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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

En busca de la mayoría automática

La postulación presidencial inconsulta de Ariel Lijo para la Corte, es una pésima señal para la república. El juez de Comodoro Py es conocido como un hábil tiempista jurisdiccional, que maneja las causas relacionadas con el poder con variable velocidad, de acuerdo al personaje involucrado.

“Milei incurre en un déficit ancestral y recurrente del liberalismo argentino: una hemiplejia economicista que lo vuelve insensible a las condiciones ético-institucionales indispensables para cualquier proceso de reforma”

Carlos Pagni, La Nación

 

Pocas veces, como ahora, la postulación de un nombre para integrar la Corte Suprema de Justicia de la Nación, generó tanto revuelo en el mundillo político y judicial, en sentido contrario a la propuesta.

El presidente Javier Milei, hace pocos días, anunció la remisión de los pliegos de dos abogados para completar la integración cortesana, uno de manera inmediata y el otro a futuro.

En reemplazo de Elena Highton de Nolasco, vacante que tiene más de dos años, se propone al Juez Federal Ariel Lijo. Previendo la futura jubilación del juez Juan Carlos Maqueda en diciembre del corriente año, que se daría por llegar al límite constitucional de los 75 años de edad, de manera anticipada se propone en su reemplazo al catedrático Manuel García Mansilla.

Hasta allí, todo normal, aunque no se observaría el procedimiento público de conocimiento de antecedentes de los postulantes y consulta con “organizaciones de relevancia en el ámbito profesional, judicial, académico, social, político y de derechos humanos”, y una propuesta que refleje “las diversidades de género, especialidad y procedencia regional”(Decreto N° 222/03). 

Las nominaciones, en especial la de Lijo, tomaron de sorpresa a los distintos estamentos. Sabido es la manera heterodoxa en la toma de decisiones del gobierno libertario, una lógica propia, en la que la impredecibilidad suele ser el condimento más repetido.

Sin embargo, de manera sorpresiva, sin que se sepa de manera ostensible los gestores de los nombres propios que se postulan, la Casa Rosada dio la noticia sin anclaje previo en el ministerio del rubro a cargo de Cúneo Libarona. Los hermanos Milei, Javier y Karina, le dieron gas a la propuesta de no se sabe quién o quiénes, aunque se intuye.

García Mansilla es un catedrático con suficiente músculo académico para integrar el alto cuerpo. De él se conoce, además de su trayectoria, su ideología liberal y su posición antiabortista. Se supone que sus decisiones estarían cerca de la ideología del gobierno.

Ariel Lijo, el Juez Federal de Comodoro Py, no parece tener una formación sólida que le alcance para llegar a integrar el máximo tribunal del país.

Es conocido en el mundillo judicial por ser un magistrado “tiempista”, que maneja las causas sensibles al poder con distintas velocidades, algunas con decisiones rápidas, otras que duermen en sus cajones el sueño de los justos. El velocímetro parece estar ajustado a la identidad de los involucrados.

Todos le reconocen su habilidad como tejedor de complejas y variadas relaciones. Su telaraña de amistades y conocidos le permite llegar a todos los estamentos de cualquier origen político. Es amigo de Ricardo Lorenzetti, quién es el único que desentona con los otros tres cortesanos en cuánto al sentido de sus votos.

Casi todos especulan que es el propio Lorenzetti el que convenció a los hermanos Milei acerca de la conveniencia de postular a Lijo, quién por otra parte ha sabido cultivar acercamientos con gobernadores, legisladores y gente influyente de distintas pertenencias partidarias, incluido el kirchnerismo.

Como casi ninguno, el juez Lijo ha sabido reunir el repudio a su postulación de los distintos organismos profesionales, académicos, sociales, precisamente por su maleabilidad jurisdiccional, además de las otras razones.

Nadie duda, inclusive cierto periodismo que podría considerarse cercano a las posiciones oficialistas, que es el peor candidato para ocupar una silla en la Corte.

Es más, se cree, con mucha lógica, que la aprobación senatorial de su pliego sólo puede surgir de un acuerdo con el kirchnerismo, que tiene 33 de los 48 votos que se necesitan para ello. Y si de acordar con el kirchnerismo se trata, el primer compromiso del postulante debe ser con Cristina y sus numerosas causas penales.

A cambio de ello, el gobierno se asegura la conformación de una mayoría automática a futuro, con la incorporación de García Mansilla que, junto a Lorenzetti y Lijo, podrían inclinar el platillo cortesano hacia el lado de la convalidación de las decisiones más polémicas del gobierno libertario.

Al igual que su maestro, Carlos Menem, Javier Milei aspira a una Corte “sicarlista” del siglo XXI, algo así como la consumación jurídica de un “sijavierismo” absolutamente nocivo para una mínima noción de república.

No hay que olvidar que el alto tribunal en tiempos de Carlos Menem, presidido por el riojano Nazareno, supo convalidar todo el proceso de reformas liberales del expresidente, sin que se le conozca fallo alguno que mostrara cierta independencia del poder, sobre todos en los casos sensibles a éste.

Si hay algo que reconocerle a esta Corte, en sus distintas integraciones, sobre todo a partir del segundo mandato de Cristina, el de Macri y el de Alberto, es haber tenido decisiones con claro sentido de independencia, que impidieron excesos en la concentración del poder.

Sólo dos casos bastan para recordar la postura de un poder contra poder, como debe ser el Poder Judicial: la declaración de inconstitucionalidad de la Ley de Medios, que tenía como objeto un periodismo adicto, y la anulación de la Ley de Reforma Judicial, que pretendía la politización de la justicia, incluyéndola en las boletas electorales de los partidos políticos.

En el campamento kirchnerista se observa un silencio sepulcral, algo así como un “no hagan olas” con la postulación de Lijo. Sólo se pudo saber la declaración de José Mayans, presidente del bloque de Unión por la Patria en el Senado: “Lo vamos a estudiar”, una escueta posición que da pie para que todo sea posible.

Al kirchnerismo sólo le interesa librar de la cárcel a Cristina, al gobierno que se convaliden sus reformas. Cuándo se reúnen dos necesitados, pues la necesidad tiene cara de hereje, y cualquier solución puede aparecer que involucre a ambos bandos.

Es más, los libertarios se llenan la boca con el discurso moralista, el destape de curros aparece una y otra vez. Pero, siempre hay un pero, se cuidan muy bien de no apuntar hacia arriba, hacia los verdaderos responsables de la corrupción, se conforman con el discurso y con los “perejiles” que encuentran en el camino.

No son los nombres propios los que más preocupan en la conformación de la Corte, sino la lectura subyacente de los mismos. No hay manera de obtener el acuerdo senatorial sin un acuerdo con Cristina. Y ése acuerdo sólo puede contener dos significantes: impunidad para ella y mayoría automática para el gobierno.

Asimismo, por los distintos temperamentos de Menem y Milei, una Corte “sijavierista” podría ser mucho más perjudicial para la república que el conocido tribunal “sicarlista” de la mayoría automática.

Corte Suprema: alerta amarilla.

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