaje es la columna vertebral de nuestra percepción del mundo, y el control de los medios por los que se transmite el lenguaje es, en esencia, un control sobre cómo vemos y entendemos el mundo. 

En la vida digital de hoy, quienes controlan el flujo de información en la red, tienen la capacidad de ampliar, reducir o incluso direccionar a su antojo el flujo de información que moldea la percepción de la realidad. Esta concentración de poder y control en la red plantea importantes cuestiones éticas y prácticas sobre la equidad, la libertad de expresión y la democracia en la era digital.

Reducir la brecha digital es, entonces, un acto esencial de inclusión social. No sólo se trata de cuestiones económicas, de inclusión cultural o acceso a contenidos e información de carácter global. Es una cuestión de equidad, de proporcionar a todos las mismas oportunidades para participar en la configuración de nuestros vínculos sociales futuros. 

Pero mientras  nos aseguramos que el acceso a Internet sea equitativo, no debemos descuidar las tecnologías emergentes que prometen cambiar aún más nuestra relación con el mundo digital.

La Inteligencia Artificial es una revolución que ya está en marcha, que recién empieza pero sus consecuencias ya están operando en nuestros teléfonos, hogares, lugares de trabajo y en la infraestructura que sostiene gran parte de la vida digital. 

Con el potencial de cambiar aún más todos los aspectos de nuestras vidas, desde cómo trabajamos hasta cómo aprendemos. Sin embargo, si miramos hacia el futuro, una nueva carrera tecnológica se está perfilando entre las potencias mundiales: el desarrollo de los ordenadores cuánticos. 

Son máquinas que operan en base a los principios de la física cuántica y prometen una capacidad de procesamiento exponencialmente superior a la de los ordenadores tradicionales y ponen en jaque incluso a la encriptación de cualquier criptomoneda circulante. 

Como todas las revoluciones tecnológicas anteriores, la llegada de la computación cuántica tendrá implicaciones profundas y de largo alcance en nuestra sociedad y el modo en que vivimos. 

Al igual que con Internet, la clave será adelantarnos al debate para que los beneficios de esta nueva era de la tecnología estén al alcance de todos. 

En este nuevo escenario, la brecha digital podría tomar una dimensión aún más profunda y significativa, convirtiendo la inclusión digital en una prioridad urgente y poder discutir sobre internet.

(*) Sociólogo y director del Observatorio de la Cámara Argentina de la Formación Profesional y la Capacitación Laboral.

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